Cacya vs Zárate : SE BUSCA UN CULPABLE

A finales de marzo de este año, Rosario Ponce y Ciro Castillo, dos estudiantes forestales de la Universidad Agraria de La Molina, atravesaron la inmensidad del Bomboya creyendo que aquella postal de aventura contemplaría un desenlace, si no soñado, esperado por ambos. Sin embargo, al parecer, un error de cálculo los llevó por un camino inexistente hasta la cumbre virgen de un farallón, desde donde se gestaría, acaso la crónica policial más escabrosa y extensa, sujeta a un sinnúmero de hipótesis y especulaciones, la mayoría, apuntando a un crimen y las otras descartándolo.

Por Jhonatan Segura Caballero

Publicado en elbuho.pe en Diciembre del 2011

El fantasma del caso más sonado de desaparición irrumpe en el pesebre y al parecer promete regalo, para cualquiera. Desde el principio, la historia de Ciro Castillo-Rojo y Rosario Ponce concitó la atención de los medios locales y nacionales, pero sobre todo, tentó la cuchara especulativa de una sociedad que siente que el “gato todavía sigue encerrado”  y, ahora, según Rosario Lozada, fiscal designada a esclarecer el caso, se emitirá, en víspera de la noche buena, el que sería el último informe del año sobre los hechos que envuelven la muerte del estudiante. Y la cosa podría ponerse más o menos festiva, pues existe la posibilidad de que Ponce vuelva a Arequipa después del nacimiento del niño Jesús.

El documento que anunció Lozada confirmaría si existió delito o se trata de una dilación previa al inminente archivamiento, pues, tras 2 meses del hallazgo del cadáver del universitario, no se han logrado establecer pruebas incriminatorias, pero tampoco se pudo, hasta el momento, vislumbrar un desenlace, si no feliz, real y suelto de dudas.

La historia, conocida por todos, fue escrita por el pulso silencioso de Rosario Ponce López, por su sonrisa inocente, fácil de temer u odiar, y una actitud procaz que la bañó de adjetivos incriminatorios, convirtiéndola en un foco de culpas por la muerte de su compañero de viaje. Esa misma historia conocida fue contada sólo por ella, pues, el otro protagonista se llevó consigo las líneas que, diferentes o no, hubieran ayudado a revelar la completa verdad sobre el antes y el después de su desaparición, oficializada a través de las llamadas de auxilio que hiciera Ponce.

LA RUTA DEL ZORRO

Si su versión está limpia de incongruencias, luego de tomar un camino de herradura de Madrigal hacia Fortaleza, ambos estudiantes perdieron una carpa y comida, inconveniente nada ligero que sin embargo no les hizo detener la marcha. Incluso cuando el 1 de Abril se dieron cuenta que el mapa que seguían “no se asemejaba a la realidad”. Aun así (sensu strictu) siguieron su propio camino. A decir de experimentados montañistas, se trataba de una ruta inexistente que tan sólo los zorros de la zona abordaban en busca de comida y refugio.

Tres días después de sortear la irregular geografía del Bomboya, ambos se dan cuenta que están perdidos y piden auxilio. Era 4 de Abril por la mañana cuando Rosario Ponce realiza más de una llamada desde su móvil pidiendo ayuda. La primera persona a la que contactaron habría sido Juan Manuel Pichón, amigo de infancia de Ciro quien no contestó el teléfono al instante, por lo que los estudiantes optaron por avisar a Efraín Matos, quien de inmediato dio aviso a la Policía.

En una de sus tantas declaraciones a los medios, la compañera de Ciro dijo que también intentó comunicarse directamente con la Policía, pero nadie contestó. Minutos después Ciro llamó, desde el mismo teléfono, a su madre pero no le dijo que estaba perdido.

Rosario asegura que aquel lunes 4 logró divisar una camioneta blanca de la Policía. Días después, el técnico Jorge Vargas Bueno, quien además participó en su rescate, dijo que el 5 de Abril (9 días antes de ser encontrada) la estudiante lo llamó  por encargo del mayor Robert Grandez para decirle que ya “han quedado en que iba a llamar para que vengan a buscarme y quiero el número del técnico que ha salido a buscarnos”.

Luego de las comunicaciones telefónicas los estudiantes esperaron respuestas desde la zona, hoy denominada “Las Mochilas”, sin embargo nadie lograría llegar hasta la pendiente. Mientras tanto, ya por la tarde, Ciro decidió buscar leña para hacer una fogata que encendería con champán y, “al caer la noche Ciro se sentía decepcionado por no ser rescatado”, dijo Ponce a los medios.

“LUCES DE TAPAY”

La madrugada del día 5, sin haber resuelto volver por el mismo sendero hacia Fortaleza, el estudiante habría pedido a su compañera continuar el camino, quizá buscando una salida a su extravío. A 500 metros de ahí sólo los esperaba una profusa ristra de gargantas de más de mil metros de profundidad que habría sido imposible cruzar. Ponce sostiene hasta hoy que aquel día no podía caminar debido a un fuerte dolor en las piernas, además de un constante sangrado vaginal. Este sería el cisma que acabaría con el accidentado viaje y su relación, dando pie a la más grande controversia sobre una cuestionada desaparición.

A pesar de que los guías de alta montaña coinciden en que desde la zona donde los estudiantes acamparon por última vez, no es posible divisar el pueblo de Tapay, Rosario Ponce persiste en que Ciro “me dijo que iba a subir a ver las luces de Tapay”. Cuando despertó él ya no estaba y aquella realidad se mantuvo tal cual hasta el día 11 de Abril cuando, según su versión, decide abandonar “Las Mochilas” y emprende el viaje de retorno por un camino accidentado que, según Eloy Cacya, rescatista que halló el cuerpo de Ciro, es muy difícil recorrer, y que sólo un montañista experimentado podría atravesar en dos días. El resto es conocido, ingesta obligada de orina, plantas, bichos y agua de lluvia.

Entonces, Ponce tenía consigo el canguro de Ciro, dos celulares, su billetera y la cámara fotográfica. Aproximadamente 48 horas después fue rescatada cerca de la casita Peige y Fortaleza. José Benavente Farfán, uno de los rescatistas, reveló que la joven de 24 años estaba junto a una roca y un cactus, a casi 3 mil metros sobre el nivel del mar. Lo primero que salió de su boca fue desconcertante, la mujer extraviada en el Bomboya preguntó “¿quién ganó las elecciones?”, en seguida, frases sin coherencia sellarían una tortuosa travesía que realizó de vuelta sin su compañero Ciro Castillo Rojo. Era la una de la tarde y todos tenían fe en que el otro aventurero extraviado 9 días atrás correría la misma suerte.

EMPUJÓN AL VACÍO

La historia de Rosario fue secundada por un silencio que la opinión pública interpretó como la mejor arma de un criminal, sumado a eso su actitud indolente y el tiempo que su compañero llevaba desaparecido fue un punto que hizo inverosímil su subsistencia en el Bomboya. Se cargaron las sospechas y la especulación disparó a matar.

Pronto la superviviente del Bomboya se convirtió en asesina según la percepción de la gente y la gran ayuda de los medios. Y la historia retrocedió hasta los primeros días de su travesía. Una de las hipótesis más sonadas apuntaba a que los dos policías que les dieron información de cómo llegar a Fortaleza habrían matado a golpes a Ciro, lo enterraron en la comisaría de Madrigal y luego en el cementerio del pueblo. La fantasía sangrienta fue descartada por el entonces titular del caso, Jan Frank Zegarra, que tuvo que exhumar poco más de 5 tumbas recientes, sin obtener resultados esclarecedores.

La siguiente hipótesis a barajar fue la del empujón que la “ex – sobreviviente” le habría dado a su compañero desde algún punto del valle del Colca. María Teresa Pilco, integrante de Bomberos Unidos Sin Fronteras (BUSF), se encargó de abonar sospechas sobre el supuesto homicidio al decir, y reafirmar, que Ponce le confesó, mientras era rescatada, que Ciro tenía un brazo y una pierna rotos y que ella podía llevarlos hasta donde estaba. La declaración trascendió pero nadie más se atrevió a respaldarla.

Las demás hipótesis incriminatorias también hablaban de entierros en la nieve, ajustes de cuentas, pagos a la tierra, cómplices de Ponce desapareciendo el cuerpo de Ciro, sin embargo, el hallazgo del cuerpo del estudiante a finales de Octubre concentró las expectativas del país, había que plantear una reingeniería de la especulación. Si Ciro había caído por accidente o Rosario lo empujó, o fueron sus cómplices los que dejaron el cuerpo en una cuna de roca a más de 700 metros hacia abajo de la zona de “Las Mochilas”.

ENSAYO Y ERROR

El hallazgo de Ciro abrió un nuevo, y controversial, capítulo en el caso. Para José Baraybar, experto en antropología forense, la caída de Ciro al vacío fue fruto de un desbarrancamiento que ineludiblemente le provocó la muerte por los impactos que sufrió su cuerpo. Otros, no tan ilustres, como el guía local Zacarías Ocsa, están seguros que el cuerpo del estudiante, claramente, fue depositado exactamente donde lo encontraron, lo cual implicaría equipos como los que utilizó el grupo de Soluciones Verticales (quienes finalmente rescataron el cuerpo), además de gente experimentada.

En la recta final de la realización de los exámenes al cuerpo de Ciro, el fiscal de la Nación, José Peláez Bardales soltó una presunción casi comparable con la de Ocsa, pues aseguró que las medias del estudiante tenían huecos, propios de una caminata sin zapatos de aproximadamente 5 días.

Eloy Cacya dijo que todo era raro, no entendía cómo es que los estudiantes pudieron llegar hasta la zona donde finalmente se despidieron. Más extraño le pareció el último paradero de Ciro, pues no pudo explicar cómo es que llegó hasta ahí. Esa respuesta asegura tenerla el otro guía de alta montaña, Miguel Zárate.

“Trató de descender para alcanzar la carretera que logra verse desde Las Mochilas, quería pedir ayuda, así que se deslizó por las rocas, pero, lamentablemente cayó, por eso su cuerpo no estaba destrozado, porque cayó pocos metros”

Cacya llama a Zárate “el abogado de Rosario”, mientras que Zárate asegura que Cacya viene siendo manipulado por el doctor Ciro Castillo Rojo, padre del estudiante, quien mantiene en pie la denuncia por homicidio contra Rosario. Es difícil acelerar conjeturas debido a la complejidad del caso, sin embargo Baraybar explica que las lesiones existentes en el cuerpo de Ciro serían propias de una caída de no más de 30 metros, lo cual, si el cálculo del antropólogo es exacto, los últimos minutos de vida de Ciro Castillo-Rojo habrían estado dedicados a buscar un horizonte, a pesar del riesgo de la muerte.

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Un comentario en “Cacya vs Zárate : SE BUSCA UN CULPABLE

  1. Algunas observaciones:

    Ciro y Rosario no seguían un mapa; a última hora antes de iniciar la aventura, en Madrigal, en la tienda de Grisella Tejada, donde compraron caramelos, chocolates y dos botellas de licor, observaron un folleto turístico con la ruta de la margen izquierda detallada, y algunos detalles de la margen derecha (por donde fueron ellos), como Grisella no les quiso obsequiar el folleto porque era el único que tenía, Rosario le tomó una foto. Observar la foto de ese folleto en su cámara, les sirvió como referencia para su viaje.

    En el relato, las llamadas del 4 de Abril, no están en el orden correcto, primero fueron las llamadas a sus respectivas mamás en la mañana (7:30am), y recién cerca al mediodía empezaron las llamadas pidiendo ayuda, empezando con las no logradas a la policía de montaña y a Juan Manuel Pichón, amigo de Ciro.

    La llamada a Jorge Vargas Bueno, no fue el 5 sino el 4 de Abril.

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