Zacarías Ocsa y el prisionero del Bomboya

Es el único de la expedición que quedó gravitando en las pantallas locales y nacionales. Podría decirse que, a su lado, el debut de Rosario Ponce como modelo, fue un efímero entremés que se escurrió en el inevitable desapercibimiento. Al parecer, Zacarías Ocsa, no quiere dejar el romance con las primeras planas y hace lo posible por perennizarse a fuerza de zafadas revelaciones sobre el caso Ciro. En esta nota, un recuento de sus historias de gritos, sirenas y almas en pena, que ya le ha generado distanciamientos con la comunidad de guías del Colca.

Por Jhonatan Segura Caballero

Publicado en elbuho.pe el 27 de Noviembre del 2011

Dicen los guías de montaña que viene de “más arribita de La Calera”, de un pueblo llamado Canocota y que, recibió buen dinero por “acompañar” las labores de búsqueda de Ciro en el cañón del Colca. Sin embargo, preferimos escuchar una voz autorizada que nos revele, de una vez por todas, quién es este hijo del Bomboya que en los últimos días ha sazonado, más de la cuenta, algunos pasajes que corresponderían a la búsqueda del universitario hallado muerto en el Colca.

Para Eloy Cacya, montañista que encontró a Ciro, Zacarías Ocsa no es sólo su gran amigo, sino también un gran aprovechador, pues desde que conoció al doctor Ciro, la relación entre ambos sufrió una dependencia que permitió niveles insospechados de manipulación. Cacya no sólo revela que Ocsa se convirtió en brazo derecho de Castillo-Rojo, sino que se benefició de los pagos que el doctor hacía, sin realizar aportes relevantes en la búsqueda.

¿Cuál era la función de Ocsa en la expedición?, le preguntamos y Cacya, dice que era la de compañía, llevar chamanes y curanderos, pero sobre todo, la de desviar el curso de la búsqueda. Para muestra una escena. Zacarías Ocsa y un chamán van tras los pasos de Ciro en la zona de Fortaleza. “Está cerca”, dice el guía, luego asegura, entre jadeos, que el universitario pide agua, sin embargo, como ocurrió en todo el proceso de búsqueda, no encuentran nada.

GRITOS DEL ALMA

Un sub oficial de la Unidad de Salvamento de Alta Montaña (USAM –Cusco), de apellido Jibaja, dijo a El Búho que Zacarías Ocsa estuvo “paseando” al doctor Ciro, pues era notorio su desconocimiento en materia de búsqueda y rescate. Jibaja cuenta que el guía estaba abastecido de una botella con agua y una bolsa de dormir, elementos insuficientes para jornadas de ese carácter.

El sub oficial dice que convivió más de 15 días con el díscolo Ocsa, entre el 22 de abril y los primeros días de mayo. Y asegura que los gritos que oyó el guía fueron un invento para atraer las cámaras, adicción que ya había empezado a manifestar cuando pidió leerles las hojas de coca a los padres de Rosario mientras ella aún se hallaba perdida. Como era de esperarse, la lectura divina no dio con el paradero de Ponce.

Esta semana Ocsa aseguró que los mentados gritos lastimeros los oyó en compañía de los policías de la USAM-Cusco. Y a diferencia de lo que sostuvo inicialmente, ahora dice que eran gritos del “almita” de Ciro. Pero Jibaja lo niega y recuerda más: cuando llegaron a la zona de Peige, Zacarías aseguró percibir el olor putrefacto de un cuerpo humano, muy cerca de donde encontraron a Rosario. Al día siguiente tuvo un sueño, y al subsiguiente oyó gritos de auxilio.

LOS CUENTOS DE ZACARÍAS

El último miércoles 23, Zacarías Ocsa apareció en la puerta de la oficina de la fiscal Rosario Lozada. No fue citado, pero se quedó por más de 3 horas, suponemos, dialogando sobre las amenazas de muerte que dice haber recibido el 15 de noviembre, los gritos de Ciro y su experiencia personal en la búsqueda.  Lo extraño es que ese mismo día se hizo presente en la Fiscalía Eloy Cacya, pero fue atendido casi en la puerta y su encuentro con la fiscal no excedió los 10 minutos.

Dos días después, Ocsa presentó su libro de cuentos en el que, a falta de una explicación que defina culpables sobre la muerte de Ciro, creó una historia con tufillo a hipótesis, sobre una sirena encantando al universitario y sumergiéndolo en las aguas de una cascada. Al respecto, el doctor Ciro, que además prologó el libro, dijo que el guía tiene todo el derecho de pensar lo que quiera sobre la muerte de su hijo.

Según Eloy Cacya la publicación del libro sería una argucia más de Ocsa para lucrar con el caso, pues ya habría recibido una fuerte cantidad de manos de la Autoridad Autónoma del Colca (Autocolca), por concepto de búsqueda. La afirmación de Cacya no fue negada en las oficinas de Autocolca, aunque prefirieron no especificar el concepto del pago.

Por lo pronto, César Núñez Neyra, presidente de la Asociación de Guías de Turismo del Valle del Colca, ha denunciado a Ocsa, por el delito de usurpación de funciones, al autodenominarse, según ellos, guía de montaña, cuando su cartón sólo lo acreditaría para guiar caminatas por los miradores conocidos del valle.

Miguel Zárate, montañista que dirigió la búsqueda de Rosario Ponce, concuerda con Cacya y Núñez, pero prefiere redondear al inefable Ocsa bajo el calificativo de figureti, pues a pesar de no haber participado antes en búsqueda alguna, quiere posicionarse como un personaje vital en el hallazgo de Ciro.

Mientras, Zacarías Ocsa persiste en que detrás de la muerte de Ciro hay implicados. Así lo revelaría la postura en que fue hallado el cadáver. Según este cuestionado guía, alguien lo llevó hasta esa cuna de roca y lo dejó morir. Finalmente, respecto a las críticas de Eloy Cacya y los demás montañistas, Ocsa dispara con una inusitada sencillez y dice que no se necesita un cartón de guía para ayudar a las personas que lo necesitan. Segundos después aclara que nunca cobró un centavo al doctor Ciro.

Sergio Dagoberto Pérez Ramírez

Oficial de Marina en situación de retiro; con el alias de “Renato Portal” atrajo la atención pública desde el mes de Mayo, presentando en los medios diversas necromancias, donde atribuía a Rosario Ponce el homicidio de Ciro por celos.

Su verdadera identidad fue puesta al descubierto a través de los medios de comunicación en Noviembre del 2011, informándose además que participó en actividades de inteligencia contra el terrorismo, acciones por las cuales fue acusado de tortura, y pagó condena de 4 años.

Vea aquí el artículo “Renato Portal, el agente de inteligencia encubierto”.