Ciudadanos de la jauría

Eduardo González Cueva

Blog “Torre de Marfil” – lamula.pe

“Toda persona acusada de un delito es inocente hasta que se demuestre lo contrario.” ¡Cuánto nos falta como país para llegar a que este principio se convierta en una convicción compartida en vez de una ingenuidad! En efecto, en el Perú, las actitudes públicas respecto a la inocencia o culpabilidad dependen, no de los hechos, sino de la identidad del acusado. Pertenecer a un grupo marginalizado, no conformar al modelo de comportamiento que se espera de uno, no tener poder político, son demostraciones de culpa más importantes que la investigación judicial.

El caso de la desaparición del estudiante Ciro Castillo en el Colca es un ejemplo perfecto. La sobreviviente, Rosario Ponce, se ha convertido en el último depositario de los miedos y ansiedades de una ciudadanía que parece necesitar permanentemente de algún chivo expiatorio fabricado por una prensa crónicamente incapaz de profesionalismo.

Ninguno de los supuestos indicios que la prensa ha agitado para culpabilizar a la sobreviviente del Colca tiene la menor solidez. Cualquier fiscal sabe que estaría malgastando recursos con una acusación penal sin pruebas, y que la defensa tendría una tarea fácil por delante. Al fin y al cabo, la presunta culpabilidad de Rosario Ponce se sostiene en “pruebas” tan ridículas como la “sicografía”, es decir, una “carta dictada por Ciro” desde el más allá a un vidente (de acuerdo al film Rashomon, tal método era válido en el Japón feudal); o el análisis gestual, según el cual la forma en que un sujeto mueve las manos o dirige la mirada evidencia la verdad o la mentira (ver en “La República“).

Hemos llegado pues –al cabo de décadas traumas sociales y mediocridad periodística- a declarar nuestra completa independencia de la realidad. Los datos ya no interesan, sino la creatividad. La justicia es innecesaria si hay a la mano un argumento. El caso Colca demuestra que somos una sociedad en la que buscamos permanentemente oportunidades de atacar en mancha, de cebarse en el que no se puede defender. Atacar al monstruo de turno –sea Rosario Ponce, Lori Berenson, Martha Chávez o Nadine Heredia- es participar en un ritual de pertenencia, en una violencia verbal socialmente aceptable, en la ciudadanía sangrienta de la jauría.

No es casual, por cierto, que tantas veces el objeto de nuestros cargamontones sean mujeres. De ellas se espera que sean tiernas, privadas, sufrientes y leales. ¿Por qué no camina Rosario, como una peregrina, por el Colca, en vez de seguir con su vida? ¿Por qué hay mujeres que gritan e insultan? ¿Por qué hay mujeres que quieren poder? ¿Por qué se visten así? ¿Por qué sonríen? ¿Por qué no lloran? La culpabilidad del monstruo de turno no radica en lo que pueda haber ocurrido en el Colca, sino en su comportamiento hoy. De hecho, el periodista Beto Ortiz ha llevado esta lógica a su extremo más obvio: como una mujer no puede hacer las cosas solas, menos aún algo tan enorme como un delito, tiene que haber un “hombre detrás”, que para Ortiz es un maligno exintegrante del SIN, o un exnovio.

Pero, además de la violencia sexista del linchamiento mediático de Rosario Ponce, hay una profunda hipocresía –no, cobardía- en el olvido interesado de que el Perú es un país con 15,000 desaparecidos como resultado del conflicto armado interno, cada uno de los cuales tiene una familia tan valiente y tan sufriente como la del estudiante del Colca. En la absoluta mayoría de las desapariciones internas se sabe perfectamente qué instituciones estuvieron, no detrás, sino al frente del delito; se sabe qué políticos en actividad tienen responsabilidades; en muchos casos hay acusaciones abiertas y sentencias internacionales; pero cierta prensa no mueve un dedo para ayudar a esclarecer esas desapariciones con responsable a la vista. La diferencia es obvia: no lo hacen por miedo; porque una cosa es aplastar a una persona impopular y sin defensa y otra muy distinta es tocar a un político con poder.

¿Qué tiene que hacerse para que en el Perú haya un abogado que le recuerde al público que no se puede juzgar a alguien sin pruebas? ¿Qué tiene que ocurrir para que un editor diga “basta” la próxima vez que le lleven un artículo amarillista? Ambas preguntas son una protesta ingenua, impotente; porque hasta que no encontremos maneras de canalizar nuestros conflictos en el diálogo entre ciudadanos, seguiremos necesitando rituales no cívicos de violencia y cobardía.

6 comentarios en “Ciudadanos de la jauría

  1. NO SE PUEDE TAPAR EL SOL CON UN DEDO: HAY PRUEBAS DE LAS MENTORAS DE ROSARIO.

    Se han comprobado científicamente LAS MENTIRAS DE ROSARIO. Ejemplo: “Que no habían comido” y el cadáver de Ciro tenía comida en el estómago (la fase gástrica de la digestión dura 3-4 horas), “que comió plantitas para su supervivencia” (el informe de la Universidad de Arequipa determina que las plantas no son comestibles), “que Rosario estuvo con sangrado vaginal” (análisis con reactivo Star plus -más potente que el luminol- sale negativo), “Ciro marihuanero” (examen toxicológico al cadáver de Ciro negativo), etc, etc, etc. Eso sin contar las calumnias que ha dicho con respecto a la familia de Ciro.

    ENTONCES, ESTÁ MÁS QUE COMPROBADO QUE ROSARIO HA MENTIDO EN ESTE PROCESO. Si bien, ella no sería la asesina, sería cómplice de homicidio y culpable de obstrucción a la justicia.

  2. Articulo bastante patètico. Las pruebas de las tremendas mentiras de Rosario Ponce que, como afirma acertadamente el padre del muerto “Ofenden a la razòn humana” son indicios bastante fuertes de que la susodicha dama oculta algo que no quiere que se sepa. Y la justicia no tiene el derecho, sino la obligaciòn de investigar. Que a algunos no les guste, problema de ellos. Y si habla usted de los 15,000 desaparecidos cuyos casos no fueron aclarados, eso no es razòn para no investigar este. Por algo habìa que comenzar. Si la Sra. Ponce es tan inocente como se proclama, no existiria problema alguno para que ella colabore con las autoridades judiciales. Y hace rato que el caso estarìa aclarado. Pero evidentemente algo oculta y es tarea de la Fiscal, desenmascarar la verdad. Si a eso usted lo considera “malgastar los recursos” habemos muchos que màs bien lo consideramos que es una decisiòn adecuada. Como dijo Alan: “El que no la debe no la teme.” Escuchè màs de una vez a su a veces alterado abogado en Arequipa decir que “Rosario es dueña de la verdad”. No lo dudamos. El gran problema es que ella se sigue resistiendo a compartir esa verdad con la justicia.

  3. Algo màs señor articulista de quien no tengo el honor de haber oido nunca su nombre: Dice usted que la gente “busca permanentemente las oportunidades de atacar en mancha a quien no se puede defender”. Le recuerdo que aquì, el ùnico que no se puede defender, se llamaba Ciro Castillo Rojo. Es la ùnica victima de este caso. Tan victima, que todos nos quedamos pasmados cuando la persona que supuestamente lo amò en vida siquiera un tiempito, sabiendo que dicho joven ya no podia defenderse, no tuvo reparo alguno en tildarlo de haber sido en vida un marihuanero despreocupado, que tambièn era aficionado al alcohol, hijo de una familia disfuncional con cuyo padre, supuesto borrachin pegamujeres, el difunto màs de una vez tuvo que trenzarse a puñetes en defensa de su supuestamente golpeada mamà. Obviamente, de todo eso, Ciro Castillo hijo no podria defenderse porque a esas alturas ya era un putrefacto fiambre de 32 kg. Lamentablemente usted en su ciega defensa de lo indefendible olvida lo primordial y prioriza lo accesorio. En lo particular no creo que la Sra. Rosario Ponce haya matado personalmente a Ciro Castillo. Pero sabe algo o mucho màs de lo que hasta ahora ha hablado al respecto y eso arroja dudas bastante razonables sobre su eventual culpabilidad en cierto grado o probable complicidad en un muy probable homicidio contra dicha persona. Y si todo lo anterior que usted tan fervorosamente ha escrito fuese tan asi de simple y cierto como lo menciona, la Dra. Rosario Lozada, que, evidentemente sabe mucho màs que usted y todos los peruanos juntos, hace rato ya hubiera dado por cerrado el caso por supuesta falta de pruebas. Y ya que tanto habla usted de “juzgar a alguien sin pruebas”. le recuerdo que en el reciente caso del cruel asesinato de la niña Pierina, de entrada, el primer sospechoso era su padrastro, entonces pareja de turno de la verdadera asesina su madre Isabel Tello. Dicho señor, “encajaba” perfectamente como un “violador asesino”. Ex- recluso, desempleado y poco comunicativo. Fue el primero a quien la PNP detuvo y les bastò solo 1 dia para darse cuenta que èl no era culpable de nada. Alli no habìan contradicciones en su manifestaciòn ni coartadas inverosìmiles ni hechos conexos extraños que lo involucraran, pese a que la criminal Isabel Tello habia realizado un acto tan demencial para simular una violaciòn justamente para comprometerlo y atribuirle el crimen. La policia tuvo que soltarlo ràpidamente porque el señor, simplemente era inocente y nada tenia que ver. La inocencia se presume, pero con frecuencia, debe demostrarse. Y el que es inocente, es inocente. Asi de simple,

  4. Lamentablemente el blog de AQP soluciones que trataba este mediatico caso, recientemente esta inaccesible por no sabemos què razòn, y ese es el ùnico motivo por el cual escribo aqui, para “satisfaccion” de su “desinteresado” creador Victorio Nevers. En fin. Usted señor articulista, ya que “echa el pato” a la prensa de la triste situaciòn en que se halla Rosario Ponce, màs por errores y contradicciones propios que por voluntad ajena. no olvide que hasta tipos que usualmente tienen una opiniòn diferente no siempre por convicciòn propia sino con frecuencia porque pretenden ser precisamente “diferentes” y asì intentar destacar entre la media del periodismo local, como el Sr. Ricardo Uceda, en un algo afiebrado anàlisis del caso, redactado en 2 entregas tituladas : 1) La chica a quien le cargaban la mochila” y 2) La chica mala que venciò a la montaña” (o algo asì) en la ùltima parte de su 2do. articulo, concluye: “Rosario dice que sobreviviò 9 dìas…. Tal vez fueron menos…” (alude a las versiones bastante contradictorias que dio Rosario a policias y rescatistas sobre la verdadera duraciòn de su “odisea”). Por alli està la clave. En todo este asunto, me parece que Rosario, intentò ·”·mejorar la verdad” con respecto a lo que realmente ocurriò en el Colca. Y la verdad, si la tenìa, se le fue de las manos, por intentar ocultar o exagerar los hechos.

      • OK Gracias Victorio. Aunque diferimos completamente de enfoque y opiniones respecto a este mediàtico caso, de cualquier modo es bueno tener adversarios a la altura.

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