CSI Colca

Por Augusto Álvarez Rodrich

Publicado en La República el 30 de Agosto 2011

El asesinato del periodismo ético que busca la verdad.

No tengo idea de cuál será la verdad en la desaparición de Ciro Castillo y, a estas alturas de la tragedia, no me sorprendería cualquier desenlace, pero tengo la sensación de que la cobertura de un sector de la prensa se ha pasado de vueltas, mellando su prestigio, y triturando la ética y la verdad a cambio de circulación y rating.

La desaparición de dos universitarios clasemedieros, enamorados, en viaje de aventura, con el rescate de la muchacha y un joven que sigue perdido por más de 150 días, tiene todos los componentes clásicos para atraer el interés ciudadano.

La gran cantidad de series televisivas cuyo eje es desenmarañar un crimen prueban dicho interés: CSI New York, Miami y Las Vegas, Cold Case, Misterios sin resolver, Without a trace, Detectives Médicos, Body of Proof, Bonds o Criminal Minds son solo algunas de las policiales que atraen gran audiencia.

No está en duda la legitimidad de la atención de los medios por Ciro Castillo. Por un lado, la prensa responde a la necesidad de informarse de la gente y debiera abocarse a revelar la verdad. Por el otro, algo que a los periodistas nunca nos gusta contar es que el periodismo también es un negocio que requiere altas circulaciones y ratings, lo cual no tiene nada de malo –al contrario– si esto se hace con ética y apegado a la verdad.

El periodista tiene muchos compromisos –con el medio en el que trabaja, con la gobernabilidad o con sus lectores o audiencia–, pero, antes que todo, está el compromiso con la verdad, lo cual constituye un fundamento innegociable.

Ahí radica, precisamente, el problema en la cobertura de la desaparición de Ciro Castillo. Cuando el periodista cree que la verdad no puede interferir con un ‘buen’ titular o un ‘buen’ reportaje –evaluados solo por su impacto en la circulación o el rating–, y cuando sus editores lo aceptan mirando al techo y esperando el aplauso del gerente que mide el éxito periodístico por la publicidad que contabiliza, se acaba triturando el compromiso prioritario con la verdad que demanda este oficio.

Como anotó con acierto Pedro Ortiz Bisso ayer en El Comercio, “para lamento de quienes se olvidan de ser periodistas para fungir de fiscales, al momento de escribir estas líneas no existe una sola prueba irrefutable que señale que en el cañón arequipeño hubo un crimen. No se ha establecido siquiera un móvil que sustente la teoría de un asesinato”.

Rosario Ponce podrá tener actitudes y reacciones que llamen la atención y hasta la sospecha, pero aún no hay pruebas de que sea una asesina. Sin embargo, un sector de la prensa –empujado por la lectoría o el rating– no ha tenido el menor reparo en acusarla, condenarla y hostigarla para construir un reality show irresponsable que los desprestigia a ellos mismos y tiene, entre otras víctimas, al periodismo ético que busca la verdad.

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