Papelones mediáticos

Por Patricia Wiesse

Publicado en la revista IDEELE edición 212 de Setiembre 2011

Pasar de víctima a presunta asesina es cosa de unas cuantas portadas y otras tantas declaraciones. El tratamiento del caso de la desaparición de Ciro Castillo por los medios ha sido lamentable.

No sorprende de los diarios ‘chicha’, pero sí de un diario como Perú.21, con cierto prestigio que guardar y que, en este caso, sucumbió a la mala leche y al sensacionalismo. Ni qué decir de canal 5, que, fungiendo de Sherlock Holmes criollo, anduvo “más perdido que Ciro en el Colca”.

Todo empezó el 13 de abril de este año, cuando encontraron a Rosario Ponce deshidratada y un poco ida. La noticia rebotó en los principales medios del país. Sin proponérselo, se había convertido en la joven y valiente sobreviviente de una tragedia. El Trome estrenó su novela por entregas que comenzó con el titular “Volveré por ti, amor”. Pero la conmiseración duró solo una portada más: a los pocos días se produjo un giro, cuando la historia romántica comenzó a convertirse en una película de Alfred Hitchcock.

Desde entonces, entre mediados de Abril y Agosto de este año, los titulares de ese diario la presentaron como una testigo que ocultaba la verdad. La suspicacia y la sospecha fueron in crescendo, hasta convertirla en presunta asesina: “Se cayó por buscar a Rosario”, “Pesadilla”, “Sí, tuve pelea con Ciro”, “Es fría y fantasiosa”, “Madre llora por hijo”, “Creen que mataron a Ciro”, “Rosario huye”, “Habla si mataste a mi hijo”, “La llevarán a la fuerza”, “Rosario, ¿dónde está Ciro?”.

Treinta y dos portadas impresas y 181 notas en la web del diario ‘chicha’ más leído influyeron en un vasto sector popular que cambió su percepción. Así, la universitaria se transformó de víctima en victimaria.

También Perú.21 decidió prenderse del caso con saña desde el inicio. Luego de presentar varias notas informativas breves, en tono sobrio, que daban cuenta de la búsqueda de dos turistas perdidos en el Colca y el testimonio de la universitaria que sobrevivió sin comida ni agua, súbitamente, el 18 de Abril, cambió el tono y la subjetividad primó en el enfoque del tema. El titular de ese día muestra la primera inclinación en contra de Rosario Ponce: “Quieren interrogar a Rosario por caso Ciro”. La nota desliza las primeras suspicacias, al sostener que las declaraciones de la joven eran contradictorias y no dejaron satisfechas a las autoridades.

El diario La República se demoró un poco más en entrar en el juego de la desconfianza, pero fue contundente el 25 de Abril, con un titular de lo más sugestivo: “Un rosario de muchas contradicciones: declaraciones de joven no esclarecen hechos”. Dicha información iba acompañada de una foto con una leyenda incriminatoria: “La última persona que lo vio con vida y que puede dar pistas más certeras sobre la ubicación del muchacho ha entrado en una serie de divagaciones. Nos referimos a su enamorada, Rosario Ponce”.

Ya en el mes de mayo, la suerte de la joven estaba echada. La consigna mediática era lapidarla a cambio de rating y aumento de ventas. Siguiendo esa lógica, no podía caber la menor duda de que ocultaba información de vital importancia para la Policía. El día 3 de ese mes, Perú.21 sostiene: “Rosario debe declarar hoy. La investigación es por el presunto delito contra la vida, el cuerpo y la salud”.

Tres hechos van perfilando la tendencia acusadora en los medios. Primero, el comportamiento errático de la muchacha, que exacerba los ánimos cuando no se presenta ante la DIVINCRI de Arequipa; y las dudas sobre su equilibrio emocional luego de ser sometida a un examen psicológico. La República informó que, según su amigo Efraín Matos, las peleas de Ciro y Rosario llegaban a los golpes, y las agresiones surgían por el difícil carácter de la joven.

Segundo, la intervención de la Fiscalía anunciando una investigación. La Junta de Fiscales declara que no se trata de una desaparición. “Investigamos un crimen”, expresa.

Tercero, la presencia del padre de Ciro, que se yergue como un protagonista con ribetes de héroe trágico (“En nombre de Ciro Castillo: el vía crucis de un padre en el cañón del Colca”. Titular de La República del 22 de Mayo). Un señor correcto y caballeroso que con el correr de los días fue presa de una desesperación totalmente comprensible que lo hizo perder la brújula durante la búsqueda infructuosa en medio de un paisaje demasiado austero y desolado; tanto, que en Julio denuncia a Rosario Ponce por homicidio. Lo más delirante fue cuando, en Malata Vieja, hallaron unos huesos en una tumba prehispánica y el padre de Ciro presidió las excavaciones, esperando encontrar los restos de su hijo, hecho que motivó la protesta de los antropólogos forenses.

Ya en el mes de Mayo, la suerte de la joven estaba echada. La consigna mediática era lapidarla a cambio de rating y aumento de ventas.

La noticia pierde protagonismo durante los dos meses siguientes para resurgir con fuerza en Agosto, mes en el que se comienza a especular sobre la complicidad de la Policía con Rosario. Perú.21 publica el día 5: “Rosario Ponce fue orientada por policía para declarar sobre Ciro: Jefe de alta montaña lo niega”. En ese momento, La República decide replegarse y asume una posición más equidistante, mientras que Perú.21 bombardea sin piedad, dedicándole nueve portadas al caso: “Por fin habló”, “Se quebró”, “Mentirosa”, “Estaba vivo”, “¿Ubicaron a Ciro?”, “Los cinco días perdidos”, “Pudo haber fugado”, “Sacan a Fiscal”, “Ciro, sé hombre y sal”.

Mención aparte merece el comportamiento de los medios televisivos, que provocaban vergüenza ajena cuando presentaban sus erráticas seudoprimicias y revelaciones. Recordemos la imagen del reportero señalando un nicho en el cementerio del Madrigal, mientras afirmaba con dramatismo que ahí estaría enterrado Ciro. Al día siguiente fue desmentido, y el error quedó impune.

Ha sido la exacerbación del circo y el morbo a partir de la inexactitud, la imprecisión y la mentira. Los programas dominicales fueron los abanderados del caso: Punto Final le dedicó 11 reportajes y 5 entrevistas en dos meses (julio-agosto); Panorama trató el tema en 12 reportajes en el mismo lapso de tiempo. En ambos casos primó la falta de rigor periodístico. Además, la manipulación de sentimientos rayana en la huachafería no pudo ser más evidente cuando, el domingo 4 de septiembre, ese mismo programa transmitió un reportaje basado en un video casero de la familia Castillo, con escenas conmovedoras de cuando la familia era feliz y un texto lacrimógeno del reportero. Algo tan intolerable como ver llorar a la madre de Ciro ante cámaras, con toda la solidaridad que su dolor nos produce.

Los noticieros televisivos fueron los reyes del papelón. El que se llevó la corona de la imprecisión —por no decir amarillaje— fue 24 Horas de Panamericana Televisión: el 2 de septiembre presentó como primicia exclusiva la versión de que fueron los policías del Madrigal los que mataron a Ciro. “Según fuentes de 24 Horas, lo golpearon, lo mataron y montaron con Rosario el cuento de que estuvieron perdidos”, sostuvo con convicción el reportero. Otra patinada estrepitosa fue la del periodista de Frecuencia Latina Juan Ortiz, quien hizo el show de descender por un escarpado hasta una caverna donde supuestamente estaba el cuerpo de Ciro, acompañando a la ‘topo’ Caroll Chaman, que gritaba desaforada el nombre del desaparecido como si él le fuera a responder. ¿Creían que estaban reeditando la versión chola de la película 127 horas, basada en la historia real del escalador Aron Ralston, cuyo antebrazo quedó atrapado bajo una enorme roca durante cinco días?

No contento con lanzar información sin comprobar, desesperado por ganarle a la competencia, 24 Horas llegó al paroxismo de entrevistar a la especialista en comunicación no verbal Rosa María Cifuentes, que analizó los gestos de Rosario Ponce: parpadea bastante seguido, gesticula mucho, sube la mirada cuando habla de Ciro. “Sus gestos la contradicen”, sentenció la profesional. Si a eso se une que muestra nerviosismo en la construcción de las frases, la chica oculta la verdad. La cereza de la torta fue la conclusión de Cifuentes con respecto a la madre de Rosario: “La señora tiene el rostro dilatado. Eso significa que es dominante e intolerante”.

Quizá debido al cargamontón y a la tergiversación del papel del periodismo en casos como éste, a fines de agosto algunos pesos pesados escribieron columnas en las que la reflexión sobre el tema marcó distancias con respecto al manejo mediático.

Patricia del Río manifestó el 27 de Agosto: “Rosario es una muchacha extraña que no solo guarda un hermetismo difícil de descifrar sino que siempre se ríe en el peor momento y vive su propia historia como si estuviese mirando pasar la tragedia de alguien más. Hay vacíos en su testimonio y poca disposición para aclarar lo que realmente pasó. Sin embargo, nada de eso la convierte automáticamente en una asesina”.

Augusto Álvarez Rodrich sostuvo el martes 30 de Agosto: “Rosario Ponce podrá tener actitudes y reacciones que llamen la atención y hasta la sospecha, pero aún no hay pruebas de que sea una asesina. Sin embargo, un sector de la prensa no ha tenido el menor reparo en acusarla, condenarla y hostigarla para construir un reality show irresponsable que los desprestigia a ellos mismos”.

Raúl Wiener escribió el 31 de Agosto: “La chica Ponce ha hecho todo lo posible para levantar sospechas sobre sí o, por lo menos, para caerle antipática a la gente y construirse una opinión pública en contra. Sus contradicciones e incoherencias no denotan una inteligencia calculadora sino una inmadurez y una falta de sentido de la realidad que le impide entender lo que la perjudica”.

Para no ser lapidados, en Septiembre se produce un viraje o —para no ser tan optimistas— un cambio de tono en la televisión dominguera (no en los noticieros). Los reportajes del día 4, en vez de lanzar hipótesis equivocadas o malintencionadas, entrevistaron a los dos bandos para recoger sus versiones. Demasiado tarde.

El concepto de prensa seria ha sido puesto en entredicho. Alguien debe ser linchado para que la noticia se convierta en negocio y espectáculo, a lo Laura Bozzo.

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