Final infeliz : La chica mala vence a la montaña

Pregunta clave. Los nueve días que interesan al Ministerio Público. El verdadero misterio de Rosario Ponce. A dos policías les dijo que solo estuvo cinco días sola en el Colca. ¿Su versión presenta contradicciones?

Por Ricardo Uceda

Publicado en La República el 14 de Setiembre 2011

La última noticia que alocó a la prensa peruana fue que policías de Madrigal, el poblado desde el que Rosario Ponce y Ciro Castillo partieron hacia Tapay el 31 de marzo pasado, habrían asesinado al estudiante, enterrándolo en las inmediaciones, quizá en el mismísimo cementerio del lugar. Un reportero de televisión señaló ante cámaras el nicho en el que estaría el cadáver. Aunque la historia se desinfló cuando el fiscal Frank Zegarra realizó con sus peritos una diligencia en Madrigal sin recoger una prueba, en cualquier momento aparecerá otra de su tipo. O la misma con variantes. El último fin de semana un asesor gubernamental influyente llamó a un periodista conocido y le dijo:

–Lo de Madrigal es cierto. Los policías lo mataron.

Un motivo de las especulaciones es que el caso convoca tanta audiencia que los medios no lo van a dejar morir así nomás. Otra explicación es que la falta de evidencias alimenta fábulas. Por ejemplo, la de que Ciro Castillo y Rosario Ponce no continuaron su ruta hacia Tapay sino que, en el tercer o cuarto día de su caminata, volvieron sobre sus pasos, hasta algún lugar ignoto en el que Ciro fue asesinado.

Este mito se complementa con otro: la pareja jamás llegó al escabroso despeñadero donde Rosario sostiene haber visto por última vez a Ciro, la mañana del quinto día. De acuerdo con la misma creencia es imposible que Rosario hubiera podido sobrevivir seis días en un lugar tan salvaje, sin contar los tres más durante los que dice haber caminado hacia el paraje denominado Peigh, en el que fue encontrada el 13 de abril. Todo esto cuadra con la versión de que Ciro murió en Madrigal, y con muchas otras. En algún momento Ciro Castillo padre defendió la tesis de que su hijo fue enterrado en el sector Malata Vieja del distrito de Madrigal. Cerca de allí, en su afiebrada búsqueda, encontró unos huesos que resultaron prehistóricos. También se publicó –otra primera plana– que el estudiante fue sepultado en las inmediaciones de una cabaña en la zona por donde Rosario Ponce fue rescatada. Cirilo Condori, dueño del inmueble, dijo que habían desaparecido la lampa y la barreta que guardaba allí. Eran, añadió, las herramientas que sirvieron para sepultarlo.

Las testigos que lo vieron caer al abismo

Por supuesto, la falta de credibilidad de Rosario Ponce también alimenta los mitos. En una abierta demostración de que no le creen, los brigadistas autodenominados Topos de México están buscando el cuerpo de Ciro en un lugar distinto de donde ella dice que desapareció. Como la policía ha dejado de peinar las montañas, dejando en claro que ya destinó a la búsqueda del estudiante más recursos que para cualquier otro excursionista desaparecido, los esfuerzos por encontrar el cadáver corren a cargo de su familia. Esta ha gastado más de 200 mil soles, según declaraciones de la madre. Se supone que continuarán buscando hasta que se acaben las donaciones, cuyo monto el padre de Ciro ha rehusado precisar. Pero si el estudiante fue fríamente asesinado y enterrado la búsqueda de su cadáver por los abismos del nevado Bomboya nunca tendrá resultados, salvo que los Topos ya tengan el dato. Así, la inutilidad de la búsqueda refuerza la teoría de que hubo un crimen. De hecho, ese fue el argumento que empleó Ciro padre para acusar de homicidio a Rosario Ponce ante el Ministerio Público.

Ahora bien, para que la tesis del asesinato sea convincente no basta con objetar la historia de Rosario. Debe haber una idea de cómo fueron las cosas. La versión del entierro en Madrigal venía acompañada de dos especulaciones distintas sobre lo que ocurrió. En una, Rosario, agredida por su enamorado, se fue a quejar a la comisaría. Llevado hasta allí, Ciro fue golpeado por los policías y terminó muerto. En otra, la pareja bebió con varios policías, Ciro se quedó dormido de borracho y, al despertar, encontró que Rosario estaba demasiado amable con uno de los guardias. Reaccionó agresivamente y fue asesinado.

El problema con estas conjeturas, como con todas las que han circulado, es que ninguna tuvo jamás un testigo directo o algún enlace que permitiera encontrarlo.

Sin embargo, un día apareció en la redacción del semanario El Búho de Arequipa una señora que dijo haber resuelto el misterio. Una amiga suya de Chivay y la hija de esta habían visto que Rosario Ponce, jugando con Ciro Castillo, lo había empujado demasiado fuerte, haciéndolo caer al abismo. La directora, Mabel Cáceres, que estaba cerrando edición, sintió la súbita excitación que produce la cercanía de una primicia, mas pronto decayó. La visitante se negaba de plano a proporcionar el nombre de las testigos, a quienes había prometido guardar el secreto. Solo pedía que buscaran por allí, porque seguramente se encontraría el cadáver. De todos modos, Cáceres llamó a papá Castillo, quien no pudo torcer la voluntad de la informante.

–No me ha ayudado en nada– le dijo finalmente Castillo. Y se fue.

La persona que fue a la redacción de El Búho fue consultada para esta nota. No quiso ser identificada. Dijo que dos personas, a las que no nombró, habían visto que Ciro cayó al abismo, empujado por Rosario. Aún cree que el cadáver está allí, esperando que lo descubran.

El tramo comprobable: los primeros cuatro días

Aparte del hecho de que la mayoría de la gente la considera culpable, hay otra gran creencia sobre Rosario Ponce: que su relato de los hechos presenta un cúmulo de contradicciones. ¿Es cierta esta acusación? Para esta nota fue posible examinar las cuatro declaraciones que dio ante la fiscalía. Oh sorpresa, no hay incoherencias.

Ella y Ciro llegaron a Chivay el 30 de marzo a las 9 am, procedentes de Arequipa. Se instalan, pasean por el pueblo de Yanque, retornan al hotel y duermen. Ella descubre que ha empezado su regla. Al día siguiente, 31, piden información en la comisaría y parten con rumbo a Tapay, llegando a las 5 pm a la fortaleza de Chimpa. En el trayecto, una de las mochilas rodó por una pendiente. Ciro la recuperó pero perdieron dos carpas y comida. En la fortaleza pasean, se toman fotos, acampan, duermen. El 1° de abril decidieron su propio camino, pues los mapas no los orientaban bien. Esa noche durmieron incómodos entre dos arbustos, en una zona de peñas. El 2 encuentran un manantial y una planicie de queñuales, suben hasta una cima desde donde se divisa el Colca y luego bajan y acampan. El 3, domingo, prosiguen bordeando riachuelos, caminan lento porque ella pierde sangre y le duelen las rodillas. Se lavan, beben agua, se toman fotos. Un sleeping cae por una quebrada y se pierde. En la noche duermen los dos en el sleeping restante, encima de las rocas. Al día siguiente, al avanzar, encuentran abismales desfiladeros, se sienten perdidos.

Esta porción de la historia hasta el 4 de abril es la más susceptible de escrutinio. Hay testigos, fotos, restos encontrados –las carpas, las botellas de champagne–, registros de llamadas telefónicas. Rosario Ponce no ha variado su versión sobre lo ocurrido en estos días, narrado principalmente en su primera declaración. En los dos interrogatorios siguientes la fiscalía se concentró en los hechos posteriores al 4 de abril. En la cuarta y última manifestación, en cambio, ella hubo de repetir punto por punto lo sucedido en el primer tramo del viaje: dónde se cayeron las carpas, cómo tomaron las fotos, qué ruta específica siguieron hacia Tapay. Aunque la comprobación atañe a unos pocos días, si la fiscalía la hace varios supuestos de la teoría del asesinato se caen por el suelo.

En la hipótesis de la conspiración para encubrir los hechos, algunos objetos de los excursionistas fueron sembrados por la policía para sostener la versión de Rosario. Por ejemplo, las carpas que cayeron cuesta abajo, en un lugar por donde ella dice que pasaron. El registro de las fotos, testimonio gráfico hasta el 4 de abril, habría sido adulterado. Varias de estas fotos, por otra parte, habrían sido tomadas por un tercero: el posible homicida. Por último, las llamadas telefónicas pidiendo auxilio fueron una farsa, un señuelo que forma parte de la coartada criminal. La última llamada, en efecto, procede de Yanque, un pueblo situado al comienzo del recorrido, de acuerdo con el reporte de Movistar. Esto llevaría a concluir que Rosario, en el momento en que pedía auxilio, no se hallaba en la montaña. Pero las llamadas inmediatamente anteriores, con minutos de diferencia, fueron hechas desde las alturas del Bomboya. Se trataría entonces de un reporte engañoso, que no destruiría lo dicho por la chica. Así pues, si todo lo dicho por la acusada es cierto para esta parte, a sus denunciantes solo les queda demostrar que mató a Ciro en los días siguientes. Lo cual es harto más complicado.

La pregunta de fondo: ¿pudo sobrevivir?

En los hechos que van del 4 de abril hasta el día 13 en que Rosario Ponce fue encontrada, hay un solo testigo: ella. Todo lo que actúe en su contra debe basarse en testimonios de terceros, por ahora inexistentes, o en pruebas circunstanciales. En buena parte, la cuestión gira en torno a un punto: ¿cómo pudo sobrevivir en condiciones inverosímiles?

Ella brinda una versión minimalista de lo que hizo en la montaña luego de que Ciro desapareciera. Estaba en un lugar pelado y rodeado de precipicios, débil y desconcertada porque su compañero no regresaba. Se queda allí, metida en el sleeping y cubierta con una manta. Pasa así el 5, 6, 7, 8, 9 y 10 de abril. El 6 toma sus orines. Granizaba y llovía. El 7 se cambia la ropa húmeda y se pone prendas de Ciro sacadas de su mochila. Encuentra allí una botella vacía con la que recoge agua de lluvia. Protegida del aguacero con una bolsa de plástico pasa el 8 en las mismas condiciones. El 9 come hormigas. El 10 ve pasar un helicóptero; cree que es por las elecciones de ese día. El 11 decide bajar de regreso. Deja las mochilas y se pone toda la ropa posible encima, llevando un poncho y una manta, además de la cámara, el dinero y los documentos de Ciro y ella. El 12 deja la manta en el camino, estaba embarrada. Tiene la idea de tirarse al precipicio, reúne fuerzas, ve a un puma comerse a un venado. Pasa la noche sin dormir. El 13 continúa bajando, guiándose por el río. Entonces escucha voces, se le acercan dos personas, les pregunta quién ganó las elecciones.

Lo anterior es un resumen muy apegado a lo que declaró, y suscita más preguntas que certezas. En las interrogaciones siguientes el fiscal le pidió más detalles, pero no obtuvo una exposición que rebosara de pormenores. Pero ella no puede ser acusada porque su capacidad de sobrevivencia no sea convincente. Por otra parte, ¿acaso nadie puede continuar vivo en las condiciones que ella describe? En 1971, Juliane Koepcke sobrevivió 11 días en la selva con la clavícula y el ligamento de la rodilla rotos, sin alimentos, y una herida en el brazo que estaba llena de gusanos cuando la rescataron. Un año después, tras un accidente aéreo, 16 uruguayos sobrevivieron 72 días en los Andes, a más de tres mil metros, bajo nieve perpetua. En 1985 sobrevivió en Huaraz el inglés Joe Simpson, con la pierna rota tras haberse caído desde 30 metros en un hoyo de nieve, desde donde se arrastró varios días hasta que lo encontraron. Tres casos, tres famosas películas, tres condiciones peores que la que dice haber vivido Rosario Ponce.

Dos testimonios policiales: la verdadera contradicción

Sin embargo, Rosario pudo efectivamente haber empujado a Ciro hacia el abismo. O pudo un tercero haberlo asesinado con la complicidad de la muchacha. Es posible que un policía con atribuciones haya intervenido en la escena de un crimen días antes del rescate de Rosario, con fines de encubrimiento. Incluso es posible que Ciro se haya fugado –la insólita tesis de la autodesaparición deslizada por la defensa de la acusada– tomando uno de los caminos tortuosos que del lugar conducen a Puno. Pero estas disímiles posibilidades, que pueden vivir eternamente en la mente de la gente y del periodismo que le gusta a la gente, no se sostienen un minuto en un juicio si carecen de bases probatorias, como hasta ahora ocurre en el expediente de la investigación contra Rosario Ponce. Por eso el fiscal de la Nación ya insinuó que el caso camina hacia su archivamiento, salvo que se encuentre el cadáver.

Las últimas noticias desinfladas son supuestas declaraciones a la fiscalía de la bombera María Teresa Pilco, quien estuvo presente en el rescate de Rosario Ponce. Según publicó la prensa, Rosario le dijo que Ciro Castillo estaba vivo y con una pierna rota. Sin embargo, una revisión documental demuestra otra cosa. Rosario le dijo a Pilco que Ciro podía estar herido. Tampoco es cierto, como se publicó, que Rosario dijo a la fiscalía que ella y Ciro vieron juntos pasar un helicóptero. Esto implicaría que recién se separaron después de las elecciones, pues solo hubo patrullaje aéreo para buscarlos el 9 y 10 de abril. Rosario dijo que ella vio a un helicóptero el 10 de abril, y que al día siguiente decidió iniciar el camino de regreso.

Sin embargo, por algún motivo la fiscalía está concentrada en los últimos días en los que Rosario Ponce dijo estar sola. Nueve largos días. Tal vez no fueron tantos, pues en el expediente hay dos testimonios y un informe policial reveladores.

Roberto Asillo Muñoz, un policía de 39 años, miembro de la Unidad de Salvataje de Alta Montaña de Arequipa, dijo en su manifestación que fue uno de los que encontraron a Rosario Ponce el 13 de abril y que cruzó con ella las primeras palabras. “Pudimos observar a una chica sentada en una piedra plana inclinada, mirando hacia el río, estaba asustada pero no lloraba; nos miró pero no pronunció palabra alguna”. Junto con Asillo había tres policías más, apoyados por seis bomberos. Cuando entablaron conversación, los rescatistas le preguntaron desde cuándo estaba perdida. Asillo declaró: “Dijo que se separó de Ciro hacía cinco días”.

Jorge Vargas Bueno, otro policía de la USAM que estuvo en el rescate, declaró lo mismo: “Ella indicó que hacía cinco días se habían separado”. Por último, el Departamento de Investigación Criminal de Arequipa también lo afirma en su informe 132 sobre la desaparición de Ciro Castillo. Refiriéndose al hallazgo de Rosario Ponce dice: “En sus declaraciones los efectivos PNP han indicado que esta no presentaba heridas visibles, que indicó estar bien y que hacía cinco días se había separado de Ciro”.

Interrogado al respecto, el abogado de Rosario Ponce, Miguel Cabrera, no pudo negar que la policía refuta lo que sostuvo su defendida ante la fiscalía. Al respecto respondió:

–O se confundió ella o se confundieron los policías.

Así están las cosas. Por ahora nadie puede demostrar que no se haya confundido. Salvo que el cuerpo, cuando se encuentre, diga lo contrario, el público que no quiere a Rosario tendrá que aceptar que una chica mala venció a la montaña.

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Veintiuna tesis de un peruano que labora en EEUU y obtiene su doctorado en Europa – Parte II

Por Victorio Neves de Baers

Seguimos analizando los puntos que este compatriota atribuye a Rosario Ponce, los siguientes puntos contienen “medias verdades“; los errores gramaticales y de ortografía en el título de cada punto, son originales del Sr. Altez.

5.- No comieron hace varios dias, se encontro restos de comida en el estomago de ciro.

7.- Bebio orines con menstruacion, para que si llovia en ese tiempo o porque si dice que comio sancayo, que necesidad habia de tomar orines de “color rojo”??

6.- La imputada comio plantitas no comestibles y para sazonar añadio al menu 5 hormiguitas, se puede aguantar tantos dias comiendo solo esto, sabiendo que rosario, precisamente no es de las que cuidan la linea, sino mirenla lo tamalito que es.

Vea aquí la lista completa

No comieron hace varios dias, se encontro restos de comida en el estomago de ciro.

Mentira: No comieron hace varios días. Verdad: Rosario dijo que no comieron desde 1 día antes de separarse.

Media verdad: Se encontró restos de comida en el estómago de Ciro. Se encontró algo pero no se ha determinado que sea comida. (Ver enlace más abajo a artículo “El estómago lleno de comida”).

Bebio orines con menstruacion, para que si llovia en ese tiempo o porque si dice que comio sancayo, que necesidad habia de tomar orines de “color rojo”??

Rosario dijo que bebió de su orina, cuando estuvo en el lugar de las mochilas esperando ser rescatada, (entre el 5 de Abril al 10 de Abril), ella mencionó que tuvo su menstruación el 30 de Marzo en Chivay, también mencionó que antes de separarse de Ciro tuvo vómito con sangre.

La imputada comio plantitas no comestibles y para sazonar añadio al menu 5 hormiguitas, se puede aguantar tantos dias comiendo solo esto, sabiendo que rosario, precisamente no es de las que cuidan la linea, sino mirenla lo tamalito que es.

Rosario dijo que comieron algunas plantas (no dijo plantitas), figura en la declaración de Rosario “Comía unas plantas parecidas al matara, sabía que de ellas podía extraer y tomar un líquido”, la planta a la que se refería es el sancayo.
Además comió 5 hormigas, y bebió agua que corría por los riachuelos que bajaban del Bomboya cuando estuvo descendiendo sola desde el 11 de Abril.
Lo más importante para la supervivencia es el agua, en los días que estuvo sola en el lugar de las mochilas, contó con el agua de la lluvia, y durante su descenso con el agua de las caídas desde el Bomboya.

Para entender mejor estos puntos, vea aquí el artículo “El estómago lleno de comida”

Estudio físico probaría que asesinaron a Ciro

Defensa del universitario insiste en que una tercera persona habría estado involucrada en el crimen.

Publicado en Peru21 el 02 de Marzo 2012

La defensa del fallecido estudiante Ciro Castillo Rojo presentó una nueva arma legal para demostrar que en la muerte del joven universitario participaron terceras personas. Se trata de una investigación científica hecha por un físico matemático, la cual será entregada este lunes a la Fiscalía que investiga el caso.

El estudio fue realizado por Melchor Siesquén Sandoval, catedrático de la Universidad Pedro Ruiz Gallo de Chiclayo, y demostraría que los daños encontrados en el cadáver de Ciro en el lugar donde fue descubierto no corresponden a una caída de 1,000 metros, tal como se indicó.

Según las estimaciones de Siesquén, la velocidad de la caída del cuerpo del joven fue de 504 km por hora. Sin embargo, afirma que, si realmente el muchacho hubiera caído con esa rapidez, el impacto contra las rocas habría sido tal que sus huesos debieron aparecer completamente destrozados y no solo con algunas fracturas, como sucedió.

Además, el científico explica que, cuando un cuerpo se desbarranca, la velocidad de la caída aumenta conforme se precipita y el cuerpo queda con los brazos y los pies abiertos, y no en la posición en la que fue encontrado Ciro (con la cabeza y el cuerpo encogidos).

Juan de Dios Medina, abogado de los Castillo Rojo, señaló que el análisis probaría la teoría de que el joven no murió al desbarrancarse, sino que terceras personas lo habrían matado y habrían colocado su cuerpo en la zona donde fue hallado el 21 de octubre del 2011.

REINICIAN EL PROCESO

De otro lado, se informó que, desde este lunes, la fiscal María del Rosario Lozada retomará las investigaciones del caso. Se supo que realizaría más diligencias de las que ya fueron programadas.

DATO

– El abogado de la familia Castillo Rojo sostuvo que los mechones de cabello encontrados en el polo, la casaca y la polera de Ciro serían de la tercera persona que participó en el crimen.

Comentario de Victorio Neves de Baers

Melchor Siesquén Sandoval, no está registrado en el Colegio de Matemáticos del Perú; se sugiere al Catedrático Siesquén regularizar su situación, lo cual debió haber hecho antes de involucrarse en este caso tan mediático.

1. Se usó la fórmula de caída libre, aún cuando en el mismo informe se habla de desbarrancamiento.

La fórmula es: Velocidad final= √( 2 x gravedad x altura )

Velocidad final = √( 2 x 9.81 mt/seg² x 1000 mt ) = √19620 mt²/seg² = 140.07 mt/seg

Convertido a Km/hora: 140.07 x 3600 /1000 = 504.25 Km/hora

Más apropiado hubiera sido dejarlo expresado en mt/seg, y no convertirlo a Km/hora, debido a que si obtenemos el tiempo, veremos que la caída dura sólo alrededor de 14 segundos:

Tiempo = Velocidad final / gravedad = 140.07 mt/seg / 9.81 mt/seg² = 14.28 seg

Sin embargo, además de la fricción o rozamiento que enfrenta cualquier objeto al caer, se menciona que el cuerpo, al caer, queda con los brazos y los pies (piernas) abiertos, por lo cual existe resistencia del aire, y además considerando que es un corredor frente al cañón, y como mencionó Michel Obando, existen corrientes de aire calientes que hubieran permitido al cuerpo “planear”; por lo tanto la velocidad teórica de 504 Km/hora es para una esfera en caída totalmente vertical, que no encuentra resistencia, y no para este caso.

2. Los informes de los peritos que fueron al lugar de los hechos manifiestan que no fue caída libre, sino desbarrancamiento con caídas parciales.

Lea el artículo ¿Cómo llegó allí Ciro?

3. El procedimiento para determinar la altura de la caída, no parte de la altura misma (1000 metros), sino de los daños causados por el impacto en el cuerpo, es decir el método contrario aplicado por el matemático.

El procedimiento es así: se observan las fracturas y golpes, y del estudio de los mismos se determina la altura, en este caso los peritos han dicho que la caída parcial máxima sería de una altura entre 15 y 40 metros.

Lo que demuestra la investigación de Siesquén es que Ciro no cayó desde 1000 metros.