La doble sentencia a Eva Bracamonte y Rosario Ponce

Son dos de las jóvenes más mediáticas de los últimos años. Sus intimidades se han ventilado en la prensa con el pretexto de ser las sospechosas de un asesinato. Aun cuando nadie tenía la certeza de que fueran culpables, su sentencia ya había sido dictada.

Por María Isabel Gonzales – Publicado en La República el 11 de Noviembre del 2012

A estas alturas de sus historias todos tenemos en la retina algún episodio de la vida de Eva Bracamonte y Rosario Ponce. El nombre de la primera tiene más de dos millones de resultados en Google y en Youtube.

Su desmayo y las convulsiones que le vinieron durante la lectura de su sentencia se han reproducido cerca de 30 mil veces. En el caso de la segunda, el buscador muestra poco más de ocho millones. La traducción de estos datos es muy sencilla. A la gente le interesa Eva Bracamonte y Rosario Ponce. Para satisfacer ambas demandas, que los propios medios de comunicación han incentivado, se ha trabajado en varios capítulos. Para empezar tomemos el caso de Eva Bracamonte. Estas entregas de las que hablamos han sido tantas que la curiosidad del público se fue convirtiendo en un vocal más del proceso judicial. Con derecho a voz y voto. Al respecto, Juan Gargurevich, decano de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del Perú, señala que la prensa judicializa los casos que sigue. Al punto de que mucho antes de que Bracamonte fuera sindicada por el Poder Judicial como una parricida ya tenía una condena impuesta por los medios y su público.

Llegados hasta aquí hay que aclarar que estas líneas no son una defensa de Eva Bracamonte. Es, en todo caso, la historia de un juicio paralelo. Cosa muy usual en nuestro país. Roberto Pereira, asesor legal del Instituto Prensa y Sociedad, explica que esto pasa en el Perú porque no existen poderes disciplinarios de los jueces sobre terceros como los medios de comunicación. Como sí sucede en el derecho anglosajón.

Sobre todo en Inglaterra, en donde los jueces prohíben a los medios que incidan de una manera negativa en un proceso judicial. “Acá sería visto como un exceso contra la libertad de expresión pero creo que es una experiencia que habría que tener en cuenta ya que la autorregulación es poco efectiva”, señala.

Bracamonte fue señalada como la conspiradora, la joven adinerada y rebelde. Su orientación sexual, sus decisiones y su vida con Liliana  Castro fueron cuestionadas. A esto, July Naters –quien asegura estar en la fase de investigación de un documental sobre la cobertura mediática del caso Fefer– dice que se le agrega en el 2009 el artículo en un diario de Salta, Argentina, en el que un periodista aseguraba que el sicario Alejandro Trujillo Ospina había sido contratado por la hija. “A raíz de esa noticia se retoman las investigaciones. Pero a las únicas que investigan son a Eva y Liliana”, dice Naters. Según sus propios sondeos, los siguientes tres años el 80% de los medios tuvo una actitud inculpatoria. “Era casi un juicio popular”, apunta.

Sobre esto el abogado Roberto Pereira coincide en parte con su argumento. La manera como se presenta la información en los medios sobre hechos relacionados con imputaciones penales puede afectar la presunción de inocencia y más aún en contextos institucionales como el peruano, señala Pereira. Por lo menos así lo han determinado el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Corte Constitucional de Colombia y el Tribunal Constitucional de España.

En este sentido Teresa Quiroz, presidenta del Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana, sostiene que las implicadas en este caso –Eva Bracamonte y Liliana Castro– han sido presentadas en los aspectos más espectaculares de sus vidas. O, mejor dicho, los hicieron espectaculares. Les practicaron seguimientos con el pretexto de descubrir sus intenciones. “Aunque no tengan la facultad de determinar las responsabilidades penales, juegan con estos temas porque saben que hay un morbo en el público de seguir los detalles más íntimos. Como la homosexualidad, alegando que podía ser un detonante”, sostiene. Según dice, tampoco hay que dejar de lado ‘el factor’ que va alimentado la maquinaria mediática. Son los propios implicados quienes recurren a los medios. “Este es un esquema en el que todos se necesitan. Una relación perversa que va virando según crean necesario”, afirma Quiroz.

Sobre este argumento, en las últimas semanas las portadas para Eva Bracamonte han tenido otros tintes. Ahora es una joven con una severa condena. Liuba Kogan, jefa del Departamento Académico de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad del Pacífico, explica que una sociedad como la peruana tiende a ver a los jóvenes como víctimas. Esta sentencia se ve como algo que no debería suceder.

ROSARIO Y EL COLCA

En mayo del 2011, a menos de un mes de haber sido encontrada en el nevado Bomboya (Caylloma), Rosario Ponce había pasado de víctima a presunta asesina de Ciro Castillo, su enamorado desaparecido en el valle del Colca. Solo fue cuestión de unas cuantas portadas y algunas declaraciones, escribía Patricia Wiesse, directora de la Revista idéele, en un artículo en el que analizó la cobertura mediática sobre Ponce durante el 2011. De resaltar que para sobrevivir comió hierbas e insectos y tomó su propia orina, los periodistas empezaron a desconfiar de la heroína. Ya no parecía tan maltratada por la montaña.

Según apuntó Wiesse, había tres hechos que perfilaban la tendencia acusadora en los medios. Primero, Ponce exacerbaba los ánimos cuando no se presentaba ante la Divincri de Arequipa, y las dudas sobre su equilibrio emocional luego de ser sometida a un examen psicológico. Segundo, la intervención de la Fiscalía anunciando una investigación. Tercero, la presencia del padre de Ciro, quien se yergue como un protagonista apoyado por los medios. Así, con el transcurrir de los meses, el linchamiento mediático se iba justificando.

Al respecto, Liuba Kogan también hizo un análisis. Señala que, a pesar de no existir pruebas de delito alguno, una gran parte de la sociedad peruana empezó a condenarla por la forma en que era presentada en los medios. La prensa, precisa Kogan, resaltaba su personalidad valiente en términos negativos. Cuando se afirmaba que no era una mujer temerosa y a la que, por el contrario, le gustaban las emociones fuertes.

También fue condenada por no expresar sentimientos de duelo y tristeza en público por su enamorado. Los televidentes y lectores iban tomando bandos. En las tres ocasiones que declaró para la fiscalía en Arequipa fue llamada “asesina” por la gente que se encontraba en el aeropuerto o que aguardaba afuera de la sede del Ministerio Público. Le arrojaron piedras, naranjas podridas y huevos. Pero los ánimos tampoco se calmaron cuando en octubre del 2011 hallaron el cadáver de Ciro Castillo. Una declaración de su hermana encendió la mecha una vez más. Dijo que le parecía extraña la forma en que se encontró el cadáver. Se desató un debate sobre si el joven cayó o fue empujado por Ponce o terceros.

En este caso, señala Teresa Quiroz, la familia de Ciro Castillo pretende tener una injerencia en el proceso judicial. Para eso se ha apuntado a todo aquello que hubiera podido pasar. A sus parejas anteriores y su vida como madre soltera. Todo ha sido válido con tal de lograr la sostenibilidad del caso. Desde el punto de vista de Juan Gargurevich, no es sorprendente la conclusión a la que llegó la fiscal: indicios de que Ponce haya empujado a Ciro Castillo. “Hay tal presión mediática que no puede contradecir a la mayoría”, señala.Tanto él como Quiroz creen que es necesario el debate público para señalar las evidentes limitaciones que tiene la autorregulación.

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Un comentario en “La doble sentencia a Eva Bracamonte y Rosario Ponce

  1. “…En este caso, señala Teresa Quiroz, la familia de Ciro Castillo pretende tener una injerencia en el proceso judicial…”

    No està de màs recordar a esta tan “enterada” articulista (que tal vez solo sea las 3 ùltimas silabas de esa palabra) que si la familia Castillo hubiese logrado esa pretendida “injerencia” en forma exitosa, en estos momentos los presuntos compinches de la presunta homicida ya estarian empapelados hasta el cu…ello y no la hubieran librado tan fàcil (el chico de las llamadas, el oficial solicito, el arqueologo del shock, el vidente torturador, el general empeñoso, el minero omnipresente, etc) estarian mencionados en el dictamen de la Dra. Lozada como lo que presuntamente son: encubridores. Pero ante el descontento y decepciòn del padre del cadàver, la Fiscal decidiò desestimar el “encubrimiento real” y solo optò por direccionar las investigaciones contra Rosario.

    Sigue Victorio colocando articulos que màs parecen sacados de una reuniòn de tias y no por periodistas objetivos y enterados.

    Y por cierto, ya que aludieron a Eva Bracamonte (a mi entender bien sentenciada) mejor pregùntenle a Liliana si eso de la supuesta “investigaciòn de la cobertura mediàtica del caso Feffer” presuntamente en manos de una conocida personaje de la faràndula local, es como dicen. Creo que por alli no va la cosa. Es “otra cosa”. Que tiene que ver con temas menos “profesionales” y lo dejo alli. No vayan a decir que en este foro discriminamos a las “planchas quemadas…”

    Y por cierto, ya que hablamos de crimenes y presuntos crimenes, por què no defienden tambièn al Cholo Payet y al Loco David. Que se sepa, Walter Oyarce muriò en medio de una violenta gresca frente a otros barrabravas como èl pero màs viejonazos, màs recorridos y con instintos asesinos. Pero no hay pruebas (solo testimonios de testigos ocultos que no han dado la cara e indicios). No se ha demostrado (ni Baraybar lo ha hecho) que a Walter lo empujaron. Pudo ser y pudo no ser (la defensa del Loco David tambien presentò testigos que dicen que “Walter se cayò solito”) pero igual los han encanado: Por indicios (y no dudo que seran condenados, como lo fue Eva Bracamonte y muy probablemente lo sea Rosario Ponce si prospera la acusaciòn Fiscal). No he visto una filmaciòn donde se vea al par de energumenos de la U arrojar al vacio al tambièn “exacerbado” hincha aliancista (lo digo con respeto pero con objetividad, porque tambièn hemos visto el video donde en pleno partido Walter y sus numerosos compañeros de palco, “alentaban” desaforadamente a su equipo, provocando la ira de los desadaptados “cremas” que veian eso como un insulto en su propia casa (otro “indicio” que fue usado por la defensa de Walter para probar que esos “asesinos” lo mataron porque no soportaron que aliente a su equipo). Y por cierto, no està de màs recordar que los numerosos “amigos” de Walter no estaban presentes cuando èste decidiò enfrentar, en desigual pelea, a los 2 energumenos adversarios….

    Dije lo anterior, porque no està de màs tampoco recordarles que al parecer, para los “lideres de opiniòn” o “periodistas serios” no resulta “rentable”`para sus carreras, emplear la misma “objetividad” que creen estàn empleando para “condenar” la sentencia a Eva Bracamonte y el encausamiento contra Rosario Ponce por presuntamente basarse los juzgadores “solo en indicios” Alli se le irian encima muchos porque “no es bueno defender pandilleros” Mucho menos si son “barrabravas” de conocidos equipos de fùtbol. Lo de Ciro aùn no se comprueba que fue crimen. Segun la Fiscal, hay indicios que apuntan a que fue crimen y la culpable seria Rosario Ponce. A Miriam Feffer la matò el sicario Payaso. No hay una grabaciòn donde se demuestre que Eva le dijo a Trujillo Ospina: “Cuanto me cobras por matar a mi mami”. Tampoco hay una grabaciòn donde la vean a ella “facilitàndole la entrada” al sicario. Pero la condenaron. A Walter Oyarce posiblemente lo mataron. O posiblemente “se cayò solito” al pretender ingresar a otro palco o ponerse a buen recaudo en una pelea que estaba perdiendo (por obvias razones). Pero no se ve en ninguno de los videos presentados hasta ahora que el Loco David o el Cholo Payet le estèn levantando una pierna para provocar su caida. Ni que lo hayan cogido de alguna parte del cuerpo y lanzado al vacio…

    Justicia para Walter Oyarce. Y para el Loco David. Y para el Cholo Payet. De una vez… Y a ver si alguien se anima a “defenderlos” en los medios. (deseo màs inutil que “chimbombo superdotado”.

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