Las horas perdidas: Se presume culpable

El llamado caso Paulette ha estado en la agenda mediática desde que el rostro de la pequeña invadió las redes sociales en la web y los noticieros vespertinos.

Por Ricardo García Mainou – Publicado en El Economista de México el 6 de Abril del 2010

A la nota que pedía auxilio para ubicar a la pequeña, la acompañaba un misterio de habitación cerrada digno de Agatha Christie: ¿dónde está Paulette? La niña de cuatro años aparentemente había sido sustraída de su recámara, durante la noche, en un apartamento, donde dormían sus padres y hermana, en uno de los edificios más vigilados de Interlomas.

Con frenesí mediático, seguimos una investigación que llevó a la procuraduría del Estado de México sucesivamente a movilizar la estrategia antisecuestro; llevar perros de búsqueda al departamento. Arraigar [detención] a los padres y nanas de la pequeña para examinar bien el sitio y sus declaraciones. Consultar con un equipo de psicólogas. Encontrar, en una vuelta de tuerca horrible, el cuerpo de la pequeña en su propia recámara. Y luego señalar como principal sospechosa (indiciada) a la madre. Todo para después liberar a ambos padres, y reservarse la posibilidad de realizar una investigación más cuidadosa.

Desde hace días, sin embargo, los medios habían cerrado el caso, y el público también. Partiendo de un casual “parece que fue la mamá”, pregonado como rumor de sobremesa, y concluyendo con las groseras invectivas que saturaron los mensajes del público en sitios periodísticos de Internet; el veredicto era contundente: tenía que ser ella.

La reportera de Milenio TV que entrevistó a la señora Farah se congratulaba de su exclusiva como si hubiera interrogado al mismísimo Hannibal Lecter.

La psicóloga de la procuraduría analizó justamente esa entrevista en conferencia de prensa, aventurando que la señora era prácticamente una psicópata con personalidad múltiple. La videncia antes de la evidencia.

Sabemos que la presunción de inocencia no existe en la justicia mexicana.

Se presume la culpabilidad y se arma el expediente. Si no fuera así, resulta injustificadamente cruel la metodología científica (como dice Peña Nieto) de su procuraduría. Avisarle a la madre arraigada sin más que su hija está muerta, para inmediatamente después someterla a pruebas psicológicas para medir su reacción: una de las más graves muestras de empirismo policial de que tengamos memoria.

Un cadáver que se descubre diez días después, “debajo del colchón”, en una cama donde durmieron visitas, se celebraron entrevistas, buscaron padres, policías y perros, donde las nanas cambiaron sábanas varias veces. Y ninguna de esas personas encontró, olió, percibió, detectó, sospechó que había un cuerpo. Es absolutamente inverosímil pensar que ahí estuvo todo ese tiempo. La pregunta debiera ser quién lo dejó ahí mientras los padres estaban arraigados, cómo lo hizo y para qué.

No es propósito de esta columna absolver o señalar a Lisette Farah como homicida, eso le corresponderá en su momento al poder judicial. Sólo baste señalar que hay demasiadas irregularidades en este caso como para hablar de certezas.

La voracidad mediática es más importante que la dignidad humana, basta ver a Adela Micha, salivando ante rumores de infidelidad; pidiendo (exigiendo) reiteradamente a la dolida madre que elucubre alguna teoría.

Quisiera que reflexionáramos una cosa: si Lisette Farah es inocente (que es lo que debiéramos presumir todos, carajo, antes de que se demostrara lo contrario) la manera en que se la ha tratado: por la prensa, la justicia, y hasta el marido, es de crueldad indignante.

Comentario de Victorio Neves de Baers – La Procuraduría General de Justicia de México, el 21 de Mayo del 2010, declaró que la muerte de Paulette fue un accidente y archivó el caso. No todos han hecho un mea culpa, en un caso en el que millones de mexicanos condenaron con opiniones y especulaciones a una inocente.

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