La cochinada daily news

Prensa y poder, mejor peleados que aconchabados.

Por Augusto Alvarez Rodrich – Publicado en La República el 28 de Noviembre del 2012

Un exceso de franqueza de Ollanta Humala al sumarse con entusiasmo a la crítica de siempre de Rafael Correa contra la prensa, desató iras y furias de distinto calibre en el periodismo local, pero sería bueno recordar que, en la relación entre prensa y poder, mejor andamos peleados que aconchabados.

“Cada vez que me hacen esa pregunta en Europa les digo que allá jamás permitirían publicar la cochinada que publica la prensa aquí (en Ecuador). En el caso peruano no puedo decir lo mismo porque son capaces de publicar eso y más”, dijo el presidente Correa el viernes pasado, en Cuenca, lo cual no sorprendió a nadie pues su animadversión a la prensa ya es tradicional.

Lo que sí sorprendió fue que, a continuación, Humala dijera que “(en el Perú) son iguales”.

El premier Juan Jiménez trató de ‘barajarla’, aunque con poco éxito pues concluyó que “bueno, uno puede tener una opinión, pero es parte de la libertad de expresión”.

Es evidente que, desde hace tiempo, Humala demuestra una animadversión creciente hacia el periodismo, pero no sería el único.

El presidente Correa me contó en una entrevista que, en todas las reuniones de jefes de Estado de la región, cuando están en privado, los presidentes ‘rajan’ sin misericordia de la prensa, solo que –agregó– muy pocos lo dicen, como él, en público.

Ollanta Humala tiene, además, buenas razones para creer que el periodismo difunde cochinadas. Durante la campaña electoral, varios medios le echaron excremento con ventilador para impedir su victoria.

Lo paradójico es que esos mismos medios son hoy sus principales adulones, pero eso, en lugar de limpiar su imagen ante Humala, simplemente constata que, antes que un compromiso con la verdad –el fin del periodismo–, lo que les interesa realmente es la plata, el vil metal.

De otro lado, como consumidor diario de unos quince periódicos peruanos, además de revistas, programas de televisión y radio, puedo dar fe de que, en mi humilde opinión, no todo lo divulgado recibiría el premio Pulitzer. Es más, se puede concluir que la cochinada abunda en todos los sentidos de este término.

Pocos son los mandatarios que, al menos mientras ejercen la función pública, se dan cuenta de que la fiscalización de la prensa los ayuda a gobernar mejor. Y casi ninguno estaría dispuesto a coincidir con Thomas Jefferson en que “es preferible una prensa sin gobierno, que un gobierno sin prensa”.

Mientras la hostilidad del gobernante no llegue a acciones ilegales como las que, lamentablemente, se ven en varios países de la región, en la relación con el poder, los periodistas debiéramos preferir insultos antes que elogios. Mejor de lejitos.

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