El Tribunal de la Tele: Medios de Comunicación y Política Criminal

Por Oscar Sumar – Publicado en Gestión el 12 de Febrero del 2013

Tal como señala Sara Sun Beale, profesora de Duke University, en un estudio en el cual basaré este comentario (“The News Media’s Influence on Criminal Justice Policy: How Market-Driven News Promotes Punitiveness”), la prensa tiene una relación ambigua con el incremento de las penas. Por un lado, pueden fiscalizar casos de personas que han sido condenadas de manera injusta o pueden poner énfasis en la utilización de medios -como el polígrafo- para resolver más certeramente los casos. Por otro lado, sin embargo, la prensa puede influir en una percepción “sentimental” de los delitos, propiciando un incremento de las sanciones penales. La prensa puede hacer eso a través de tres mecanismos: (i) enmarcando las historias; (ii) infundiendo miedo; y (iii) remarcando estereotipos.

Así, Sun señala que “Los medios “enmarcan” historias cuando ellos “seleccionan algunos aspectos de la realidad percibida y los hacen más vistosos en el contexto comunicativo, de una manera que propone una definición dada del problema, interpretación causal, juicio moral, y recomendación de qué hacer al respecto”. Enmarcar es significativo porque activa algunas ideas, sentimientos y valores más que otros y, así, alienta ciertas líneas de pensamientos y lleva a la audiencia a arribar a ciertas conclusiones”. Los estudios académicos que correlacionan enmarcación con un incremento de las penas o probabilidades de ser sancionado se han enfocado en dos aspectos centrales: enmarcación anecdótica y el uso de guiones”.

quepaseLa “enmarcación anecdótica” significa hacer una noticia de un caso aislado (“x fue asaltado”), mientras que una noticia es “temática” o “no-anecdótica” cuando se refiere a un grupo de hechos o la causa de un fenómenos social (i.e. “Presidente Regional de La Libertad afirma que ola de violencia es una “exageración periodística””). Tal como señala Sun “La enmarcación anecdótica alienta a los televidentes a culpar de los problemas a los individuos señalados, mientras que la temática disuade la culpa entre una más amplia base social o política. En el contexto del crimen, la enmarcación anecdótica puede llevar a un incremento del apoyo a políticas punitivas, dado que los individuos que atribuyen el crimen a las características de los individuos se ha encontrado que apoyan más medidas punitivas que aquellos que atribuyen el problema a factores sociales”.

Mi amigo penalista Ricardo Elías ha destacado varios ejemplos de la reacción del Congreso ante noticias de casos que -aunque mostrados aisladamente- tuvieron un amplio impacto mediático. Así, tenemos el triste caso de Walter Oyarce. Refiere Elías que “Tres días después del deplorable asesinato del hincha aliancista Walter Oyarce en el Estadio Monumental, el Congresista Daniel Abugattas ha declarado que se presentará un proyecto de ley para sancionar con ocho años de cárcel la violencia en los espectáculos deportivos”. De similar manera, “El 4 de agosto de 2011, inescrupulosos asaltantes atentaron contra la familia del Congresista Renzo Reggiardo provocando que una de sus menores hijas quedara gravemente herida. Después de una ola de información periodística y de la indignación popular, el 9 de agosto el Congresista Amado Romero Rodríguez presentó el Proyecto de Ley No. 00015/2011 por el cual se pretende eliminar los beneficios penitenciarios para los delitos cometidos contra los menores de edad y el delito de robo agravado”. Elías nos da otros ejemplos en su interesante artículo. De manera general, menciona que “(…) en exactamente dos meses de labor parlamentaria, de los 228 proyectos de ley presentados, 40 inciden en materia penal”.

En relación a los “guiones”, estos son una secuencia coherente de hechos o datos esperados por el individuo. Estas secuencias nos ayudan a entender mejor la información. Piense en una telenovela. celular_ojoComienza con una muchacha abandonada a su suerte, luego encuentra un trabajo en la casa de su príncipe azul, quien la descubre…etc., etc. Hasta aquí, nada nuevo. Lo llamativo es que investigaciones han demostrado que las personas podemos “llenar” con nuestra imaginación los vacíos de un guión, cuando se nos presenta una nueva historia con un “hueco”. Esto sería inofensivo en el caso de una novela, pero qué pasa si la historia es un crimen real. Como reseña Sun, luego de ser sometidos a guiones, “(…) más del 60% de los sujetos que vieron un programa televisivo que no incluía un perpetrador del crimen, falsamente recordaron haber visto uno, y el 70% recordó que el perpetrador -no visto- era Afroamericano” (¡!).

En relación al segundo punto, los medios suelen destacar las noticias más sangrientas o escabrosas. Esto genera miedo en la audiencia, la cual estará -entonces- más propensa a aceptar soluciones más drásticas, habitualmente incrementando las sanciones. El eterno debate por la pena de muerte para las violaciones es un buen ejemplo. Pese a que las normas internaciones nos impiden adoptar esta medida, ha sido propuesta incontables veces en los últimos años. Esto también ayudaría a explicar por qué existen algunas penas que parecen desproporcionadas. Por ejemplo, en Perú, si un secuestrado es herido gravemente o muerto, el secuestrador recibe cadena perpetua (art. 152 CP); pero si alguien invade con una banda y armas de fuego una propiedad, solo recibe una pena de entre 2 a 6 años (art. 204 CP).

El tercer punto tiene que ver con la tipificación social o racial. El estudio de Sun reseña la discrepancia entre la cobertura mediática de los delitos cometidos por jóvenes y los delitos que realmente cometieron. Así, mientras solo el 9% de los delitos habían sido cometidos por jóvenes en EE.UU., el público aseguró -en una encuesta- que eran responsables del 43% (¿alguien dijo “Gringasho”?). Algo similar ocurre con relación a la raza, habiendo una desproporción entre el número de víctimas de raza negra, la cobertura mediática y la percepción pública. De igual manera, las minorías aparecen más frecuentemente -y desproporcionadamente- en los medios como sospechosas de crímenes.

¿Qué resultados arrojaría un análisis similar al de Sun acerca de la prensa peruana y su relación con la política criminal?

Por una Justicia previa al Juicio

Extracto del artículo de Ernesto De La Jara publicado en Diario 16 el 11 de Febrero del 2013

Para airearnos un poco de la revocatoria o del indulto a Fujimori, hablemos de otro tema: cárceles. En su discurso de despedida como presidente de la Corte Suprema, César San Martín presentó un dato que expresa un cambio en la administración de justicia que, al entenderse bien, algunos celebrarán y otros pifiarán.

El dato es que con el Nuevo Código Procesal Penal se está reduciendo significativamente el número de personas que están en la cárcel solo por estar siendo procesadas y no por ya haber sido condenadas. Mientras que en Lima, todavía con el viejo código, estos presos sin condena son la mayoría (el 68 %); en Arequipa, ya con el nuevo –dijo con satisfacción– han pasado a ser minoría (el 24 %).

¿Qué quiere decir en realidad este descenso? Acá viene lo que puede gustar o disgustar: los acusados de haber cometido un delito ya no son enviados casi siempre a la cárcel, sino que cada vez son más los casos en los que los jueces permiten que se enfrente el juicio en libertad.

El primer argumento para considerar que estamos ante un anuncio positivo es que los fiscales y jueces estarían actuando, de esta manera, más ceñidos a lo que jurídicamente corresponde. De acuerdo al derecho nacional e internacional, una persona que no ha sido condenada solo debe ser encarcelada cuando exista un peligro real de fuga o de alteración de pruebas. Siempre y cuando, además, este peligro no se pueda eliminar de una manera menos drástica, a través de medidas alternativas a la cárcel, como podría ser el uso de brazaletes (¿no se habían comprado ya?) o la comparecencia restrictiva (contacto permanente con el juzgado, no salir del país, etc.), entre otras.

También estaríamos ante un cambio acertado porque se estaría evitando que miles de personas vayan a la cárcel, no solo de manera ilegal, sino innecesariamente, lo que significaría un ahorro de millones horas-hombre-mujer de sufrimiento.

Hay también razones pragmáticas –de seguro más convincentes– para defender que es mejor tener menos personas sin condena en las cárceles. La reducción de la población penitenciaria traería un inmenso ahorro económico para el Estado.

Actualmente, se tiene que hacer una serie de gastos en infraestructura, alimentación, seguridad, salud, entre muchos otros aspectos, para los cerca de 60 000 presos que hay a nivel nacional (60 % son solo procesados). Este número global es el resultado del fuerte incremento que ha habido en la última etapa: hace 10 años eran cerca de la mitad, y últimamente hay unos 10 000 presos más por año. Es por eso que las cárceles tienen el doble de la población que deberían albergar de acuerdo a su capacidad.

Sin embargo, bien sabemos que muchos serán los que crean que el juez San Martín nos ha dado una pésima noticia. En nombre de la seguridad ciudadana alegarán que lo conveniente es lo contrario: que todo aquel que se crea ha cometido un delito, debe ir, por principio, a la cárcel. Toda medida alternativa sería finalmente peligrosa y un mal mensaje.

Más allá de que se trate de una concepción que choca con el derecho, preguntémonos: ¿qué tan cierto es que, si se deja de mandar a la cárcel a un buen número de acusados y procesados, la ciudad se vuelve más insegura?

Por lo menos, en el caso de Arequipa parece que no ha sido así. De acuerdo a la encuesta de victimización realizada el año pasado por Ciudad Nuestra, de diez ciudades evaluadas, Arequipa está entre las tres menos inseguras, cuando, hace un año, estaba entre las tres más inseguras. Además, tiene una percepción de inseguridad menor al promedio.

Una razón más para evaluar, ¿cuántos del altísimo número de los procesados que hoy están en la cárcel podrían (deberían) seguir sus juicios en libertad?

No hubo un tercero

Publicado en Peru21 el 12 de Febrero del 2013

Las cuatro fotos en las que aparecen Ciro y Rosario en el cerro Bomboya, y que se sospechaba que las tomó una tercera persona, fueron analizadas por el área de Alta Tecnología de la Fiscalía.

El jueves de la semana pasada notificaron a los abogados de ambas partes y en el informe se concluye que todas fueron tomadas en modo automático.

Según el documento, los peritos descartan que la pareja haya estado acompañada por otra persona en su travesía por el valle del Colca, como se había especulado en algún momento.

Las cuatro fotos fueron analizadas a pedido de la fiscal María del Rosario Lozada Sotomayor. En la primera vista, la pareja se encuentra en las faldas del Bomboya antes de iniciar el ascenso. La segunda es de noche y con una fogata en las ruinas de Fortaleza. La tercera los muestra con el fondo del abismo y en la cuarta están los dos parados en unas gradas de piedra.