Por una Justicia previa al Juicio

Extracto del artículo de Ernesto De La Jara publicado en Diario 16 el 11 de Febrero del 2013

Para airearnos un poco de la revocatoria o del indulto a Fujimori, hablemos de otro tema: cárceles. En su discurso de despedida como presidente de la Corte Suprema, César San Martín presentó un dato que expresa un cambio en la administración de justicia que, al entenderse bien, algunos celebrarán y otros pifiarán.

El dato es que con el Nuevo Código Procesal Penal se está reduciendo significativamente el número de personas que están en la cárcel solo por estar siendo procesadas y no por ya haber sido condenadas. Mientras que en Lima, todavía con el viejo código, estos presos sin condena son la mayoría (el 68 %); en Arequipa, ya con el nuevo –dijo con satisfacción– han pasado a ser minoría (el 24 %).

¿Qué quiere decir en realidad este descenso? Acá viene lo que puede gustar o disgustar: los acusados de haber cometido un delito ya no son enviados casi siempre a la cárcel, sino que cada vez son más los casos en los que los jueces permiten que se enfrente el juicio en libertad.

El primer argumento para considerar que estamos ante un anuncio positivo es que los fiscales y jueces estarían actuando, de esta manera, más ceñidos a lo que jurídicamente corresponde. De acuerdo al derecho nacional e internacional, una persona que no ha sido condenada solo debe ser encarcelada cuando exista un peligro real de fuga o de alteración de pruebas. Siempre y cuando, además, este peligro no se pueda eliminar de una manera menos drástica, a través de medidas alternativas a la cárcel, como podría ser el uso de brazaletes (¿no se habían comprado ya?) o la comparecencia restrictiva (contacto permanente con el juzgado, no salir del país, etc.), entre otras.

También estaríamos ante un cambio acertado porque se estaría evitando que miles de personas vayan a la cárcel, no solo de manera ilegal, sino innecesariamente, lo que significaría un ahorro de millones horas-hombre-mujer de sufrimiento.

Hay también razones pragmáticas –de seguro más convincentes– para defender que es mejor tener menos personas sin condena en las cárceles. La reducción de la población penitenciaria traería un inmenso ahorro económico para el Estado.

Actualmente, se tiene que hacer una serie de gastos en infraestructura, alimentación, seguridad, salud, entre muchos otros aspectos, para los cerca de 60 000 presos que hay a nivel nacional (60 % son solo procesados). Este número global es el resultado del fuerte incremento que ha habido en la última etapa: hace 10 años eran cerca de la mitad, y últimamente hay unos 10 000 presos más por año. Es por eso que las cárceles tienen el doble de la población que deberían albergar de acuerdo a su capacidad.

Sin embargo, bien sabemos que muchos serán los que crean que el juez San Martín nos ha dado una pésima noticia. En nombre de la seguridad ciudadana alegarán que lo conveniente es lo contrario: que todo aquel que se crea ha cometido un delito, debe ir, por principio, a la cárcel. Toda medida alternativa sería finalmente peligrosa y un mal mensaje.

Más allá de que se trate de una concepción que choca con el derecho, preguntémonos: ¿qué tan cierto es que, si se deja de mandar a la cárcel a un buen número de acusados y procesados, la ciudad se vuelve más insegura?

Por lo menos, en el caso de Arequipa parece que no ha sido así. De acuerdo a la encuesta de victimización realizada el año pasado por Ciudad Nuestra, de diez ciudades evaluadas, Arequipa está entre las tres menos inseguras, cuando, hace un año, estaba entre las tres más inseguras. Además, tiene una percepción de inseguridad menor al promedio.

Una razón más para evaluar, ¿cuántos del altísimo número de los procesados que hoy están en la cárcel podrían (deberían) seguir sus juicios en libertad?

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4 comentarios en “Por una Justicia previa al Juicio

  1. Victorio, es que acaso ya estás preparando tu estrategia cuando el caso Ciro pase a la fase del juicio oral? Es decir, defender a Rosario para que enfrente este juicio en libertad y no en la cárcel?

  2. En libertad, con comparecencia restrigida o en carcel, igual la imputada, sera juzgada, respetando todos sus derechos (y eso que ella no respeto los de ciro!) y puesta, al finalizar el juicio oral, a buen recaudo en la carcel de mujeres de arequipa…

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