Crimen: Tres grandes distorsiones

Por Diego García Sayán, Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y Director General de la Comisión Andina de Juristas – Publicado en La República el 7 de marzo del 2013

Es increíble el simplismo con el que algunos medios de comunicación vienen manejando lo que, por lo visto, ven como tema “taquillero”: el crimen y los homicidios. Parecería que a fuerza de repetir lugares comunes o distorsiones, se quisiera amoldar la realidad a lo que esos medios o políticos imaginan. Vaya uno a saber con qué objetivo.

Es irresponsable manipular el delicado y complejo asunto de la criminalidad. Alimentar y retroalimentar prejuicios y distorsiones impide una visión objetiva y realista de los hechos, única base para el diseño de políticas y estrategias adecuadas. Que hay criminalidad, no es novedad. Y que golpea impunemente afectando a miles de ciudadanos de bien, tampoco. Pero en ese contexto hay tres grandes distorsiones que hoy navegan impunemente sin que casi nadie las enfrente.

La primera: que los homicidios “aumentan” de manera vertiginosa en el Perú, a un punto en que se estaría convirtiendo en una “Centroamérica”, como El Salvador u Honduras (85,5 por 100.000 habitantes). Eso no es verdad, ni las cifras disponibles en los informes internacionales lo corroboran. Me toca viajar casi todas las semanas por diferentes países latinoamericanos en los que el panorama sí es alarmante y se ha escapado de las manos. Es fácil darse cuenta de ello en San Pedro de Sula, por ejemplo, en donde hay un homicidio cada 81 minutos.

Entre todos los países de América, el Perú está dentro del 25% con menos homicidios (de 10 a 11 por 100.000 habitantes). En el 75% restante de países, la proporción de homicidios es superior. Entre los que nos “ganan”, largamente, están Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Venezuela (y todos los centroamericanos). La proporción en el Perú se mantiene más o menos estable. Hay un “salto” estadístico del 2004 al 2005 porque se modificó la metodología estadística del Estado peruano.

La segunda distorsión: explicar la criminalidad por la falta de policías y las leyes penales “blandas”. Es verdad que faltan policías y que las normas muchas veces no se aplican. Pero nada se conseguirá si no se enfrentan dinámicas sociales de las que emergen bandas juveniles, como las “maras” centroamericanas, o reclutas para el sicariato (que se nutre del narcotráfico y de otras ilegalidades como la minería informal). Hay que poner el dedo en esa llaga y ya. Antes de que las estadísticas sí se parezcan a lo que ciertos agoreros ya “describen” como realidad de hoy.

Las experiencias exitosas de enfrentamiento al crimen en América Latina son resultado de respuestas multifacéticas y concertadas. Que han abordado, entre otros temas, el marco dramático de familias desestructuradas y de vidas sin rumbo. En Medellín y Bogotá fue central el entrecruzamiento de tres variables: a) reforma y fortalecimiento de la policía; b) articulación con la acción municipal; c) participación y acción ciudadana. Incluso en la dantesca Ciudad Juárez, en pleno “narcoterritorio” de Chihuahua, la situación ha mejorado gracias a una acción estatal integrada. Con programas sociales, de empleo y de asignación de responsabilidades sobre bolsones de pobreza y hacia jóvenes enrumbados al sicariato.

La tercera distorsión: simplificar las respuestas y reducirlas a “más policías y más cárceles”. Se necesita más policías, sí, pero no “fast track”, graduados con menos de un año de curso luego del cual se les lanza a la calle legitimados por el Estado para disparar y detener. Sí, una policía razonablemente bien formada y conducida, honesta y que no se convierta en otro problema para la sociedad.

¿La cárcel? Por cierto que necesaria frente a delitos serios. Pero es frívolo y simplista proponer eso como poción mágica. Las cárceles ya son una universidad del crimen. Saturarlas más solo nos conduciría a situaciones explosivas con decenas de muertos en motines y riñas. Las penas de trabajo comunitario están previstas en la ley y funcionan bien en muchos países. Es una de las respuestas que el sistema puede dar a los “primerizos” y es, acaso, un camino que abre más posibilidades de rehabilitación y reinserción.

¿Es tan difícil hablar con información seria y cierta?

3 comentarios en “Crimen: Tres grandes distorsiones

  1. Cierto, pero en ninguna parte del artículo se habla de la prevención; ahora el gobierno está intercambiando bomberos para apagar el supuesto incendio, pero nunca es tarde para repensar qué originó el fuego; porque si se apaga este, volverá a aparecer otro.

    Educación, Reducción de la pobreza, Mejores leyes, y otros temas siempre han sido y serán más importantes, y no deben ocupar el segundo lugar. Ojo que no hay que descuidar el aspecto correctivo, es decir una mejor Policía, un mejor Sistema Correccional, etc.

  2. No se debe esperar estar entre los primeros puestos de violencia y delincuencia para recién tomar cartas en el asunto. Es necesario frenar esto ya mismo, para que podamos y los turistas puedan disfrutar a gusto de nuestro querido y hermoso Perú.

  3. La lucha contra la violencia tiene varios aspectos, en nuestro caso es todo un reto como lo fue la lucha contra el terrorismo, finalmente se venció a éste con una fina labor de inteligencia y una lucha conjunta con el pueblo como fueron las rondas campesinas. Podemos valernos de esa experiencia para combatir a la delincuencia actual. En la película Tropa de Elite sobre la lucha de la policía brasilera contra las bandas de las favelas muestra con crudeza que se requiere un esfuerzo casi militar y una mística a toda prueba en esa guerra contra la delincuencia organizada.

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