El Precio de hacer Justicia – IV

Leer aquí la parte III

Son pequeños triunfos que los magistrados graban como muescas en la culata de sus pistolas. El juez José Castro se ha anotado ya unas cuantas. El instructor del caso Palma Arena ha adelgazado en los últimos tiempos, pero no por las mismas razones que Iñaki Urdangarin, su imputado más famoso.

Por prescripción médica, Castro, de 67 años, ha cambiado las motos de gran cilindrada por la bicicleta. Viéndole pedalear los cinco kilómetros desde el juzgado a su adosado en la playa, a este cordobés podría adivinársele una tranquila vida de jubilado. Pero que nadie se llame a engaño: le siguen gustando las emociones.

Abuelo separado y con novia, tiene un hijo abogado y otro procurador, muy aficionados al deporte, como él. Dueño de un perrito Yorkshire, por ello Castro no deja de ser un lobo solitario que rehúye los actos en grupo. No se deja ver mucho por los bares y restaurantes de Palma, aunque le gusta tomar un café con todas las partes para limar asperezas tras sus interminables interrogatorios. El cordobés es un personaje cercano que se hace llamar Pepe y no deja que le traten de usted. Guarda una buena relación con funcionarios y policías, quienes aprecian que no se pierda un registro, sea en casa del expresidente de Baleares, Jaume Matas, o en las chabolas de Son Banya. No está adscrito a ninguna asociación de jueces, pero no le hace falta: Castro es una de esas raras figuras de consenso que de vez en cuando surgen en una profesión rica en puñaladas. Incluso los que no le aprecian por su vivo temperamento o su carácter inquisitivo le respetan en función de una solvencia y obsesión por la verdad que le ha ocasionado más de un disgusto. El más reseñable quizá se lo dio su amigo el inspector José Gómez Navarro Pepote, condenado a nueve años de prisión por extorsionar a la jefa de un clan de la droga. Cuando el caso llegó a su juzgado, Castro se inhibió para juzgar, pero testificó sin sentimentalismos. El proceso le dejó profundamente herido, y no solo porque se sintiera traicionado: la visión de cómo la corrupción era capaz de empapar cualquier corazón le asqueó.

Todo un veterano en el último tramo de su carrera, Castro ahora solo atiende el caso Urdangarin y cubre guardias. Conoce la Justicia desde su base porque antes de acceder a la judicatura fue funcionario de prisiones. Cumpliendo el patrón, cuando en 1990 se instaló en el juzgado de instrucción 3 de Baleares, las islas eran un destino tranquilo. Hasta que comenzó a emerger la corrupción, con Jaume Matas como protagonista indiscutible. Los poderes políticos pronto intentaron hacerle ver al juez quién mandaba. Pero él no se dio por enterado. La lucha en torno al cacique de las islas fue encarnizada, con la Fiscalía General del Estado volcada para evitar una imputación que se acabó convirtiendo en ineludible.

De sus últimas pesquisas sobre una de las fuentes de enriquecimiento ilegal de Matas, la construcción del velódromo Palma Arena, salió en una fina labor de cruce de datos fiscales y cuentas la pieza separada que lanzó el proceso de Urdangarin. Antes de imputar al duque, cuentan sus próximos que se lo pensó mucho. Temía una tormenta ingobernable, pero algo entre el sentido del deber y el gusanillo del reto le pudo. Sus detractores dicen que ese gusanillo es toda una serpiente: el ego de un hombre al que le gusta disparar al sol.

precio5

JOSÉ CASTRO, CASO NÓOS
Córdoba, 1945
Separado y con dos hijos.
Desde 1976 ha pasado por juzgados de Dos Hermanas (Sevilla), Arrecife (Lanzarote) y Sadabell (Barcelona). En 1985 llegó al de lo Social 2 de Palma y en 1990 pasó al de Instruccion 3.
Reclamó la investigación de los fiscales, la Guardia Civil y Hacienda sobre el patrimonio de Jaume Matas y la unió a la que instruía sobre las irregularidades en el velódromo Palma Arena. De esa semilla nace el caso Nóos, por el que imputa a Iñaki Urdangarin.

El respeto que Castro concita en propios y extraños le ha aislado de presiones, aunque los medios de comunicación más conservadores se hayan lanzado a investigar la compra de su casa sin demasiados resultados. A pesar de su afabilidad, no concede entrevistas y no habla nunca de los casos en que trabaja. Prefiere charlar de las alineaciones del Real Madrid. Su medio de comunicación oficial son sus autos y sentencias, auténticos eventos en las islas. En un tono llano pero cargado de ironía, el magistrado se esfuerza porque el texto le resulte accesible al ciudadano. Matas aún está digiriendo algunas de las estocadas que le dejó en su auto de imputación: “Es claro que Matas ha venido a burlarse de los simples mortales”.

Sus interrogatorios también son célebres. El juez se muestra respetuoso, pero no admite componendas. Insiste hasta conseguir la respuesta más precisa posible con un lenguaje directo. No tiembla ante lances que otros considerarían temerarios. “Vamos a ver, señora”, se plantó ante las evasivas de Ana María Tejeiro, mujer del socio de Urdangarin, “lo digo para deshacer, porque dice usted: ‘no, hombre, porque como [la infanta Cristina] era quien es’, pues da la impresión de que doña Cristina no está imputada porque es quien es, y yo le digo que me ayuden a imputarla, si es que se tiene que imputar ¿eh?, si es que se tiene que imputar, para que no parezca que no lo está por ser quien es ¿entiende?”.

Pero la temeridad no suele salir gratis. Lo sabe Baltasar Garzón, juez que reunía todos los requisitos de la inexpugnabilidad: un puesto en la Audiencia Nacional, proyección pública, prestigio internacional… Nada de eso le evitó ser expulsado de la carrera judicial mientras luchaba para desenmarañar la tupida trama Gürtel, un dolor de muelas para el partido en el Gobierno. Su sucesor en el caso, Antonio Pedreira, demostró que la salud entra igualmente en la apuesta por la justicia. El juez sufre ahora en una cama, minado por la enfermedad.

Leer aquí la parte V.

4 comentarios en “El Precio de hacer Justicia – IV

  1. Para los que no están enterados Iñaki Urdangarin, Duque de Palma de Mallorca, es el yerno del Rey de España, casado con su hija la infanta Cristina. Además es el representante de Telefónica en Washington D.C. para asuntos latinoamericanos; y ha obtenido medallas olímpicas en balonmano para España en 1996 y 2000.

  2. Hoy el juez Castro citó a la infanta Cristina, tiene sospechas de si conocía la responsabilidad de su esposo en el caso Nóos.

    “Surgen una serie de indicios que hacen dudar” de que [la Infanta] desconociera que su esposo la utilizaba como vocal en el ámbito de influencia de Nóos. “Conviene despejar en cualquiera de los sentidos, antes de finalizar la instrucción de esta pieza, la incógnita”, señala el juez. El objetivo, agrega, es que no se perpetúe la duda con un cierre en falso de la investigación. Y, sobre todo, escribe Castro en coincidencia con el Rey en su mensaje navideño: “Evitar el descrédito de la máxima de que la justicia es igual para todos”.

    En momentos que la sociedad española sufre una de sus peores crisis económicas y de valores, las dudas sobre la honorabilidad de los miembros de la corona podría ser fatal para su existencia; éstas deben ser despejadas.

    • Ojalá y así pensara la defensa de Rosario, que todas las muchas dudas que se ciernen sobre ella sean despejadas con las investigaciones y colaborar al respecto, y no entorpecer a la justicia como lo han hecho desde un inicio Rosario y entorno y a toda costa exigir que el caso se archive.

Deje un comentario (no es obligatorio el email)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s