El Precio de hacer Justicia – V

Leer aquí la parte IV.

Mercedes Alaya sabe también cómo puede resentirse un cuerpo sometido a presión. Su neuralgia del trigémino está relacionada con la tensión. La llamada “enfermedad del suicidio” implica indescriptibles dolores en los ojos, la mandíbula, y hasta el pelo, desencadenados por el mero roce del aire. Hace cinco meses que, cada vez que la juez de los ERE toca un papel, empieza a padecer.

A Alaya se la espera en Sevilla como una aparición mariana. “Los médicos han dado con la tecla de su enfermedad”, aseguran en los juzgados, pero el estado de salud preciso de la mujer que ha revolucionado Andalucía con una investigación que persigue la corrupción en cinco consejerías del Gobierno autonómico durante la última década es tan enigmático como ella.

La enfermedad de Alaya, como su personalidad arrolladora, brillante y ensimismada, plantea el debate de la unipersonalidad de las instrucciones. Sin su ambición y paciencia, el caso nunca habría visto la luz; ahora que la investigación parece tan pegada a ella como su propia piel, parece inimaginable que salga adelante sin ella. Dos habitaciones repletas de cajas de documentos marcados con post it escritos a mano la esperan: un laberinto para cualquier sustituto.

Los fiscales desesperan por el parón y porque la forma personalista en la que la juez ha dirigido una investigación descomunal y milimétrica dificulta la transición. Alaya, probablemente porque lleva dos años luchando contra la Junta, aseguradoras y bufetes muy preparados, no es precisamente cooperativa. Se guarda en el cajón piezas que dosifica según le parece oportuno. Los fiscales temen que esta política derive en delaciones que tumben parte de la acusación, algo similar a lo que ocurre en Galicia con la juez De Lara, a la que su exhaustividad la lleva a abrir causas sin detenerse a cerrar ninguna.

El caso de esta sevillana es distinto al de la mayoría de colegas retratados en este reportaje. A pesar de que no le falten los enemigos, no es una juez mártir. Tiene el respaldo de la Audiencia provincial, una página de fans en Facebook, y la prensa la lleva en palmas en una comunidad en la que muchos ciudadanos y poderes fácticos están quemados con las maneras del PSOE tras 30 años de hegemonía. Alaya ejerce una innegable fascinación sobre las cámaras. Coqueta, los días en los que sabe que será foco de las miradas elige sus mejores modelos. Pero no hay nadie más lejos de ser una mujer objeto. Ser madre del primero de sus cuatro hijos con apenas 20 años, y compatibilizarlo con las oposiciones y una exigente carrera, cinceló su fuerte carácter.

Alaya siempre se ha movido entre la timidez y el pundonor. Se ha debatido sobre si su imagen delicada la ha obligado a escenificar una dureza extrema para hacerse respetar. La recusación de la Fiscalía en 2010 —rechazada por la Audiencia provincial— en la que se ponía en duda su capacidad para juzgar el caso Mercasevilla por su matrimonio con un importante consultor que había auditado la empresa, la convirtió en un animal herido. “Me genera pudor hablar de mi vida privada, situación en la que creo que pocos jueces se han visto”, expuso en un escrito. Que se cuestionara su validez profesional le produjo una indeleble humillación.

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MERCEDES ALAYA, CASO DE LOS ERE
Sevilla, 1964.
Casada y con cuatro hijos.
Llegó en 1998 al Juzgado de Instrucción 6 de Sevilla tras pasar por Fuengirola (Málaga), Carmona (Sevilla) y un juzgado de primera instancia de la capital andaluza.
Detectó que un supuesto empleado de la empresa pública Mercasevilla había sido prejubilado sin haber trabajado jamás allí. Descubrió así una red de fraudes por la que ha imputado a 60 personas. Investiga el papel de la Junta de Andalucía, entre otros actores.

Alaya se sabe escrutada. Es discreta y no se deja ver por Sevilla. Pero en su juzgado no admite otra ley que la suya. Sus enfrentamientos a gritos con las partes han sido siempre sonados; por eso causó tanto estupor como admiración la estrategia que desarrolló en el interrogatorio del ex director general de Trabajo Javier Guerrero. Aquel día la conversación se desarrolló entre sonrisas y mohines a Guerrero, un personaje al que le encanta encantar. La juez dejó al interrogado sentirse a gusto y, entre chistes y requiebros, le hizo desembuchar toda la información que le implicaba en la trama fraudulenta. Cuando Alaya le entregó la imputación, las sonrisas se helaron.

La sevillana es un buen ejemplo del resbaladizo terreno que pisan los jueces que tienen en sus manos la moral de una ciudad. En determinadas situaciones parece fácil llegar a sentir que, si no es uno mismo, nadie será capaz de limpiar un horizonte emponzoñado. Una actitud que puede interpretarse como mesiánica, pero sustentada por una verdad. ¿Quién más estará dispuesto a recibir llamadas de personas importantes sugiriendo que es momento de frenarse? ¿Quién aceptará abrir el periódico para encontrar comentarios sobre su menú de batalla? Probablemente solo alguien que entienda que el premio merece la pena: pararse ante el silencio de un imputado, mirarle a los ojos y entender que hay que seguir adelante. Porque detrás hay una mentira.

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2 comentarios en “El Precio de hacer Justicia – V

  1. Hoy, en ABC de España:

    “… La juez Mercedes Alaya ha ordenado en la madrugada de este viernes el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza del «conseguidor» de los ERE y exsindicalista de UGT Juan Lanzas y del exdirectivo de la mediadora Vitalia Vida Antonio Albarracín, mientras que ha dejado en libertad con cargos al exsubdirector general de Mercasevilla Daniel Ponce, …

    Ha sido sobre las 6.50 horas cuando la magistrada de Instrucción número 6 de Sevilla ha comunicado a Albarracín y a Juan Lanzas el auto de ingreso en prisión tras la petición realizada al respecto por la Fiscalía Anticorrupción, que solicitó dicha medida de privación de libertad al entender, en el caso del exdirectivo de Vitalia, que su patrimonio «creció mucho» durante el periodo temporal en el que trabajó para Vitalia, entre los años 1995 y 2011.

    La juez ha enviado a Antonio Albarracín a la cárcel de Morón de la Frontera, mientras que Juan Lanzas será conducido a la de Sevilla-I….”

    Aquí si trabajan. “… madrugada … 6.50 horas…”, luego de una maratónica jornada iniciada a las 11 horas del Jueves, de casi 20 horas.

    • Los magistrados tienen grandes responsabilidades. Y en nuestro país, así como exigen (y se les ha otorgado) jugosos sueldos, también deberían esforzarse más en su trabajo y que las diligencias sean más rápidas y no haya tanta gente esperando condena tiempo tras tiempo, y muchas veces salen de la cárcel por exceso de carcelación, y algunos hasta fugan debido a esto y sus crimenes o delitos quedan impunes.

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