Negra noche

Ya lo saben. El ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, no tiene norte. Ni sur. Ni oeste. Tampoco este. Es así. Por donde se le mire, es un desbrujulado de tomo y lomo, o sea. O un desnortado, que también.

Por Pedro Salinas – Publicado en Hildebrandt en sus trece el 8 de Marzo del 2013

Va al Congreso y proclama con tan poca vergüenza lo bien que está haciéndolo, confundiendo realidad con sofismas. Hace un recuento de “acciones”, “logros”, “adquisiciones”, que salen de su boca como quien recita un poema. Pero claro. El caso es que no se trata de poesía, sino de demagogia. Porque en el Perú, qué quieren que les diga, en el Perú hasta George Bush calificaría de estadista. No sé si me explico. O si me dejo entender.

Lo que pasa es que aquí, y a ver si están de acuerdo conmigo, la fantochada y la chulería cada vez ganan más espacio. Y se nota más. Basta escuchar a los representantes del gobierno en los temas de seguridad ciudadana. O a sus escuderos en el Parlamento, defendiendo a sus compinches en el poder. Incapaces del menor sentido autocrítico, chillan que hay en marcha un “complot político contra la democracia”. Por dios.

Y como ahora está de moda esa cosa de las percepciones, pues a mí me ha quedado la sensación -después de escucharlo a Pedraza, y después de oír parlotear a los congresistas del nacionalismo-, que, la seguridad ciudadana está en manos de nadie. Y si me apuran, hasta diría que fuera de control.

Hablan de leyes, y las leyes no se aplican. O no solucionan nada. Hablan de patrulleros inteligentes, y lo paradójico es que, más que patrulleros, lo que nos falta son gobernantes juiciosos, intuitivos y despabilados. Hablan de políticas preventivas, pero en ningún caso explican cómo van a enfrentar el fondo del asunto, que es la corrupción en la policía, el poder judicial y los establecimientos penitenciarios. Hablan de gente capacitada y técnica que está asesorando al gobierno, y la verdad, al único que vemos empernado a su silla es al incombustible general Raúl Salazar, cuyo nombre suele vincularse a escándalos o a fracasos inocultables. Brujas de Cachiche. Kepashiato. La Parada. Notaría Paíno. Y así.

“A mí no me parece tan malo como lo pintan”, le dijo Pedraza a Mariella Balbi en El Comercio. Y eso lo pintó de cuerpo entero al propio ministro, pues era como decir que lo de Charles Manson en realidad fue un asunto de mala prensa. O algo parecido. Qué cosas.

Pero así estamos. Jodidos, para variar. Eso sí, pletóricos de artificios y la puntita nada más. Y como siempre: sin rumbo y camino hacia ninguna parte. Yo mismo, sin ir más lejos, luego de esta mala racha de pésimos gobiernos o gestiones mediocres que padecemos lustro tras lustro en el Perú, me ha dado últimamente por preguntarme si de verdad somos así de suicidas y tarambanas, que nos da por elegir cualquier cosa, ebrios de irresponsabilidad, o acaso hemos sido maldecidos por alguna infame divinidad que nos odia con odio jarocho. Y no encuentro la respuesta todavía, les confieso.

Si solo fuera lo de Raúl Salazar, todavía. Pero no. Lo de Salazar es solamente un síntoma. Y claro, si me preguntan, lo de Pedraza es apenas un mal chiste. En realidad el problema tiene nombre, y no solo eso: tiene nombre y apellido. Se llama Ollanta Humala. Y Humala, ya adivinarán. Anda por ahí, con su demagogia rústica y cuatroporcuatro. Pues ya está más que claro a estas alturas que, el mandatario no tiene ni puñetera idea sobre qué hacer para darle tranquilidad a las calles. Y es que ahí está el punto, digo. En que al presidente Humala no le avergüenza la incompetencia manifiesta y exasperante que le caracteriza. Por el contrario. Convive armónicamente con ella. Sin paltas. Como si fuese algo connatural y qué sé yo.

Bueno. Ya lo había dicho Virgilio, y en latín, pensando obviamente en el Perú (y en Humala, no faltaba más): Nox atra cava circumvolat umbra. La noche negra nos rodea con su envolvente sombra, es decir. Pues así nos va. Estamos siendo gobernados por un perdedor de éxito, cuya biografía, cuando sea volcada en Wikipedia, podría escribirse con quitamanchas.

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