Más prudencia en Interior

Por Marcos Ibazeta Marino – Publicado en su columna Sentido Común en Expreso el 14 de marzo de 2013

Parece que el ministro del Interior aún no es consciente del papelón hecho por su persona frente a los últimos acontecimientos delincuenciales que desbordaron, por su magnitud, crueldad y facilismo, toda tolerancia ciudadana, cuya masiva protesta lo puso contra la pared por su evidente debilidad frente al director PNP y a poderes que actúan sobre él desde sombras en el gobierno.La remoción del ex director PNP, general Raúl Salazar, no fue una decisión suya porque si así hubiera sido, no tenía que esperar tanto tiempo para adoptar una medida radical por la ineficiencia policial y falta de liderazgo institucional para enfrentar al crimen organizado y no organizado.

Ahora se jacta que él y solo él ha designado al nuevo director PNP dentro de una espiral triunfalista que no se condice con la realidad y que, finalmente, nadie se lo cree y seguro que ni él mismo está seguro de mandar como dice que manda. Ahora pone sus manos al fuego por el asesor presidencial de apellido Villafuerte cuando como ministro él no tiene vela en ese entierro pues, si ese asesor tiene el poder que se dice que tiene, no va a desaparecer porque el ministro del Interior lo diga, sino por lo que diga el futuro en la relación asesor-presidente.

Tampoco el ministro muestra signos de haber aprendido la lección y parece ser que considera que nos han tomado el pelo a todos los peruanos sacrificando al ex director PNP y pasando al retiro a los vinculados con el almuerzo en las Brujas de Cachiche como la gran solución y que toda la nación se lo ha creído. No es así, todo el Perú sabe que esas medidas fueron necesarias para salvar al ministro del Interior de una segura censura y de la interpelación que se venía contra el primer ministro.

En vez de estar alardeando tanto debería estar preparando una sólida planificación que se convierta en política de Estado en seguridad para que no vuelva a balbucear incoherencias ante el Congreso de la República. El problema no radica en la efectividad de la policía para resolver crímenes, a veces con métodos cuestionables y consecuencias imprevisibles por la carencia de pruebas sólidas que provoca el apuro; el problema está en la falta de eficacia en el control preventivo cuando inteligencia actúa a plenitud.

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