César Vallejo – Fresco

Llegué a confundirme con ella,

tanto…! Por sus recodos

espirituales, yo me iba

jugando entre tiernos fresales,

entre sus griegas manos matinales.

.

Ella me acomodaba después los lazos negros

y bohemios de la corbata. y yo

volvía a ver la piedra

absorta, desairados los bancos, y el reloj

que nos iba envolviendo en su carrete,

al dar su inacabable milinete.

.

Buenas noches aquellas,

que hoy la dan por reír

de mi extraño morir,

de mi modo de andar meditabundo.

.

Alfeñiques de oro,

joyas de azúcar

que al fin se quiebran en

el mortero de losa de este mundo.

.

Pero para las lágrimas de amor,

los luceros son lindos pañuelitos

lilas,

naranjos,

verdes,

que empapa el corazón.

Y si hay ya mucha hiel en esas sedas,

hay un cariño que no nace nunca,

que nunca muere,

vuela otro gran pañuelo apocalíptico,

la mano azul, inédita de Dios!