Condenaron a las hermanas Jara, pero igual salieron en libertad

Les dieron dos años y un mes de prisión, pero volvieron a su casa porque ya pasaron más de ese tiempo presas.

Por Gisele Sousa Días – Publicado en Clarín de Argentina el 10 de Abril del 2013

Esta es la historia de Ailén y Marina Jara, dos hermanas que quisieron defenderse de un vecino que las había acosado durante años y terminaron sentadas en el banquillo: no como víctimas sino acusadas de tentativa de homicidio. Y ayer este Tribunal de Mercedes dio otra muestra de los obstáculos con los que suelen enfrentarse las víctimas de violencia de género: los jueces no les creyeron y entendieron que no trataron de defenderse sino que planificaron el ataque juntas. Así resolvieron condenarlas a dos años y un mes de cárcel aunque las hermanas Jara ya cumplieron la peor de las condenas: pasaron más de ese tiempo presas y llegaron a estar tiradas y enfermas en el penal de máxima seguridad de Magdalena. Ahora volverán a su casa, en Moreno, justo a la vuelta de donde sigue viviendo el acosador.

Las hermanas, que hoy tienen 20 y 21 años, habían declarado que esa mañana se encontraron con Juan Leguizamón y discutieron “porque andaba diciendo que las dos teníamos relaciones con él”, según consta en el fallo. Luego, que el hombre sacó un arma, gatilló dos veces, se le tiró encima a Ailén y Marina lo apuñaló por la espalda para defenderla.

La versión de Leguizamón es que las hermanas lo esperaron cuando salía hacia su trabajo, que una primero le disparó y que cuando él se abalanzó para quitarle el arma, la otra lo apuñaló en los pulmones.

Los jueces le creyeron a él y condenaron a las hermanas como “coautoras de lesiones graves”. “No me asombra para nada: ellas tuvieron una defensora oficial que tampoco les creyó, aún cuando todos los testigos dicen que Leguizamón es un transa con protección policial, que viene de estar 8 años preso por robo y que las perseguía y acosaba sexualmente”, dijo a Clarín Gabriela López, parte de las organizaciones que se movilizaron.

Fueron varias organizaciones las que reclamaron que el juicio tuviera una perspectiva de género (ver “Repudio…”) para que se contemplara lo que venía ocurriendo. De hecho, en el fallo consta que Leguizamón decía por el barrio que se acostaba con las dos, que le mandaba mensajes con amenazas a Ailén, que una semana antes del hecho le había puesto un arma en la cara a Marina y cuando Ailén preguntó “por qué” le dio una piña, que le sacaba fotos a escondidas o que fue a buscar a Ailén para hablar y como ella no quiso se la llevó por la fuerza. Para la jueza Larroque no fue para tanto: resolvió que “la cuestión de género” fue traída al debate “muy tardíamente” y que se trata de “otro artilugio para mejorar su comprometida situación”.

Pero además, olvidó contextualizar: comprender, por ejemplo, que Moreno tiene el índice más alto de femicidios de la provincia y que cuando la policía se niega a tomar denuncias o los abogados descreen de lo que las víctimas no pueden probar con marcas, se pierde la oportunidad de evitar que el empujón, la amenaza o la piña terminen con una mujer muerta.

Las hermanas escucharon la sentencia y se abrazaron llorando. De fondo, quienes habían ido a apoyarlas cantaban: “Se va a acabar la violencia a la mujer, libertad para Marina y Ailén”. Y Elena, su mamá, que había contado que mantuvieron el silencio “por su poder en el barrio”, temblaba y decía: “Hay que aprender a denunciar”.

Anuncios

Un comentario en “Condenaron a las hermanas Jara, pero igual salieron en libertad

  1. “En algún lugar debe haber, por lógica, algo mejor que el ser humano”
    Nunca esta frase de Taylor es más apropiada que cuando ocurren estas injusticias. Y es que el espíritu se rebela contra el animal que llevamos dentro, contra el pecado original que permanece en nosotros. El miedo, la falta de esperanza y la consciencia de lo débiles que somos frente a las poderosas fuerzas que nos rodean nos hacen reaccionar peor que bestias; éstas actúan mediante instintos gatillados por necesidades básicas de sobrevivencia.
    Sin ir más lejos, ¿Qué es lo que mueve realmente a los que acusan a una chica como Rosario Ponce sin más argumentos que conjeturas, partiendo de hechos aislados, distantes uno de otros, dejándose llevar por sus deseos de que realmente sea culpable? Uno puede percibir el odio, la animadversión, el resentimiento en los comentarios desde que esta chica tuvo la pésima ocurrencia de ser como es, nada más, de no responder al estándar local para reaccionar conforme a las expectativas ante la pérdida de un ser querido. ¡Cuánto le ha costado no haber realizado el esperado show para las masas y a confiar en ser aceptada como realmente es!
    No es casualidad que Larroqué y Lozada sean del mismo género.
    Me pregunto si habría sido lo mismo si el accidente de Ciro le hubiese ocurrido excursionando con un compañero en lugar de hacerlo con su enamorada. ¿Habría existido tanta cobertura de parte de la prensa? ¿Se habrían quemado muñecos en lugar de muñecas para año nuevo?

Deje un comentario (no es obligatorio el email)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s