Perdieron el rastro. Familiares y policías son evacuados a nosocomios tras intensa búsqueda sin hallar a Olivier

Publicado en El Búho el 9 de Mayo del 2013

El agotamiento extremo y la severa deshidratación los hizo abandonar por un momento la búsqueda del joven universitario, Olivier Toledo Carlos, perdido en la peregrinación hacia el santuario de la Virgen de Chapi, el 1 de mayo.

Los cuatro familiares y los doce policías fueron conducidos por los efectivos del Escuadrón de Emergencia 105 desde el distrito de El Fiscal de la provincia de Islay, hasta donde llegaron en la búsqueda, al Hospital Honorio Delgado y al hospital de la Policía en Cayma.

Todo este grupo partió con pocas provisiones, siendo la comida compartida entre policías y familiares. Incluso un policía de rescate sufrió un golpe producto de la caída contra una piedra.

Este jueves, la PNP en coordinación con la Fuerza Aérea, sobrevolarán ciertas zonas donde se perdió Olivier.

La hermana del extraviado, suplicó que los policías evacuados sean relevados para continuar con la búsqueda. Agregó que también rescatistas especializados deberían participar. Con hoy, Olivier se encuentra 9 días perdido.

Anuncios

Cerebro de delincuente

Las técnicas de neuroimagen identifican un área relacionada con la propensión a saltarse la ley.

Los científicos discrepan sobre la genética del comportamiento humano.

Por Emilio de Benito – Publicado en El País de España el 27 de Marzo del 2013

cerebro

El mapa del cerebro todavía es un arcano.

Los 96 reclusos forman en fila india. Es su último día en prisión, pero antes de salir a la calle tienen que pasar por una última prueba: el detector de futura criminalidad. De uno en uno entran en la sala donde los médicos les colocan una especie de casquete. Sentados frente a un ordenador, los todavía reos tienen que responder a preguntas y usar unos videojuegos. Parece un examen del carné de conducir. Pero no les vale haberse entrenado ni saberse las respuestas. Al otro lado del cristal, un monitor va procesando sus estímulos cerebrales. Al ver los resultados de uno de ellos en pantalla, el doctor Khiel lanza una mirada cómplice al alcaide: “Este”, apunta. No necesita decir más. El director de la cárcel se vuelve hacia su ayudante: “Toma nota. El recluso 4.567 quedará libre, pero con vigilancia especial. Antes de que pasen cuatro años lo volveremos a tener aquí”. No es una película. Y, si lo fuera, no sería muy original, porque Spielberg, en su adaptación del relato Minority report de Philip K. Dick (1956), ya usó un argumento similar. Pero si quisiéramos hacer una nueva versión de la película, la frase de que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” no se podría usar. Más bien, para ser justos con los derechos de propiedad intelectual, en los títulos de crédito debería figurar otra que dijera: “Basada en una historia sacada de Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en su versión recogida por Science y Nature”. No es poca cosa como fuente de inspiración: se trata de tres de las publicaciones científicas más importantes del mundo.

Las bases reales de este supuesto guion se están escribiendo en estos momentos. Las pruebas de neuroimagen son una herramienta cargada de posibilidades entre los investigadores. En este caso se utilizaron para medir la probabilidad de reincidir de un grupo de convictos. Y en ciencia, ya se sabe, después del primer paso vienen los demás. Y la idea de predecir el comportamiento —más aún el criminal— por métodos científicos es tentadora. Ya lo intentó Cesare Lomboso en el siglo XIX, con su intento de identificar y clasificar a los delincuentes en particular o a las personas en general por su aspecto. La teoría, nunca comprobada, tuvo bastante éxito, y sus coletazos llegaron hasta Antonio Vallejo Nájera e incluso a Gregorio Marañón. El franquismo en España intentó usar algo similar para identificar a rojos y otros desafectos, con sentencias en las que “la mirada” o “el prognatismo” se asociaban a comportamientos perseguibles.

En este caso, se utilizó neuroimagen para ver qué pasaba en una diminuta porción del cerebro, el córtex del cíngulo anterior (CCA). En concreto, los investigadores de la ONG Mind Research Network de Albuquerque (Nuevo México) consiguieron el permiso para estudiar el cerebro de 96 hombres justo antes de salir de prisión. Los sometieron a una serie de preguntas y pruebas en las que tenían que poner en juego su sistema de toma de decisiones o inhibir sus respuestas más impulsivas. Con la resonancia magnética midieron la actividad del CCA de cada uno durante el proceso.

Esta fue solo la primera parte del ensayo. Aunque todos habían sido condenados y todos respondían a los mismos estímulos, la actividad del CCA era variable. En unos se detectaba el aumento propio de un funcionamiento acelerado; en otros, nada.

El experimento se completó con un seguimiento de la reincidencia de estos voluntarios durante cuatro años. Y el resultado llegó al cruzar los datos de aquella primera prueba de neuroimagen con su registro delictivo: aquellos que mostraban una menor actividad en el CCA tenían unas tasas de reingreso en prisión 2,6 veces mayor que los demás. Más aún: la proporción subía a 4,3 veces si se tomaban solo delitos no violentos. Y todo ello después de descartar el efecto en el futuro comportamiento de los investigados de factores como la adicción a sustancias.

El supuesto doctor Khiel de la historia (un nombre no tan ficticio porque Kent Khiel es el neurólogo de la ONG que ha dirigido el trabajo) tenía, por tanto, una base seria para advertir al alcaide del riesgo potencial de quienes iba a poner en libertad.

La tentación inmediata de esta historia sería hacer la prueba de la neuroimagen a todo el que vaya a dejar la cárcel. En función del resultado, ya se sabría a quién habría que poner especial vigilancia. Quizá, llegado al extremo, se podría pensar en no excarcelarlo. Aún más, siguiendo el giro que dio Spielberg a la historia, ni siquiera habría que esperar a que las personas delincan por primera vez: se les podría detener antes de que lo hicieran. Pero los propios autores del estudio descartan que esto pueda usarse tal cual. Con los pies en la tierra, Khiel, el neurólogo real que ha dirigido el trabajo, es categórico: “No es algo para aplicar ya”.

Sin embargo, el estudio no deja indiferente a los científicos. Miquel Bernardo, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB), empieza por destacar la importancia de las publicaciones en las que se ha presentado. No es un guion destinado a consumo masivo y a ser disfrutado con un cubo de palomitas. Pero, en su papel de representante del mundo de la ciencia, a renglón seguido, advierte contra la traslación tal cual de los resultados de las técnicas de neuroimagen. Estas “han creado expectativas muy esperanzadoras y optimistas para la predicción y tratamiento de conductas y enfermedades mentales”, pero este entusiasmo “va por oleadas” y “ahora se está enfriando”, advierte, de una manera similar a lo que ocurrió con el Proyecto Genoma de hace más de 10 años, que causó una fiebre por identificar genes relacionados con todo, desde obesidad a autismo, y ahora mismo esas informaciones, valiosas sin duda, pasan ya desapercibidas.

Lo ideal, indica el experto, sería que se pudiera asociar un área del cerebro de manera unívoca a una conducta, pero el comportamiento humano es tan complejo que eso no es posible, por lo que todos estos estudios hay que tomarlos como “ayudas o pistas”, pero “nunca de manera definitiva”, dice Bernardo. “Lo que está claro es que en el cerebro está el sustrato de la conducta humana”. Con algo más de poesía, el neurocientífico colombiano Rodolfo Llinás decía en una entrevista concedida a este periódico en 2009 que “el alma está en el cerebro”.

Según este estudio, la variación en la actividad cerebral puede asociarse a la comisión de delitos pasados o futuros, pero la psicóloga forense Rocío Gómez Hermoso cree que tal y como este está diseñado el estudio no sirve para discriminar si la neuroimagen refleja una causa o un efecto. “Si es un efecto del comportamiento anterior, no serviría de nada”.

Lo que está detrás de estos intentos es la base de las disquisiciones sobre el comportamiento humano desde hace 30 siglos: si nacemos de una manera o nos hacemos. Se puede aplicar a prácticamente todo: inteligencia, orientación sexual, propensión a delinquir, bondad —el hombre como lobo para el hombre de Hobbes o el buen salvaje al que la sociedad corrompe de Rousseau— o la creatividad. Trasladado al lenguaje de hace medio siglo, es el debate entre genotipo, lo innato, y fenotipo, lo adquirido. Santiago Ramón y Cajal lo complicó todo más y lo llevó al mundo más científico al describir la plasticidad del cerebro: este determina lo que hacemos, pero cambia según lo que nos pasa.

Desde su desarrollo, la neuroimagen se ha usado para medir qué pasa en el cerebro en todo tipo de situaciones: al sentir hambre o ira, al estar sano o enfermo, al leer, al recordar, al conducir, y también en otras donde parece que el aparataje necesario (una especie de secador de pelo que es el encargado de medir qué partes del cerebro se activan —o no— en cada momento) es más complicado de aplicar, como al practicar sexo o arbitrar un partido de fútbol.

Obviamente, Khiel no había elegido estudiar el CCA al azar. Ya en pruebas más generales se había visto que el CCA, como indica en un artículo John Allman, del California Institute of Techonology (Caltec), era un área de “interfaz entre la emoción y el conocimiento”, con competencias sobre el “autocontrol emocional, la resolución de problemas, el reconocimiento de errores y una respuesta adaptativa a condiciones cambiantes en yuxtaposición con las emociones”. Por todo esto, no se ha estudiado todo el cerebro. La elección del área sobre la que se investigó, el CCA, es lógica. “Está relacionada con la impulsividad y el autocontrol”, resume Bernardo. “Una desregulación de este área significaría vulnerabilidad ante cierto tipo de conductas”, añade.

No es que los científicos tengan especial predilección por el CCA (aunque su riqueza potencial lo justificaría). Cada emoción y actividad se corresponde con una o varias zonas del cerebro, desde respirar a pensar en física cuántica. O, al menos, eso es lo que creemos. Y es que el sistema neurológico es, seguramente, el más desconocido del cuerpo humano. Su núcleo, encerrado por los fuertes huesos del cráneo, es el cerebro, el órgano más misterioso. Resulta casi imposible de manipular en vivo. Como si se le pudiera aplicar el principio de incertidumbre de Heisenberg, medirlo implicaría alterarlo. Y de ahí el auge de las técnicas de imagen, como la resonancia, que son las que más se acercan a ver cómo funcionan sus engranajes sin tener que entrar dentro de él.

Por eso, Bernardo cree que la lectura positiva que se puede sacar de este trabajo, más que lo “exótico” de sus planteamientos —el juego mental sobre el posible guion que saldría de la historia—, es que se avanza en dirección hacia unos “nuevos biomarcadores”. Si en otras enfermedades, como el cáncer, se buscan proteínas o células que indiquen lo que le pasa al paciente, en el caso de las enfermedades mentales las técnicas de imagen pueden ser un agente fundamental, “y no solo para predecir conductas, sino, más importante, para definir tratamientos”, añade el psiquiatra. “Tiene una utilidad funcional y estructural para validar diagnósticos, tratamientos y efectuar pronósticos”.

Centrada en el trabajo, Rocío Gómez Hermoso, psicóloga forense desde 1995, señala las debilidades que ve en el estudio. Aunque reconoce lo atractivo que puede resultar, “concluir algo de un trabajo tan incipiente es problemático”, afirma. Para la psicóloga de vigilancia penitenciaria, hay tres inconvenientes grandes en el artículo. “Son solo 96 personas, que son pocas, solo se las sigue durante cuatro años y falta comparar con el resultado que darían en la prueba personas que no hubieran estado en prisión”. “Tampoco sabemos la tipología exacta ni a violencia de sus delitos”. “De hecho, los propios autores reconocen que no saben cómo pueden influir otros elementos”, indica la psicóloga.

Contra los fuegos artificiales de una tecnología muy llamativa pero con resultados controvertidos, Gómez Hermoso ofrece la realidad del día a día de su trabajo. “Estamos haciendo un estudio con 150 personas que hemos evaluado, y hemos acertado —tanto para indicar que van a reincidir como que no— en el 96% de los casos”.

Para ello, Gómez Hermoso y su equipo han recurrido a la metodología tradicional: “Medir mediante entrevistas, la observación y las guías de valoración, básicamente la asunción de la autoría y su responsabilidad; analizar si existen o no rasgos psicopáticos”. Por eso, asegura: “Ni tenemos el equipamiento para hacer esas mediciones de neuroimagen, ni lo necesitamos”.

O, por lo menos, no lo necesita de momento.

Rescatista de Ciro, Eloy Cacya apoyará en la búsqueda de Olivier

Por Cinthia Lozada – Publicado en Correo el 9 de Mayo del 2013

El guía de alta montaña, Eloy Cacya Condori, quien halló el cuerpo inerte de Ciro Castillo-Rojo en las entrañas del Bomboya; se encuentra en nuestra ciudad y afirmó esta mañana, que apoyará a los familiares de Olivier Toledo Carlos (21); joven universitario que desapareció el pasado 1 de mayo camino al Santuario de Chapi.

“Estamos aquí para tratar de apoyar a la familia del joven” mencionó Eloy desde las instalaciones de la Fuerza Aérea del Perú (FAP), hasta donde llegó para brindar su apoyo a la desesperada familia, con quien dijo, – viene coordinando el inicio de la búsqueda del universitario.

“Sabemos que es un terreno desértico, con mucho frío y trataremos de definir los lugares por donde iniciaremos a buscar. La última palabra la tienen sus familiares” sentenció Eloy.

Fragmento del libro de Amanda Knox

Mamá se sentó a mi lado en nuestro asiento favorito. Papá se deslizó entre nosotras. “¿Qué pasa?”, preguntó. Yo no podía creer que los tres realmente estábamos haciendo esto.

Salir a comer ensalada con mis padres no suena a una gran cosa, pero lo fue para mí. Estoy segura de que para ellos fue muy incómodo. Yo tenía 19 años, y no recordaba nunca haber visto a mis padres sentados en la misma mesa, y mucho menos compartir una comida. Cuando yo tenía un año y mi mamá estaba embarazada de mi hermana Deanna, ella y mi padre se separaron. Rara vez habían hablado entre sí, incluso por  teléfono. La prueba de lo mucho que me amaban era esta reunión en el café Eats Market en el oeste de Seattle. Mamá se recortaba las uñas. Papá estaba formal. Todas sus sonrisas eran para mí.

La mayor prueba de amor de mis padres para Deanna y para mí fue la forma en que habían manejado su divorcio. Compraron casas a dos cuadras de distancia para darnos los beneficios de una familia con padres separados, y el regalo de no sentir nunca tensión entre ellos. Nunca les escuché criticarse el uno al otro. Pero eran invisibles entre ellos, ya estuvieran separados por dos cuadras o por dos filas de asientos en una obra de la escuela. En los juegos de fútbol, ambos me aplaudieron amortiguados por una línea de otros padres que los separaba.

La brecha permanente significaba que cuando tenía que dar noticias siempre tuve que hacerlo dos veces. Conseguir tener a mis padres juntos esta vez era mi forma de decir: esta es la decisión más importante de mi vida hasta ahora. Fue un redoble de tambor hacerles saber que yo estaba dispuesta a vivir sola.

Como siempre, me dirigí a mi mamá primero. Ella es una aventurera que cree que deberíamos ir hacia donde nuestras pasiones nos llevan. Cuando le dije que la mía me llevaría a 5,599 millas lejos de casa, a Perugia, Italia, en mi primer año de universidad, su respuesta fue sorprendente “¡Ve por eso!”

Mamá nació en Alemania y se trasladó a Seattle de niña, y mi abuela, Oma, a menudo nos hablaba en alemán a Deanna y a mí cuando éramos pequeñas. No fue hasta mi primer año en la universidad que me di cuenta que tenía un don para los idiomas y comencé a jugar con la idea de convertirme en una traductora. O al menos una escritora. Cuando llegó el momento de decidir dónde pasar mi primer año, pensé mucho en Alemania. Pero al final me decidí ir en busca de un idioma y un país que mi familia aún no había conquistado. Estaba segura de que eso me ayudaría a convertirme en adulto por mí misma, fuese lo que fuese.

Alemania habría sido la opción más segura, pero la seguridad no me preocupaba. Yo estaba preocupada por la independencia. Yo confiaba en mi sentido de responsabilidad, aun cuando había tomado decisiones emocionales en vez de lógicas, y, algunas veces estuvo mal.

Today - Season 62Si realmente quería ser una traductora, español o francés habría sido una opción más práctica que el italiano. Pero todo el mundo optaba por el español, y yo no me sentía conectada al francés. Mi fascinación por la cultura italiana volvió en la escuela secundaria, cuando estudiaba latín y estudié historia romana e italiana. Me había encantado Italia aún más cuando tenía 14 años y la vi de cerca, en un viaje de dos semanas con mi madre y su familia. Mi abuela Oma, tías, tíos, padrastro, Deanna, y yo, todos apilados en dos camionetas fuimos a través de Alemania y Austria para visitar a familiares y celebrar el Oktoberfest en Munich, antes de dirigirnos hacia el sur a Italia, para conocer Pisa, Roma, Nápoles, Pompeya y la costa Amalfi. La historia que había estudiado se hizo real cuando visitamos el Coliseo y las ruinas de Pompeya. Me recuerdo señalando las cosas a mi familia y balbuceando sobre leyendas urbanas que había guardado por tiempo, hasta el punto de que me apodaron “la guía”. Yo estaba encantada por las estrechas calles empedradas y los edificios enraizados en la tierra que eran tan diferentes a lo que estaba acostumbrada en Seattle. Fue un mes y medio después del 9/11, y todos los italianos que conocimos fueron cálidos y simpáticos. Regresé pensando que Italia era un país rico culturalmente e históricamente acogedor.

En el segundo año de la universidad, me inscribí en Italiano 101. Entonces, cuando me enteré de que la Universidad de Washington organizó un programa de escritura creativa de verano en Roma, dictado en italiano, me sentía muy afortunada. Todo se combinaba para lo que estaba buscando. El primer paso era dominar el italiano y sumergirme en la cultura durante nueve meses en la minúscula Perugia. Luego estaría dispuesta para enfrentar ir a Roma en Junio.

Ahora tenía que convencer a mi padre. Él es un pensador lineal que trabaja en finanzas. Su cabeza está en los números y la planificación. Tan práctico y organizado como es, que seguramente tendría un montón de preguntas. Así que me acerqué a él armada previamente con las respuestas.

También tenía otra misión cuando organicé el almuerzo con mis padres. Quería demostrarle a mi papá que le amaba a él tanto como a mi madre. Mientras le estaba pidiendo que confíe en mí en Perugia, también le estaba pidiendo perdón. [Si eres, como yo, un chancletero, ten a la mano un pañuelo]

Durante mis dos primeros años en la universidad, había conseguido ver las cosas desde la perspectiva de otras personas. Y empecé a catalogar mentalmente las veces que yo había sido egoísta. Un egoísmo muy grande fue cómo yo había tratado a papá durante mi adolescencia.

Mientras crecía, pasé oficialmente cada fin de semana con él. Mi padre no era un padre detallista, dejó todos los detalles del día a día con mi mamá. Cuando tuve que tomar una decisión siempre fui con ella. Ella establecería las opciones y me animaría a tomar la elección a mí misma. Papá no fue parte de ese proceso.

La casa que compartía con su segunda esposa, Cassandra, era de ellos, no mía. Cuando nacieron Ashley y Delaney, mis medio hermanas, Deanna y yo fuimos trasladadas desde nuestra habitación compartida en esa casa a sofás-cama en la sala de juegos. Mi verdadero hogar era en el que tenía mi habitación,  y estaban mi hermana, mi madre, y su segundo esposo, Chris. Allí es donde me sentía más a mí misma. Mamá nos dejaba usar lo que queríamos y construir fuertes en el patio trasero. En los días de lluvia, era el trabajo de Deanna y mío redirigir los caracoles perdidos que habían peregrinado al comedor por debajo de la puerta trasera. En cambio, papá nos exigía que usemos posavasos, que organizamos los casetes y CDs de videos en orden alfabético, y llevar siempre la ropa correcta.

A los 14 años, le dije a papá que estaba demasiado ocupada con mis actividades extracurriculares y mis amigos, como para ir a pasar la noche con él. La verdad era que me sentía que no encajaba con la incómoda brecha entre mi vida y la suya, por lo que esa brecha se amplió entre nosotros. Ahora quería cerrarla.

Mientras comenzaba a investigar sobre los cursos en Italia, me di cuenta de que tener el apoyo de papá era de fundamental importancia. Nunca había ensayado ningún rol en mi cerebro tan difícil como preparar esta charla. Yo quería que mi papá se impresione. No estaba del todo segura de lo que yo haría si él dijera que no. Una vez que nos sentamos, yo no podía esperar ni un segundo más. Empecé a construir mi caso, incluso antes de que el camarero nos trajera los menús.

“Papá,” le dije, tratando de sonar seria, “Me gustaría el año que viene aprender italiano en una ciudad llamada Perugia. Está a medio camino entre Florencia y Roma, pero eso es mejor que nada porque allí no voy a ser parte de una manada de estudiantes americanos. Es una ciudad tranquila, y voy a estar con estudiantes serios. Voy a estar inmersa en la cultura. Y todos mis créditos serán transferidos a la Universidad de Washington.”

Para mi alivio, su rostro se mostraba receptivo.

Animada, exhalé y dije: “La Universidad para Extranjeros es una pequeña escuela que se enfoca sólo en el idioma. El programa es intenso, y voy a tener que trabajar duro. Las horas que no estoy en clase estoy segura que estaré en la biblioteca. El sólo tener que hablar italiano todos los días hará una gran diferencia.”

Él asintió con la cabeza. Mamá estaba radiante por mi éxito hasta ese momento.

Seguí adelante. “He estado viviendo fuera de casa durante casi dos años, he estado trabajando duro, y he obtenido buenas calificaciones. Prometo que puedo cuidar de mí misma.”

“Me preocupa que estés confiando demasiado en tu propio cuidado, Amanda”, dijo. “¿Y si pasa algo? No puedo llamarte por teléfono y aparecer. Estarás por tu cuenta. Es un largo camino lejos de casa.”

Papá tiene un lado lúdico con él, pero cuando está en el modo paterno puede sonar tan apropiado como una película de los años 50.

“Ese es el punto, papá. Pronto voy a tener 20 años, y ya soy una adulto. Sé cómo manejarme a mí misma.”

“Pero aun así es nuestra responsabilidad cuidar de ti”, dijo. “¿Qué pasa si te enfermas?”

“Hay un hospital allí, y la tía Dolly está en Hamburgo. Está bastante cerca.”

“¿Cuánto cuesta la matrícula? ¿Has pensado en los costos adicionales?”

“He hecho todos las cálculos. Puedo pagar por mi propia comida y por los gastos extra”, le dije. “¿Recuerdas que trabajé en tres puestos de trabajo este invierno pasado? Puse casi todo en el banco. Tengo 7,800 dólares ahorrados.”

Papá cruzó sus dedos y los puso, como una cesta vacía, sobre la mesa. “¿Cómo te movilizarás?”

“La universidad está en el centro, y hay un autobús desde la ciudad”, le dije. “Y Perugia es pequeño. Tiene sólo unas ciento sesenta mil personas. Estoy segura de que voy a aprender a movilizarme muy rápido.”

“¿Cómo vas a estar en contacto con nosotros?”

“Voy a comprar un teléfono móvil italiano, y voy a estar en el correo electrónico todo el tiempo. Incluso podemos usar Skype.”

“¿Vas a vivir en una residencia estudiantil?”

“No, voy a tener que encontrar mi propia vivienda, pero estoy segura de que puedo conseguir un buen departamento cerca del campus. He comprobado con la oficina de visas de la Universidad de Washington y dicen que la Universidad para Extranjeros me dará una lista de alojamientos cuando llegue allá. Realmente me gustaría vivir con italianos para practicar el idioma”.

Yo no sabía lo que mi padre pensaría, pero estaba bastante segura de que íbamos a tener un tira y afloja durante semanas no importa sobre qué. Pero para mi sorpresa, me dijo que sí antes de que yo levantara mi tenedor.

“Estoy orgulloso de ti, Amanda”, dijo. “Has trabajado duro y ahorrado un montón de dinero. Te puedo decir cuánto eso significa para ti”.

Yo sabía que iba a ser sólo una de los cerca de 250.000 estudiantes universitarios estadounidenses que salen al extranjero en el otoño, pero este fue el paso más trascendental que había tomado en mi vida hasta ahora. Y yo sería poco común entre la gente que conocía -la mayoría de mis amigos de la Universidad de Washington no estudiaban en el extranjero. Me sentí excepcional. Me sentí valiente. Me encontré con la madurez de frente. Me gustaría regresar de Italia después de haber evolucionado hasta convertirme en una adulto por sólo haber estado allá. Y hablaría con fluidez el italiano.

Este año en el extranjero sería la primera vez que realmente estaría sola. Durante mi último año en el colegio jesuita, Seattle Prep, casi todos mis amigos enviaron solicitudes a universidades a cientos de kilómetros de casa. Algunos incluso querían cambiarse hasta la otra costa. Pero yo sabía que no era lo suficientemente madura todavía para ir muy lejos, a pesar de que yo no quería perder la oportunidad de una aventura. Hice un trato conmigo misma. Me gustaría ir a la Universidad de Washington en Seattle, que sólo era un paseo en bicicleta desde las casas de mis padres, y darme la oportunidad de superar la temporada. Cuando el momento de la graduación de secundaria llegó, ya había empezado a buscar programas de primer año en el extranjero.

La mayor parte de mi clase de secundaria había sido más sofisticada que yo. Vivían en Bellevue, un suburbio definitivamente elegante, con mansiones sobre el agua. Sus vecinos eran ejecutivos de Boeing, Starbucks y Microsoft.

Recibí ayuda financiera para asistir Prep y viví en el modesto oeste de Seattle, no lejos de mi amiga de toda la vida Brett. Yo era la chica rara que se juntaba con los lectores de manga sulky, los niños homosexuales excluidos, y los frikis de teatro. Tomé clases de japonés y cantaba en voz alta, por los pasillos, mientras iba de una clase a otra.

Como yo no encajaba realmente, actuaba como mí misma, lo que en la práctica me hizo más segura como nunca lo había sido.

En realidad yo no habría actualizado mi estilo de vida, incluso de haberlo podido. Siempre he sido una protectora, no una gastadora. Me siento atraída por tiendas de segunda mano en lugar de tiendas de diseño. Prefiero tener todo en mi bicicleta que en un BMW. Sin embargo, para mi eterna vergüenza, en mi primer año, cambié a mis amigos por una multitud menos excéntrica.

Yo siempre había sido capaz de llevarme bien con todo el mundo. La secundaria fue la primera vez que la gente se burló de mí o, peor aún, me ignoraron.

Me hice amigo de un grupo más convencional de chicas y chicos, atraída hacia ellos por su unidad. Caminaban en grupo por los pasillos, almorzaban juntos, se iban de juerga después de clases, y parecía que se conocían desde siempre. Sin embargo, al alejarme de mis amigos originales, que me aceptaban a pesar de ser diferente, o tal vez porque era yo misma, los lastimé. Y mientras mis nuevos amigos eran amantes de la diversión, fui motivada para estar con ellos por la inseguridad. Estoy avergonzada por no haber tenido el valor de ser yo misma sin importar lo que pensaran los demás.

Esto no cambió lo que yo era en escencia. Como la mayoría de los adolescentes, estaba muy consciente de mis defectos. Me sentía un bulto dentro de mi piel. Era torpe con las palabras, y yo sabía que era demasiado directa. Yo haría cosas que avergonzarían a la mayoría de los adolescentes y adultos -caminando por la calle como un egipcio o como un elefante-, pero que a los niños les parecería súper-divertido. Me expuse a mí misma como el blanco de las bromas para relajar mi estado de ánimo. Las personas que me querían consideraban mis poses simpáticas. Mi familia y amigos negarían con la cabeza con bondad y suspirarían: “Esa es Amanda.”

El fútbol es donde las barreras cayeron. Yo era buena en eso, y siempre me permitió sentirme a la par con los demás.

En la universidad finalmente saqué mis pies del plato. Me mantuve en contacto con Brett y conocí a un pequeño grupo de estudiantes inteligentes y poco convencionales en el juego para escalar montaña de la universidad y en mi dormitorio. Salí con un estudiante Mohawked con falda escocesa llamado DJ. Mi vecina de al lado era una chica de Colorado llamada Madison. Ella y yo crecimos cerca y mirábamos una por la otra. Ella no era como la mayoría de los estudiantes. No practicaba deportes, ni bebía, ni fumaba y no iba a fiestas. Ella era músico y una mormón renegada, su especialidad era estudios de la mujer y fotografía. Mantuve su compañía en las noches en el cuarto oscuro del campus. Ella me animó a ser yo misma.

La mayoría de mis amigos eran hombres. Jugábamos fútbol, tocábamos guitarra, hablábamos acerca de la vida. Después de que fumábamos hierba escogíamos una categoría de alimentos, hamburguesas, pizza, tacos, lo que sea, y paseábamos por el vecindario hasta encontrar lo que consideramos el mejor sitio de esa categoría.

A medida que me alistaba para ir a Perugia, sabía que aún no me había convertido en mi misma, sin embargo, no sabía muy bien cómo llegar a ser eso. Yo era bien intencionada y reflexiva, pero puse un montón de presión sobre mí misma para hacer lo que creía que era correcto, y yo sentía que siempre me había quedado corta. Por eso, el reto de vivir por mí misma significaba tanto para mí. Yo quería regresar de Italia a hacer mi último año en la Universidad de Washington más fuerte y más segura de mí misma, una mejor hermana, hija y amiga.

Mientras averiguaba lo que iba a necesitar en Italia, mi equipo de escalar, botas de montaña y una tetera, entre las cosas esenciales, mis viejos amigos de la escuela secundaria y los nuevos amigos de la universidad me cayeron con buenos deseos, pequeños regalos, y bromas.

Recibí un diario en blanco, una bacinica y latas de té. Divertida e irreverente, Brett me trajo un pequeño vibrador rosado en forma de conejito, yo estaba incrédula, nunca había usado uno.

Hasta que encuentres tu semental italiano“, dijo Brett, y me lo entregó. Y me guiñó un ojo.

Me eché a reír. El conejo era típico de Brett. A ella le gustaba bromear de que yo lamentablemente siempre estaba detrás de todos los demás. En la escuela secundaria trató de convencerme de enderezar mi cabello y usar maquillaje. Probé lo primero y pensé que estaba bien. Traté lo segundo y me sentí como una impostora. Su última causa fue convencerme de darle al sexo casual una oportunidad. Había oído lo mismo de otros amigos. Parecía tener algún sentido. Anhelaba derribar todas las barreras que se interponían entre mí y ser un adulto. El sexo era una barrera grande -y la que más me asustó. Floreció tarde en mí y no besé un chico hasta que tuve 17. Perdí mi virginidad después de que empecé la universidad. Antes de Italia, había tenido relaciones sexuales con cuatro chicos, y con cada uno la relación la consideré significativa, a pesar de que habían resultado ser relaciones cortas.

Me fui a Italia después de haber decidido que tenía que cambiar eso. Para mí, el sexo debía ser emocional, y yo no quería que fuera más que eso -odiaba sentirme dependiente de alguien más. Yo quería que el sexo fuese impetuoso y placentero, y no acerca de si esa persona me gustaba, porque ¿seguirá gustándome mañana? Yo era lo suficientemente joven aún como para entender que la inseguridad desaparecería con la madurez. Y yo pensaba que Italia me daría la oportunidad de ver que sucedería.

El día en que iba a ir al aeropuerto, apurada, puse el vibrador rosado de Brett en mi neceser plástico transparente.

Eso resultó ser una muy mala idea.

Leer aquí el artículo “Algo flota en el water”

Búsqueda llegó al sector de El Fiscal sin encontrar rastro del joven

Olivier no fue hacia el valle de Tambo. Hoy se plantearán nuevos cuadrantes de búsqueda

Por Juan Guillermo Mamani – Publicado en Correo el 9 de Mayo del 2013

Confirmado, a 9 días de la desaparición de Olivier Toledo Carlos (19), se comprobó que el joven estudiante universitario de ingeniería electrónica, no siguió la ruta hacia el valle de Tambo, específicamente a las cercanías del distrito de Cocachacra.

Ayer un grupo de familiares de Olivier, acompañado de aproximadamente 12 policías de emergencias, llegaron hasta el sector de El Fiscal, sin encontrar indicio alguno del universitario.

Se pensó que Olivier, estaba siguiendo el río Tambo, pero lamentablemente esto no ha sido confirmado.

Parámetros

Debido a este fracaso, la policía planteará nuevos parámetros en la búsqueda de Olivier.

El Gral. PNP Manuel Guillén Haro, jefe de la Región Policial del Sur, señaló que aproximadamente 60 policías vienen buscando por varias rutas, desde Chapi, Polobaya, Mollebaya e inclusive en dirección de la Joya.

Para hoy ha señalado que diseñarán un nuevo mapa, descartando las zonas que ya se han peinado, con el fin de buscar en nuevos cuadrantes al universitario de la Católica.

Familia

Las esperanzas no se pierden en la familia de Olivier, quienes continuarán bajo todos los medios con su búsqueda.

De acuerdo a las últimas informaciones, para hoy un helicóptero del Ejército Peruano, podría sobrevolar la zona, para poder ubicar a Olivier.

Asimismo se espera la respuesta del Ministerio del Interior, a pedido del Dr. Ciro Castillo Rojo, para disponer de otro vehículo aéreo, con el fin de ayudar en las labores de búsqueda.

Investigación

A la par con las indagaciones del caso, continúan a cargo de la División de Secuestro del DEPINCRI, quienes continúan con las diligencias respectivas, para definir las verdaderas causas de la desaparición de Olivier Toledo Carlos.

Dato

Las vigilias seguirán realizándose en la plaza de armas, a fin que la población apoye la búsqueda de Olivier Toledo, quien ya lleva 9 días de desparecido.

Familiares de joven desaparecido en Arequipa solicitan apoyo de autoridades regionales

Publicado en Andina el 8 de Mayo del 2013

Familiares del universitario Olivier Toledo Carlos, de 19 años, que desapareció cuando se dirigía en peregrinaje hacia el santuario de la Virgen de Chapi, en Arequipa, solicitaron hoy el apoyo de las autoridades locales y regionales para encontrarlo en el menor tiempo posible.

La hermana del desaparecido, Soledad Toledo afirmó que solicitaron audiencia con el presidente regional, Juan Manuel Guillén, a fin de pedirle su intervención en la solicitud de un helicóptero de la Policía Nacional o del Ejército para que sobrevuele la zona donde se extravió su familiar.

Toledo manifestó que si bien la Fuerza Aérea del Perú (FAP) los apoya con un helicóptero que lleva los alimentos a los policías y familiares que buscan vía terrestre a Olivier Toledo, es necesario que una nave con posibilidades de descender a tierra y mantenerse estable en el aire pueda llegar hasta la zona.

Explicó que un helicóptero con estas características favorecería la búsqueda de su hermano y permitiría el relevo del personal de la policía de rescate y sus familiares que realizan la búsqueda entre cerros y quebradas.

Doce agentes de la Policía de Alta Montaña y cuatros familiares de Olivier Toledo se encuentran desde hace cuatro días en los alrededores del anexo de Chapi, distrito de Polobaya, buscando vía terrestre al universitario.

Por su parte, el jefe de la Dirección Territorial Policial de Arequipa, coronel Manuel Echegaray, informó a la Agencia Andina que la búsqueda de Olivier Toledo se inició hace cuatro días a cargo de personal de alta montaña de la policía.

Dicha acción continuará y para ello se coordina con la FAP para que un helicóptero realice mañana su cuarto vuelo llevando alimentos y agua al personal policial que realiza la búsqueda del joven.

Olivier Toledo Carlos emprendió su peregrinaje el 30 de abril con dirección al santuario de la Virgen de Chapi junto a dos amigos de quienes se separó cuando se encontraban cerca a la zona conocida como Siete Toldos.

Para llegar al santuario de Chapi en peregrinaje se debe atravesar cerros y quebradas agrestes, recorrido que se hace especialmente en horas de la noche y madrugada para evitar el intenso sol de la mañana.