Relato del vía crucis para rescatar el cuerpo de Olivier Toledo Carlos

En carne propia. Cuando en la tarde del último viernes el rescatista Eloy Cacya informó que había encontrado el cadáver del universitario que se extravió camino a Chapi, un grupo de peritos de la Policía, familiares y periodistas partieron al lugar. Todos padecieron un poco de lo que sufrió el muchacho en sus cinco días de agonizante travesía por el desierto. Aquí el recuento.

Por  Edwar Quispe Hancco – Publicado en La República el 13 de Mayo del 2013

¡¡¡Bang!!! El disparo retumbó entre los cerros desérticos de Cosucho, una zona agreste situada entre los distritos arequipeños de Polobaya e Islay. La bala fue percutada por un policía en señal de que el cuerpo había sido identificado plenamente. ¡¡¡Banggg!!! Le respondió otro efectivo que se encontraba con la fiscal Mercedes Medina en una montaña, a más de quinientos metros, como signo de que la diligencia para levantar el cadáver de Olivier Toledo podía empezar.

Los rayos del sol empezaban a mostrar clemencia, pero la arena ardía aún en el páramo. Eran las dos de la tarde. La fiscal no llegó al lugar. Se quedó en el camino como tantos otros que partieron para presenciar el rescate. Pero su decisión era irreprochable: después de caminar durante casi tres horas por terrenos arenosos, no le quedaban energías para descender el último tramo, zona más bien pedregosa y escarpada.

Por las huellas encontradas en el lugar, los peritos de la Policía creen que antes de morir, Olivier abandonó una cueva donde se guareció del frío y del endiablado sol, avanzó varios metros con sus fuerzas finales y empezó a subir una pequeña pendiente de arena fina. Tenía puesta la capucha de su polera azulina. Allí se arrodilló, luego se recostó, se cubrió el rostro con la mano derecha y eso fue todo.

Fue así como lo encontró el rescatista Eloy Cacya la tarde del viernes. Y fue así como permaneció hasta que su cuerpo fue rescatado el último sábado. Olivier Toledo Carlos (19) falleció de edema cerebral y pulmonar, hace cinco días, según la necropsia. El muchacho había partido de Characato el martes 30 de abril junto a dos amigos con destino al santuario de Chapi. Hacían el camino a pie cuando en la madrugada del día siguiente se separaron. Desde entonces no se volvió a tener noticias suyas. El 2 de mayo empezaron su búsqueda.

El levantamiento

Lo primero que hicieron los peritos fue registrar la mochila de Olivier, abandonada a unos 10 metros del cuerpo. Hallaron los audífonos del estudiante, sus lentes y dinero. Los familiares contemplaban el trabajo de los policías con honda resignación. Cuando empezaron a revisar el cuerpo, César Toledo, padre del fallecido, se quebró:

—¡Dios mío! ¡Por qué a mi hijo! ¡Por qué lo dejaron morir aquí! —lloró amargamente.

Israel Toledo, quien estuvo en las labores de rescate desde el primer día que reportaron la desaparición de Olivier, se sentó en unas rocas, derrotado, como si esos diez días de sacrificios, caminatas largas bajo el sol o en el frío de las noches, hubiesen sido en vano.

—Si lo hubiesen ayudado a tiempo, no habría muerto acá —sollozó.

Un forense de la Policía explicó la muerte así: “Cuando una persona realiza ejercicio extremo, pierde gran cantidad de fluidos. Si no los repone, se deshidrata. Para tener energía lo primero que el cuerpo consume es la grasa corporal y luego los nutrientes del organismo. Con el pasar de los días, otro tipo de síntomas aparecen. Cansancio extremo, dolor abdominal, calambres y alucinaciones”.

Horas antes…

Para llegar hasta el cuerpo, el último sábado, un grupo de periodistas partimos el viernes por la noche junto a algunos familiares y el equipo de criminalística de la Policía Nacional. Con ellos recorrimos el mismo infierno que transitó Olivier y vivimos en carne propia la agonía del estudiante de Ingeniería Electrónica de la Universidad Católica de Santa María (UCSM).

El sábado muy temprano partimos en camioneta desde el kilómetro 1028 de la Panamericana Sur, cerca a El Fiscal. Nos adentramos por una trocha durante casi tres horas. Luego de recorrer unos 36 kilómetros empezamos el desierto, lleno de dunas, cerros pedregosos y tierra. Parecía la ruta del Dakar. Hasta que los vehículos no podían seguir más.

Caminamos dos horas. El último tramo era una pared de rocas de casi doscientos metros hacia abajo. Resbalé más de cinco veces. Al llegar me bebí la última botella de agua, lo que más tarde pagaría caro porque quedaba todo el trayecto de regreso.

Los peritos establecieron que al segundo día, el muchacho ya no tenía agua ni comida. Caminó otros tres días, desorientado, sin hallar el derrotero que lo ponga a salvo. El único abrigo que lo protegía era un polo negro, una polera azulina y su pantalón de buzo. Una de sus zapatillas fue encontrada a unos 20 metros, en el cauce seco de la quebrada.

La diligencia de investigación criminal duró por lo menos dos horas. Personal del Escuadrón de Emergencia ya tenía lista una improvisada camilla, armada con ramas de árboles secos de la zona amarradas con sogas. Doce efectivos esperaban para trasladar el cadáver. Otro grupo de agentes de la Unidad de Salvamento de Alta Montaña también los apoyaban.

El regreso

Partimos. Caminamos por la quebrada por una hora, luego subimos por un cerro. El objetivo era llegar al lugar donde dejamos las camionetas. Comencé a ascender con el primer grupo, pero el cansancio hizo que me quedara sentado sin aliento a la mitad de la cuesta. Ya no tenía agua y sentía mucho sueño. Las piernas me dolían.

Reanudé la marcha una vez más cuando Eloy Cacya y otro grupo de policías que cargaba el cuerpo se encontraban en la zona. El rescatista y agentes del Depincri me daban aliento para seguir adelante. Los familiares de Olivier se encontraban a dos cerros de distancia.

Conforme avanzamos, Eloy divisó las huellas de las zapatillas de Olivier, quien al parecer también caminó por esta zona. Yo solo atinaba a mirar el suelo, pensando que así no me daría cuenta de la distancia que faltaba para llegar. No podía dejar de pensar en que Olivier pudo sentirse como yo, con dolor en el cuerpo y sin una gota de agua ni comida.

Fin del calvario

Mi vista comenzó a nublarse y ya no quería seguir caminando. Detrás de mí avanzaban los 12 policías que llevaban a Olivier. El último rayo de sol se ocultó tras un cerro cerca de las cinco de la tarde y ni siquiera habíamos llegado a la mitad del camino. Pasamos dos lomadas y el agotamiento pudo más que mi resquebrajada voluntad.

Un poco de limón e incluso las palabras de apoyo de los policías hicieron que siga caminando. Mi calvario terminó a las ocho y cuarenta de la noche cuando a lo lejos vi la camioneta que me llevaría a casa.

Al llegar a este pequeño campamento, lo primero que me alcanzaron fue agua. Los familiares de Olivier y los policías que traían su cuerpo nos alcanzaron también. Llegamos a Arequipa a las cuatro de la mañana. Una hora después, el cadáver de Olivier fue internado en la morgue para una necropsia.

Un comentario en “Relato del vía crucis para rescatar el cuerpo de Olivier Toledo Carlos

  1. Eso es algo elemental que debe hacer un buen periodismo, recorrer el lugar de los hechos y vivirlo para sacar luego sus conclusiones.

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