Eloy Cacya, el guía que encontró a Ciro y Olivier busca su sendero

Desde de la montaña. Es uno de los personajes más queridos en Arequipa. Haber localizado los cuerpos de Ciro Castillo Rojo y del peregrino de Chapi, Olivier Toledo, le granjearon una inesperada fama. Eloy vive en Pinchollo, quiso ser oficial de la FAP y no pudo, se fue a la Argentina, pero regresó. Sin quererlo se convirtió en guía de montaña y rescatista. No es todo lo que quiere. Tiene muchos sueños.

Por Elizabeth Huanca Urrutia – Publicado en La República el 25 de Mayo del 2013

Una mañana, mientras pastaba sus vacas en el monte, tres avionetas pasaron sobre su cabeza. Quedó maravillado. Entonces supo que quería ser piloto de la Policía Nacional. Eloy Cecilio Cacya Cárdenas tenía solo seis años y era el único de los ocho hermanos que deseaba dejar su vida de campo. Quería ser un hombre de ciudad.

“Cuando sea grande voy a manejar una de esas naves”, decía mirándose al espejo. Su sueño no se cumplió. Su destino era guiar por el buen sendero a los aventureros y encontrar gente perdida, aunque los encuentre muertos.

“Las cosas siempre pasan por algo”, me dice mientras caminamos rumbo a su casa en Pinchollo, un centro poblado de Cabanaconde (Caylloma), ubicado a 140 kilómetros de la  ciudad de Arequipa y a 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar.

Son casi las nueve de la noche y una densa neblina cubre el cielo pinchollano rodeado de casas de barro y techos de paja y calamina. La poca gente que queda en las calles lo saluda en cada esquina. En su pueblo siempre ha sido conocido. Fue dos veces presidente de la comunidad campesina, juez de paz y teniente gobernador. En Arequipa y en casi todo el Perú, por estos días su nombre se repite en los medios de comunicación.

En octubre de 2012 halló el cuerpo sin vida de Ciro Castillo Rojo, el estudiante limeño que se perdió en las profundidades del Colca junto a su enamorada Rosario Ponce. El 17 de mayo de este año, también halló a Olivier Toledo, un joven que desapareció mientras peregrinaba al Santuario de Chapi.

“¿Es usted un hombre con suerte?”, le digo. “No lo sé. Bueno, no lo creo”, responde con la sonrisa entrecortada. Recuerda que su gran problema cuando intentó ser policía a los 18 años, fue el dinero. Hoy a sus 45 años, convertido en guía de Alta Montaña y rescatista, sigue siéndolo.

Vida en la ciudad

Cacya no ha tenido una vida fácil. A los 13 años dejó Pinchollo para estudiar en el colegio Honorio Delgado de Arequipa. Solo llegó a tercero de secundaria, la escasa economía de la familia, con ocho hermanos que alimentar, no le permitió continuar. Tuvo que trabajar.

Eran tiempos en que el servicio militar era obligatorio en el país. Cacya decidió servir en la Fuerza Aérea del Perú (FAP). Era la mejor manera de acortar camino para convertirse en suboficial. Estuvo internado en la base de La Joya, en pleno desierto de Arequipa, hasta los 20 años, donde terminó la secundaria. Se graduó de Sargento Primero. El contacto con sus padres y su tierra era casi nulo. No quería volver.

Luego, en busca de sus sueños de infancia, Cacya se fue a Lima y trabajó en la FAP como auxiliar en mesa de partes. Su objetivo era codearse con los altos mandos para que lo ayuden a ingresar a la Escuela de Suboficiales.

Postuló dos veces. Aprobó el examen académico en el segundo intento, en 1999, pero por falta de “vara” no ingresó, cuenta. “Esos malditos. Eres chato me dijeron, y fue la excusa para no aceptarme. A los 20 años me quedé en nada y tuve que empezar de cero”, dice renegando y con la frustración a flor de piel.

“Le pedí a un general que era mi amigo que me ayudara, él me dijo que esperara un año porque tenía hartos ahijados recomendados. Como era joven me decepcioné y me fui. Hubiera esperado”, reflexiona. Ahora sabe que la clave para lograr muchos objetivos en la vida es la paciencia. “Las cosas llegan por sí solas, pero hay que saber esperar”, confirma.

Cuando llegamos a su casa, se arma una fiesta familiar. Reyna, su segunda hija, lo abraza con efusividad. Atrás los pequeños Eloy y Leandra pugnan por alcanzar los brazos del padre, que una semana atrás partió para buscar a un hijo que no era suyo y que lo encontró muerto en el desierto arequipeño. “Me llamo Eloy Ismael Cacya Oxa”, dice marcialmente el único hijo varón de don Eloy. El pequeño tiene solo tres años. Como su padre, es amable, pero a diferencia de él es extrovertido y coqueto.

Eloy Cacya padre es un hombre de pocas palabras. Su profesión le ha enseñado que actuar es más efectivo que hablar. Prefiere el perfil bajo, por eso ser la portada de diarios locales en estos días lo ruboriza. Cuando era niño cantaba rancheras en el colegio, todos lo aplaudían, era hincha de Pedro Fernández, pero un día le salió un gallo horroroso y se prometió a sí mismo no exponerse más en público.

Su hogar es uno de esos pocos espacios donde se siente libre de burlas y prejuicios. “Mi familia es sagrada”, remarca. El pequeño Eloy, a nuestro costado, canta “tírate un paso” (de los Wachiturros), desatando las carcajadas del progenitor. Tal vez, él si pueda ser cantante.

Después de su fallida experiencia en Lima, Cacya partió a Argentina durante dos años. En junio de 1990 se fue a trabajar a la ciudad de Córdoba como albañil, animado por un  tío. “Era feliz y pensé en quedarme a vivir allí, incluso tramité mi residencia, solo me faltaba recoger el documento”, cuenta.

En Córdoba, la segunda ciudad más poblada de Argentina, Cacya empezó a extrañar sus raíces. Entonces, aprovechando sus vacaciones, decidió volver a Pinchollo. Solo por una semana. Pero al ver a sus padres viejos y sus chacras abandonadas, amplió su visita. Se quedó para siempre. “No volví ni por el vuelto a Argentina”, dice. El hijo que quería vivir en la urbe volvió al campo. Hoy es el único de sus hermanos que trabaja la tierra y cría vacas y toros.

Guía de Montaña

Tenía 27 años cuando encontró por casualidad su verdadera vocación. “Empecé tarde”, dice. En 2002, mientras trabajaba de guardaparques en el Cañón del Colca, encontró a Carlos Zárate, el conocido andinista arequipeño. Él le presentó a su hijo, Miguel, el descubridor de la momia Juanita, que lo invitó a un curso para guías de montaña.

“Pensé que era solo un curso. Pedí permiso en el trabajo, vine a Arequipa y me dí con la sorpresa que era una profesión. Estaba empezando a hacer una carrera sin saberlo”, reconoce. Convertirse en guía le tomó varios años, porque no tenía dinero. Aun así, se fue a Huaraz. Postuló e ingresó al centro de Altos Estudios de Alta Montaña, donde se graduó en 2006.

A los 27 años también conoció a Reynalda Oxa, la única mujer que ha amado en su vida. Es sábado y Eloy nos invita a visitar sus chacras. Su hijo acompaña la caminata. El sendero hacia el lugar está inundado de hierbas frescas. El olor a muña (planta típica del lugar) es inconfundible.

Al frente de su predio se ve el cerro Fortaleza, donde Rosario Ponce (investigada por la muerte de Ciro Castillo) fue hallada con vida en abril de 2011. El guía recuerda esa travesía que lo sacó del anonimato.

Está seguro que a Ciro lo mataron. No cree que haya sido Rosario. (Mutante 4).  Él tiene dos hipótesis, pero me las dice ‘off the record’, porque las piensa contar en un libro que está por terminar. Allí contará su verdad. Si todo sale bien, presentará el texto en la Feria Internacional del Libro (FIL) en setiembre próximo. Confiesa que el doctor Ciro nunca le pagó la recompensa que prometió. “Yo no quiero dinero, solo gratitud, ojalá algún día venga a mi casa y comamos algo en familia”, señala.

Cuando se perdió Olivier en Chapi, lo contactó el periodista Gessler Ojeda. Eloy no tenía ni para los pasajes, pero partió a Chapi. Encontró el cuerpo de Olivier Toledo después de un día de búsqueda. Lo localizó en la quebrada de Sechuna. Eran las cuatro de la tarde. Pensó que estaba vivo, quiso reanimarlo pero Toledo había fallecido hace cinco días.

Las chacras, el ganado y su trabajo de guía en estos meses no lo ayudan a mantener su familia. Cacya ha decidido vivir en Arequipa para darles mejores estudios a sus hijos. Por estos días busca un terreno y empleo seguro en la Ciudad Blanca. Tendrá su propio éxodo. Con toda su familia.  El guía que halló a Ciro y Olivier no conoce todavía el sendero a la ciudad. El jueves en la mañana, una radioemisora de Arequipa recibe una llamada. Es una madre que perdió a su hijo en Cotahuasi hace un año. Le invoca a Eloy que la ayude a encontrarlo. Así esté muerto, quiere enterrarlo como Dios manda.

Un comentario en “Eloy Cacya, el guía que encontró a Ciro y Olivier busca su sendero

  1. “…Al frente de su predio se ve el cerro Fortaleza, donde Rosario Ponce (investigada por la muerte de Ciro Castillo) fue hallada con vida en abril de 2011…”

    Rosario no fue hallada en el cerro Fortaleza, sino en las faldas del Cerro Bomboya, cerca a la casita de Peigh.

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