Ciro sobreseído

Por Fernando Vivas – Publicado en su columna Mucho Ojo de El Comercio el 6 de Julio del 2013

Por fin, se cerró un caso prolongado como culebrón por la terquedad de un padre que hasta hoy se niega a aceptar la altísima probabilidad de que su hijo haya muerto accidentalmente. Creo que Ciro Castillo Rojo padre, como jefe de familia autoritario que ha demostrado ser, no puede soportar la idea de que su primogénito haya sido ayudado a sobrevivir por una chica más fuerte que él. Y es esa telenovela de orgullo patriarcal contrariado la que periódicos y programas amarillos han contado, sin rigor, como si fuera la crónica objetiva de los hechos.

Es cierto que Ciro papá cita evidentes contradicciones de Rosario Ponce, pero ninguna es prueba de delito, ninguna delata un móvil de asesinato. Pueden deberse a la mala memoria de un suceso traumático o a mentiras que ocultaban detalles de sus peleas y su separación de Ciro en plena emergencia. Nada de ello configura siquiera negligencia culposa.

También es cierto que la supervivencia de Rosario roza lo increíble, pero no la hemos dejado contar su historia a plenitud. La interrumpimos para sintonizar la telenovela patriarcal que se volvía cada vez más truculenta cuando se forzaban subplots con exnovios de Rosario, policías en la familia y hasta el par de topos mexicanos que parecían quiromantes de “Psíquicos” antes que socorristas. Por cada Ciro padre, hay muchísimos otros que entierran a sus hijos con serenidad, y su dolor conmueve igual.

Por supuesto, acompañamos a Ciro papá en su duelo, pero no en su terquedad. Discrepo de quienes lo han tomado como ejemplo de lo que un padre de familia debe hacer ante una tragedia similar. Ante las cámaras, impuso su discurso a su esposa e hijos. Oírlo disertar sobre su futuro político con la esposa llorosa detrás no me parece edificante, ¿qué quieren que les diga? Solo su tesón, eso sí, permitió el hallazgo del cadáver, que, por cierto, fue lo que acabó exculpando a Rosario.

Mientras los Castillo Rojo se prodigaban a los medios, Rosario se ganaba su antipatía con respuestas a media caña y luego, mal aconsejada, cediendo la invitación de Ciro Taype para subir a la pasarela. Frivolizó su causa. Sin embargo, esa anécdota ya pasó y, ahora, rehabilitada por el sobreseimiento del caso, merece que se la deje contar su hazaña.

Y, para la próxima, no caigamos por favor en presumir que los padres tienen que mover cielo y tierra para buscar culpables de la muerte de sus hijos. Por cada Ciro Castillo Rojo papá hay muchísimos otros que entierran a sus hijos con discreción y su dolor es igual de conmovedor, aunque las cámaras no los sigan.