Violencia en la ciudad

Por Ángel H. Romero Díaz – Publicado en la columna Equidad del diario Expreso el 13 de Julio del 2013

Las calles y plazas pertenecen a todos los ciudadanos por igual. Sin embargo, vemos cómo estas son convertidas en campos de batalla por ciertos grupos que las recorren para dar a conocer sus formas de protesta frente a medidas que consideran injustas y atentatorias a sus derechos. Si estas se dieran en un marco de respeto a las normas que nos rigen como sociedad organizada, de respeto a otros ciudadanos y a su derecho de vivir en paz y en tranquilidad, las marchas callejeras no tendrían por qué incomodar a nadie. El problema es cuando se desprende de ellas, formas violentas de protesta, no sólo alterando el orden público, sino atentando contra la seguridad y la propiedad de las personas.

El deseo de todos es vivir en paz y la responsabilidad del Estado y su expresión política que es el gobierno, es atender esa demanda general, permitiendo condiciones habitables a los ciudadanos y evitando, en consecuencia, circunstancias que permitan la existencia de esos brotes de reacción violenta y de alteración del statu quo. Cumplir con las normas y hacerlas cumplir, es una de ellas, por ejemplo. Esto es muy importante, porque si el ciudadano ve que sus autoridades incumplen los mandatos orgánicos, nos los escuchan y menos los atienden, reacciona a veces con violencia, frente a lo que considera que es injusto. Y esto es lo que se debe evitar.

Las autoridades competentes deben evaluar esas circunstancias, atender los pedidos ciudadanos o explicar adecuadamente la negativa a sus demandas, para evitar que las protestas salgan a las calles y plazas públicas, perjudicando a otros ciudadanos que sí quieren vivir en tranquilidad. Estos últimos días hemos sido testigos de violentas manifestaciones públicas, con daños a la propiedad. Y se anuncian nuevas protestas públicas.

Es necesario, por ello, llamar la atención de aquellas autoridades que están en la obligación de evitar, por métodos pacíficos y legales, esas expresiones de violencia callejera, haciendo uso del diálogo abierto y franco de modo que los interesados adviertan que el compromiso de la autoridad recupera credibilidad y cobra fuerza, frente a la duda y hasta a la sospecha de su veracidad. 

Un comentario en “Violencia en la ciudad

  1. A propósito, la marcha-plantón organizada por el Dr. Ciro o sus seguidores hace tres días en Arequipa, en contra del archivo del caso, fue tan pobre que -con excepción de un pasquín chicha- ningún diario serio publicó alguna nota o foto al respecto.

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