Las mismas mentiras del Dr. Ciro Castillo

1. “…la Fiscalía, la Dra. Lozada, que presentó la hipótesis de que Rosario lo había empujado a Ciro, estuvo sosteniendo la misma, y abruptamente, sin mediar mayores raciocinios, ella cambia de opinión…”

Mentira. Luego de haber presentado la hipótesis señalada, en su resolución de Octubre del 2012, sucedieron las siguientes cosas:

  • Se desbarató la hipótesis de la presencia de Rosario en el escenario de la muerte de Ciro, al constatarse la NO existencia del TERCER GUANTE.
  • A pesar de que existían dos informes, el del antropólogo Parra y el del perito físico Miranda, que no sustentaban la teoría del empujón; y ante el absurdo crédito y manipulación de la frase “fuerza extraña” o “fuerza externa” pronunciada por Parra; y como parte de una propuesta de la resolución, se solicitó a un perito físico de la UNI y del IPEN la elaboración de una teoría científica que explique la caída de Ciro. El resultado fue la pericia del físico López Milla que descartaba el empujón.

Estos dos elementos fueron contundentes para desbaratar la hipótesis del homicidio, y se confirmaba lo que todos los peritos siempre afirmaron, fue un resbalón.

2.… es inconcebible que después de casi dos años de haber estado presentando cerca a doscientas pruebas y semi-pruebas se produce el cambio…

Mentira. Nunca se aportó una sola prueba de que existiera un homicidio, menos de la participación de Rosario. Eso de pruebas y semi-pruebas y de la abultada cantidad de ellas, es una mentira que el Dr. Ciro y su abogado Medina han repetido, pero que ellos mismos saben que es falsa. Cada vez que Ud. las escuche, está comprobando que son hábiles para mentir sin sonrojarse.

3.…encontramos el cuerpo, y allí también se demuestra, el Estado no lo encontró, no lo encontró la Policía...”

Esta es una media verdad. El Dr. Ciro no encontró el cuerpo, lo encontró Eloy Cacya, a quien él no le pagó lo ofrecido. Ud. argumentará que a Eloy Cacya le proveyeron de equipos la gente de Soluciones Verticales, contratada por el Dr. Ciro, pero eso sería ignorar que sin la inteligencia de la Dra. Lozada, nunca se hubiera buscado en ese lugar. Si no fuera por su decidida acción, yendo ella misma al cerro Bomboya, y ordenando que se buscara por ese abismo bajo las instrucciones de Eloy Cacya, hasta ahora todos estarían buscando en el cerro Fortaleza y guiados bajo el desacierto de los inexperimentados Topos, haciendo más caso a fantasías de videntes que a la razón.

4.…la Dra. me dice, “Ella (Rosario) ha mentido ¿no?” “Sí, ha mentido”, me dice, entonces eso quiere decir que existe el derecho a mentir en el nuevo modelo procesal, estamos llegando a absurdos, porque no puede existir un derecho a mentir…

El Juez Torreblanca le corrigió la plana a la Dra. Lozada al afirmar que Rosario no se contradijo, y lo hizo sin hablar con Rosario, sino basado en las mismas pericias que figuraban en el expediente que la Dra. Lozada manipuló por más de 500 días. Rosario no mintió, y el que más ha practicado la mentira, impunemente hasta ahora, ha sido el mismo Ciro Ronald Castillo Rojo Salas.

Esto concluye el Juez Torreblanca en su resolución:

“… Cinco expertos han demostrado que no existió contradicción en los relatos de la imputada y que el argumento de que la imputada miente y por ello se contradice, resulta una apreciación subjetiva de la defensa técnica del actor civil sin elementos de convicción que la respalde…”

 Vea el texto detallado aquí

5.…no tengo ninún interés político…“, “…se persigue a manera encarnizada y se puede llegar a absurdos en la política…

Hablando sobre la seguridad ciudadana y sobre el crimen, la lengua del Dr. Ciro le traiciona y revela lo que está en su mente “…la política…”.

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Ciro Castillo Rojo: “No tengo ningún interés político”

Padre del joven fallecido en el Colca comentó fallo que archiva definitivamente la denuncia por homicidio contra Rosario Ponce.

Publicado en Peru21 el 29 de Septiembre del 2013

Pese a la reciente campaña que busca lanzar a la presidencia a Ciro Castillo Rojo, el padre del joven universitario muerto en el Colca, este negó que tenga algún interés en incursionar en política.

“Yo no tengo ningún interés político, es más, ni siquiera por asomo había pensado intervenir en política”, indicó.

Además, se refirió al fallo judicial que archivadefinitivamente la denuncia penal contra Rosario Ponce por la muerte de su hijo.

“La lucha sobre determinadas cosas no es solamente en el terreno que compete hacerlas… Aquí se debe levantar la cabeza y observar a la sociedad peruana, estamos en una situación un poco caótica. Tenemos que pararnos la gente de buena fe y empezar a plantear las cosas”, agregó, al afirmar que su familia siente que ha sido víctima de la “incapacidad del Estado”.

“Yo pienso que lo que nos han dicho y hecho con la sentencia no solo no es correcto, sino que es injusto.No estamos satisfechos, nos sentimos víctimas de la muerte de mi hijo, de la incapacidad del Estado de defender a los ciudadanos, de la pusilanimidad del Ministerio Público y de cualquier otra denuncia que pueda haber”, sostuvo.

Acciones legales

Poco después de conocerse el fallo, Juan de Dios Medina, abogado de la familia Castillo Rojo, indicó que presentarán otras acciones legales ante la Corte Suprema de Justicia.

Sin embargo, se supo que solo podría presentar un recurso de casación, que no podría modificar la decisión final de archivar el caso, sino solo ahondar en algunos aspectos de la forma en que se realizó la investigación.

Eva y Rosario

Por Rosa María Palacios – Publicado en La República el 29 de septiembre de 2013

Por esos extraños juegos del destino, este viernes dos casos policiales tuvieron un desenlace simultáneo. Aunque no se parecen, ni en los hechos ni procesalmente, ambas historias han capturado al público durante años y son parte, hoy, de toda conversación banal. Todo peruano tiene su teoría de “lo que realmente pasó” y está dispuesto hasta al insulto para defenderla.

¿Qué une a Eva y Rosario? ¿Ser mujeres jóvenes, bellas e independientes? ¿El misterio? ¿El conflicto familiar? ¿El drama de la muerte? ¿Pertenecer a un nivel socioeconómico al que se aspira? ¿La fascinación por el morbo y el fisgoneo en la vida ajena? ¿El sexo en su detalle más íntimo? Probablemente un poco de todo esto, que revela mucho más de los prejuicios, estereotipos y vilezas de la sociedad peruana que sobre ellas. Pero, tal vez, es una sola cosa la que las une sobre todas las demás. Venden. Y  venden mucho más si no se las trata con respeto.

El fenómeno mediático, en cualquier plataforma, que generan ambas no tiene precedentes. No recuerdo caso similar de espectáculo tan repugnante por la utilización salvaje de la vida privada para hacer negocio.  Rosario Ponce llegó a la humillación de tener que ver hasta su pericia psicológica, protegida por el secreto profesional, proyectada en la televisión ante millones de televidentes que seguro se relamían de gusto. Eva Bracamonte tuvo que ver ventilada su vida sexual como si de eso dependiera su sanidad mental o mereciera una condena de cárcel por no estar enamorada de un hombre. Rosario ha tenido que ver, con espanto, cómo una turba le tiraba piedras o, entre risas, se vendía su muñeco para ser quemado en Año Nuevo. Eva ha tenido que sufrir una profunda depresión en la cárcel. Y podría seguir.

Sin embargo, lo que el Estado Peruano le ha hecho a estas dos mujeres, a través del sistema de justicia, no es menos indignante.  La Fiscalía de Arequipa ha mantenido el caso de Rosario vivo durante más de dos años. ¿Con qué propósito que no fuera dilatar para mantenerla acosada en un limbo jurídico? Ni una prueba, nada que no sea  “su cara no me gusta”. Salvo que cuenten como prueba los ataques de la familia del enamorado, muerto por un accidente,  que se dedicó a obtener atención para su proyecto político y que requiere tener vivo el caso para ese fin.

El caso de Eva Bracamonte es judicialmente peor. Cuatro años presa sin nada concluyente. Cuatro años. ¿Quién se los devuelve? Y ahora, sale libre pero a enfrentar un nuevo proceso que, si se siguiera la línea argumental de la Corte Suprema, tendría que archivarse de plano por carecer de toda probanza posible.  Nadie en la Corte Suprema la ha condenado. Tres vocales la absolvieron y cuatro pidieron la nulidad del proceso. ¿Cuánto más tendrá que pagar por la incompetencia de un sistema defectuoso?

Ambas han sido víctimas de la corrupción policial que vende pruebas y pedazos de expedientes a una prensa que quiere más sangre. Esa misma Policía que hizo pasar a Liliana Castro por un examen médico legista donde la gracia era desnudarla. Y ninguna se ha fugado ni ha pedido nada que no sea que se respeten sus derechos pisoteados.

Pero, a pesar del horror vivido, ambas tendrán que cargar con el estigma que produce la ignorancia sobre lo que es la inocencia. Un bárbaro llama a Rosario “culpable no probada”.

¿A esos niveles de incivilidad hemos descendido? Todos somos inocentes mientras no se pruebe lo contrario. Esa es la civilización del Estado de Derecho.

Todo lo que ha pasado con Eva y Rosario nos ha mostrado la peor cara del periodismo, del Estado y de la sociedad peruana. A ellas, todo el Perú les debe más que una disculpa.

¿El vicio señalando al crimen?

Si somos consecuentes al periodismo se le aplica entonces el mismo aforismo de Lord Acton: A más poder, más corrupción. ¡Y vaya que la prensa y el periodismo lo tienen!

Por Ricardo Vásquez Kunze – Publicado en Peru21 el 29 de Septiembre del 2013

Se realizó en Lima la IV Conferencia Anticorrupción Internacional, que fue inaugurada con bombos y platillos el último jueves. Esto ha dado pie para que vuelva a correr mucha tinta sobre el tema de los gobiernos corruptos y el papel de la prensa, el periodismo y la opinión pública como frenos a esta forma de crimen. La corrupción tiene, sin embargo, otro ángulo que pocos tocan: el de la prensa, el periodismo y la opinión pública hoy, y no en los tiempos de Montesinos.

El periodismo es el instrumento por excelencia de la libertad de expresión y, por tanto, de otra aún más sofisticada: la libertad de opinión. Es en ese contexto que el periodismo informa sobre temas y personajes de relevancia pública. Es mediante esta información que el periodismo crea y forma opinión pública, la orienta y la influencia impactando en un gobierno y, por tanto, en la gobernabilidad de un Estado.

Así, se supone que influir sobre la gobernabilidad de un régimen democrático es contribuir a que éste funcione lo mejor posible. Como, siguiendo el aforismo de lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, el periodismo tiene su amarga fórmula para que los gobiernos democráticos cumplan sus fines: poner el dedo en la llaga para que brote pus.

De ahí se sigue que el negocio del periodismo sea buscar carroña en el sentido de extirparla para la sanación de la cosa pública. Así, el periodismo no construye poder, lo destruye. Esa es su idea de la gobernabilidad en la medida de que entiende que la corrupción es el principal elemento de distorsión del correcto funcionamiento de un gobierno democrático, porque todo poder lleva el germen de la corrupción consigo. De ahí que, a menos poder menos corrupción; luego: mejor funcionamiento de la democracia.

El problema con este cuento es que el periodismo en tanto actividad de la prensa es también y sobre todo Poder. Y si somos consecuentes se le aplica entonces el mismo aforismo de lord Acton: A más poder, más corrupción. ¡Y vaya que la prensa y el periodismo lo tienen!

Así, mientras más poderosa la prensa y el periodismo ya no en una sociedad democrática, sino en la sociedad del espectáculo donde todo lo que importa es divertirse, mayor posibilidad de corrupción allí. Es decir, corrupción entendida como la deformación de su objeto y negocio: informar y formar opinión pública. Se perfila entonces una “gran noticia”: aquella del “vicio denunciando al crimen”; de un lado el Cuarto Poder y, del otro, los tres poderes del Estado.

Cuando Alfred Harmsworth democratizó el periodismo a fines del XIX para ponerlo al servicio del “hombre que tiene prisa”, “dándole al público lo que desea” creó la “opinión pública”. Y la “opinión pública” cimentó el poder de la prensa sobre los gobiernos democráticos para hacerlos menos corruptos, contribuyendo a que funcionen lo mejor posible. Tal fue entonces el sentido de construir gobernabilidad.

Lo que nunca se imaginó Harmsworth fue que “el hombre que tiene prisa” tuviera tanta, en realidad, por abandonar los tediosos caminos de la verdad para pasar a los ligeros senderos de la diversión. El hecho es que la misma filosofía popular que abrió al gran público las puertas de la verdad para con su peso combatir la corrupción de los gobiernos, abrió también las puertas a la corrupción de la opinión pública donde lo último que importa hoy es la verdad.