Eva, Rosario y la prensa

Por Liuba Kogan, Jefa del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Pacífico

Publicado en El Comercio el 4 de Octubre de 2013

Los sonados casos de acusación de homicidio de Eva Bracamonte y Rosario Ponce se negociaron en espacios policiales, judiciales y mediáticos de un modo dramático. Resulta conmovedor el papel que jugó gran parte de la prensa escrita, radial y televisiva en estos procesos, pues tomó partido de un modo poco profesional, parcializándose, pero sobre todo dando cabida a múltiples voces que lanzaban hipótesis descabelladas, acusaciones sin sustento y narrativas de toda calaña que competirán con cualquier texto de ficción de serie policial televisiva.

Por ejemplo, refiriéndose a Rosario Ponce, un diario local plantea, citando una fuente sin identificar, que “una especialista en el tema emocional había notado que cuando hablaba de Ciro, parpadeaba mucho, como si tuviera un tic, o quizás por nerviosismo; pero además agacha la cabeza, no habla con convicción, lo que podría ser por temor, por vergüenza o porque oculta algo”. El diario en mención desata interpretaciones sobre los hechos misteriosos que ocurrieron en el Colca como si se tratara de una telenovela de corte tradicional en el más crudo formato de los llamados crímenes pasionales.

Pero no solo eso, se construye un personaje y se lo denigra como parte de una narrativa que algunos periódicos desarrollan en cada entrega. Cuando Rosario participa en un desfile de modas con fines benéficos, una exreina de belleza señala: “Para mí esa señorita es fea”. En otro diario se dice: “La pobre parecía un tamal envuelto con las lonjas desparramadas y de remate caminando como paisana”.

En el proceso seguido a Eva Bracamonte, por otro lado, se destraba un nudo temático ligado a la homosexualidad como causal de pasiones y culpabilidades. Un conocido conductor radial promueve debates con el público oyente planteando que “la familia de Eva es lo más disfuncional posible: hija lesbiana, hijo homosexual, y todos llevando sus amantes a casa”. Cabe mencionar que la orientación no heterosexual no implica disfuncionalidad sino diversidad; sin embargo, las afirmaciones homofóbicas del conductor desatan comentarios de igual tono.

Si bien la opinión de los oyentes radiales importa, la pregunta que debemos hacernos es acerca de la responsabilidad de los periodistas y de la pertinencia de un formato de conversión donde todas las opiniones -las informadas y las desinformadas- importan por igual, incluyendo las de los mismos conductores.

No me atrevo a plantear que las conversaciones desinformadas y parcializadas de algunos programas radiales y los comentarios parcializados y ajenos a fuentes sustentadoras de algunos diarios representen el epítome de la democracia, bajo el argumento de que la democracia implica decir lo que nos da la gana. Tampoco creo en las mordazas o controles sobre contenidos mediáticos.

El quid del asunto es trabajar por una prensa profesional y responsable, y por una ciudadanía que lo exija. Por lo pronto, el lugar para decir lo que nos da la gana son las redes sociales. La prensa radial, escrita y televisiva, debe ser harina de otro costal si no quiere perder su lugar en el entorno mediático.

Luces, cámara, acción: Eva libre, Grace vive

Por Aldo Cisneros – Publicado en Diario Altavoz el 3 de Octubre del 2013

Me fascina esta era. Me fascina y me deja pasmado por momentos. Hoy en día todo es susceptible a ser transformado en un espectáculo, sólo hace falta que el gran público se sienta entretenido, tenga una historia inconclusa que seguir, personajes con trasfondos atípicos, cierto morbo que los seduzca y una prensa dispuesta a explotar el material. Es así, que sin percatarnos, hasta un caso penal se puede transformar en un reality involuntario, en decenas de portadas cada día, en cada quiosco, centenas de notas de prensa y varios minutos de transmisión televisiva, la preocupación fingida de los conductores y las preguntas idiotas de algunos reporteros.

Con las líneas anteriores aludo al caso Fefer, en el cual, los hermanos Ariel y Eva Bracamonte pasaron de ser perseguida y perseguidor a estrellas mediáticas del “Caso Fefer” la tragicomedia nacional televisada de horario estelar y con mayor audiencia de los últimos años. Serie eclipsada solamente en algunos momentos por una producción de corte similar ambientada en el Colca y donde los protagonistas no eran hermanos, sino pareja: “La triste y trágica historia del cándido Ciro y su novia desalmada”.

Ahora bien, los elementos del caso Fefer hacían sencilla la tarea de hacerlo viral: una próspera empresaria asesinada vilmente por un sicario colombiano, dos hijos homosexuales donde el hermano responsabiliza a la hermana y a su pareja de obrar como autoras intelectuales del homicidio, supuestamente motivadas por una cuantiosa herencia.

Ahora lo importante no es la búsqueda real por un responsable, ni mucho menos los elementos forenses. No, aquí lo importante es más básico, más instintivo ¡Una familia acomodada con no uno, sino dos hijos homosexuales!, ¡Una es una asesina!, ¡Ariel ahora baila en el programa de Gisela¡, ¡Eva tiene una mirada sombría, de seguro fue ella¡ Es decir, la reacción inmediata, y la búsqueda de la audiencia por seguir experimentando esta clase de shocks que los saque de su aburrimiento cotidiano.

La razón es sencilla, es un escenario insólito, por tanto, es interesante. Añadámosle los elementos más morbosos que informativos, más lágrimas y menos contenido, una mayor dosis de tragedia matricida y una disminución de los datos jurídicos. Está listo, el reality con más dosis de realismo jamás concebido aunque no por ello menos cretino. El escape aparente a la rutina que acaba siendo la nueva rutina, el consumo de basura televisiva. Ahora Eva Bracamonte ha sido liberada hasta enfrentar un nuevo juicio y con ello el linchamiento mediático que sufría se ha detenido, pero las rotativas y las cámaras hambrientas por el caso Fefer están lejos de detenerse.

Cómo será de frívola e idiota esta era de la información (de la información, no del conocimiento) que hoy en día todo es un vano entretenimiento, un show taquillero con cuotas de drama, un thriller policial de nunca acabar, un espectáculo mientras sirva y ya. No importa si el protagonista es la hija lesbiana y matricida o si es el joven infortunado que fue arrojado al fondo de un cañón por su novia desequilibrada. Ah no, nadie era quien parecía ser y las historias no eran como nos las contaron y ¿quiénes las contaron mal? Todos. ¿Y quiénes las siguen contando? Todos y ¿quién mató al comendador? “fuente ovejuna señor”.

Al final todos formamos parte de esta cháchara superficial. De este juego de espejos y espejismos. Esta columna misma está supeditada a ese medio circundante. Son las palabras del malestar respecto a este fenómeno contemporáneo. Al momento de acabar con esta columna, todos en las redes sociales, comentaban, cuestionaban o lamentaban la supuesta muerte de “Grace”, personaje de “Al Fondo Hay Sitio”. Todo bien con ello, al menos hay cosas que sí han sido diseñadas para ser una mera diversión.

Eva y Rosario

Por Rosa María Palacios – Publicado en La República el 29 de septiembre de 2013

Por esos extraños juegos del destino, este viernes dos casos policiales tuvieron un desenlace simultáneo. Aunque no se parecen, ni en los hechos ni procesalmente, ambas historias han capturado al público durante años y son parte, hoy, de toda conversación banal. Todo peruano tiene su teoría de “lo que realmente pasó” y está dispuesto hasta al insulto para defenderla.

¿Qué une a Eva y Rosario? ¿Ser mujeres jóvenes, bellas e independientes? ¿El misterio? ¿El conflicto familiar? ¿El drama de la muerte? ¿Pertenecer a un nivel socioeconómico al que se aspira? ¿La fascinación por el morbo y el fisgoneo en la vida ajena? ¿El sexo en su detalle más íntimo? Probablemente un poco de todo esto, que revela mucho más de los prejuicios, estereotipos y vilezas de la sociedad peruana que sobre ellas. Pero, tal vez, es una sola cosa la que las une sobre todas las demás. Venden. Y  venden mucho más si no se las trata con respeto.

El fenómeno mediático, en cualquier plataforma, que generan ambas no tiene precedentes. No recuerdo caso similar de espectáculo tan repugnante por la utilización salvaje de la vida privada para hacer negocio.  Rosario Ponce llegó a la humillación de tener que ver hasta su pericia psicológica, protegida por el secreto profesional, proyectada en la televisión ante millones de televidentes que seguro se relamían de gusto. Eva Bracamonte tuvo que ver ventilada su vida sexual como si de eso dependiera su sanidad mental o mereciera una condena de cárcel por no estar enamorada de un hombre. Rosario ha tenido que ver, con espanto, cómo una turba le tiraba piedras o, entre risas, se vendía su muñeco para ser quemado en Año Nuevo. Eva ha tenido que sufrir una profunda depresión en la cárcel. Y podría seguir.

Sin embargo, lo que el Estado Peruano le ha hecho a estas dos mujeres, a través del sistema de justicia, no es menos indignante.  La Fiscalía de Arequipa ha mantenido el caso de Rosario vivo durante más de dos años. ¿Con qué propósito que no fuera dilatar para mantenerla acosada en un limbo jurídico? Ni una prueba, nada que no sea  “su cara no me gusta”. Salvo que cuenten como prueba los ataques de la familia del enamorado, muerto por un accidente,  que se dedicó a obtener atención para su proyecto político y que requiere tener vivo el caso para ese fin.

El caso de Eva Bracamonte es judicialmente peor. Cuatro años presa sin nada concluyente. Cuatro años. ¿Quién se los devuelve? Y ahora, sale libre pero a enfrentar un nuevo proceso que, si se siguiera la línea argumental de la Corte Suprema, tendría que archivarse de plano por carecer de toda probanza posible.  Nadie en la Corte Suprema la ha condenado. Tres vocales la absolvieron y cuatro pidieron la nulidad del proceso. ¿Cuánto más tendrá que pagar por la incompetencia de un sistema defectuoso?

Ambas han sido víctimas de la corrupción policial que vende pruebas y pedazos de expedientes a una prensa que quiere más sangre. Esa misma Policía que hizo pasar a Liliana Castro por un examen médico legista donde la gracia era desnudarla. Y ninguna se ha fugado ni ha pedido nada que no sea que se respeten sus derechos pisoteados.

Pero, a pesar del horror vivido, ambas tendrán que cargar con el estigma que produce la ignorancia sobre lo que es la inocencia. Un bárbaro llama a Rosario “culpable no probada”.

¿A esos niveles de incivilidad hemos descendido? Todos somos inocentes mientras no se pruebe lo contrario. Esa es la civilización del Estado de Derecho.

Todo lo que ha pasado con Eva y Rosario nos ha mostrado la peor cara del periodismo, del Estado y de la sociedad peruana. A ellas, todo el Perú les debe más que una disculpa.

¿El vicio señalando al crimen?

Si somos consecuentes al periodismo se le aplica entonces el mismo aforismo de Lord Acton: A más poder, más corrupción. ¡Y vaya que la prensa y el periodismo lo tienen!

Por Ricardo Vásquez Kunze – Publicado en Peru21 el 29 de Septiembre del 2013

Se realizó en Lima la IV Conferencia Anticorrupción Internacional, que fue inaugurada con bombos y platillos el último jueves. Esto ha dado pie para que vuelva a correr mucha tinta sobre el tema de los gobiernos corruptos y el papel de la prensa, el periodismo y la opinión pública como frenos a esta forma de crimen. La corrupción tiene, sin embargo, otro ángulo que pocos tocan: el de la prensa, el periodismo y la opinión pública hoy, y no en los tiempos de Montesinos.

El periodismo es el instrumento por excelencia de la libertad de expresión y, por tanto, de otra aún más sofisticada: la libertad de opinión. Es en ese contexto que el periodismo informa sobre temas y personajes de relevancia pública. Es mediante esta información que el periodismo crea y forma opinión pública, la orienta y la influencia impactando en un gobierno y, por tanto, en la gobernabilidad de un Estado.

Así, se supone que influir sobre la gobernabilidad de un régimen democrático es contribuir a que éste funcione lo mejor posible. Como, siguiendo el aforismo de lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, el periodismo tiene su amarga fórmula para que los gobiernos democráticos cumplan sus fines: poner el dedo en la llaga para que brote pus.

De ahí se sigue que el negocio del periodismo sea buscar carroña en el sentido de extirparla para la sanación de la cosa pública. Así, el periodismo no construye poder, lo destruye. Esa es su idea de la gobernabilidad en la medida de que entiende que la corrupción es el principal elemento de distorsión del correcto funcionamiento de un gobierno democrático, porque todo poder lleva el germen de la corrupción consigo. De ahí que, a menos poder menos corrupción; luego: mejor funcionamiento de la democracia.

El problema con este cuento es que el periodismo en tanto actividad de la prensa es también y sobre todo Poder. Y si somos consecuentes se le aplica entonces el mismo aforismo de lord Acton: A más poder, más corrupción. ¡Y vaya que la prensa y el periodismo lo tienen!

Así, mientras más poderosa la prensa y el periodismo ya no en una sociedad democrática, sino en la sociedad del espectáculo donde todo lo que importa es divertirse, mayor posibilidad de corrupción allí. Es decir, corrupción entendida como la deformación de su objeto y negocio: informar y formar opinión pública. Se perfila entonces una “gran noticia”: aquella del “vicio denunciando al crimen”; de un lado el Cuarto Poder y, del otro, los tres poderes del Estado.

Cuando Alfred Harmsworth democratizó el periodismo a fines del XIX para ponerlo al servicio del “hombre que tiene prisa”, “dándole al público lo que desea” creó la “opinión pública”. Y la “opinión pública” cimentó el poder de la prensa sobre los gobiernos democráticos para hacerlos menos corruptos, contribuyendo a que funcionen lo mejor posible. Tal fue entonces el sentido de construir gobernabilidad.

Lo que nunca se imaginó Harmsworth fue que “el hombre que tiene prisa” tuviera tanta, en realidad, por abandonar los tediosos caminos de la verdad para pasar a los ligeros senderos de la diversión. El hecho es que la misma filosofía popular que abrió al gran público las puertas de la verdad para con su peso combatir la corrupción de los gobiernos, abrió también las puertas a la corrupción de la opinión pública donde lo último que importa hoy es la verdad.

Caso Ciro y el periodismo irresponsable

Publicado en Blog de Julio Víctor Estremadoyro Alegre el 28 de Septiembre del 2013

Después de dos años y  medio de la desaparición del universitario Ciro Castillo Rojo,  la Segunda Sala de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Arequipa archivó de manera definitiva la denuncia por homicidio presentada por la familia del estudiante en contra de Rosario Ponce López, por la muerte del joven en el Valle del Colca.

Con ello se puso fin a un caso que durante meses desató las peores muestras de un periodismo irresponsable que denunciamos en este blog en más de una oportunidad.

Artículos e informes televisivos prácticamente condenaron a Rosario Ponce, pareja del accidentado Ciro, como su homicida o, por lo menos, cómplice de su desaparición y muerte.

El periodismo practicado por un amplio sector de los medios olvidó uno de los postulados fundamentales de la profesión: nadie es culpable de nada hasta que la justicia lo sentencie.

Esos medios, manipulados fundamentalmente por las  temerarias afirmaciones del doctor Ciro Castillo Rojo Salas, padre del infortunado joven, desplegaron  una intensa campaña para que Rosario López fuera acusada.

La difamación tuvo efectos en amplios sectores de la opinión pública, que llegaron incluso a reverenciar el ataúd con los restos del estudiante, en demostraciones populares realmente impresionantes e increíbles.

Ahora esos medios y esos periodistas tendrán que pagar las consecuencias: desprestigio absoluto y las acciones civiles y penales que entablen los abogados de Rosario como castigo justo a tanta irresponsabilidad.

Como era de esperar, el doctor Castillo Rojo Salas criticó la decisión final de la justicia.  Será, sin duda, uno de los demandados y su ambiciosa pretensión a ser candidato a la Presidencia del país desbaratada. 

Justicia con cara de mujer

Uno siente que ayer el Poder Judicial en algo se ha reivindicado.

Por Fritz Du Bois – Publicado en Peru21 el 28 de Septiembre del 2013

Las decisiones que adoptaron las salas con respecto a Eva Bracamonte y a Rosario Ponce han compensado, al menos en parte, a dos personas que han sido víctimas de maltratos innecesarios.

En ambos casos la posición de policías, fiscales y magistrados pareció influenciada por algunos sectores de la opinión pública que, con cierto prejuicio, apuntaron el dedo desde un inicio a las jóvenes mujeres involucradas. La primera por tener una pareja homosexual en quien ella se respaldaba y a quien encargó la empresa de su madre al poco tiempo de que esta fuera asesinada. Mientras que la segunda era una madre soltera sin muchas ataduras y cuya evidente confusión luego de haber estado varios días extraviada fue intencionalmente mal interpretada. El hecho es que una ha pasado 47 meses de encierro, mientras que la otra ha sufrido un verdadero infierno durante los últimos 2 años.

Ahora tenemos que de los siete jueces que estudiaron el expediente Bracamonte en la Suprema ninguno ha planteado que el fallo de primera instancia sea confirmado. En lo que respecta a la muerte de Ciro Castillo, que mantenía a Rosario Ponce como sospechosa, luego de múltiples idas y venidas en la actualidad, existe unanimidad de que hace muchos meses que el caso debió haber sido archivado.

Por otro lado, una lección que no debemos dejar pasar de episodios como estos es la dificultad de investigarlos y de administrar justicia de un modo adecuado. Se podría usar esta experiencia para tratar de diseñar procedimientos judiciales que permitan blindar algunos casos mediáticos. En realidad, es poco probable que se pueda actuar con la necesaria objetividad cuando los encargados del proceso son el centro de atención de los medios durante bastante tiempo, lo cual sumado a la presión de los prejuicios que aún arrastramos, sin duda, terminan influenciándolos.

Las tres Rosarios y Ciro Castillo Rojo

Un caso convertido en novela y que hoy puede llegar a su fin. La madre, la novia y la fiscal comparten un mismo nombre

Por Ibón Machaca – Publicado en Correo el 27 de Setiembre del 2013

A dos años de la extraña muerte del joven Ciro Castillo-Rojo García-Caballero, el interés de la opinión pública no decae, y tampoco el de los medios de comunicación.

El joven estudiante de Ingeniería Forestal se había perdido junto a su enamorada, Rosario Ponce, en el Valle del Colca. Era abril del 2011.

El 13 de ese mismo mes, a los nueve días de reportado el extravío de la pareja, la policía halló solo a la enamorada. En los siguientes seis meses, el padre del muchacho, Ciro Castillo Rojo, protagonizó una tenaz búsqueda que concluyó el 20 de octubre, con el hallazgo del cuerpo de su hijo en las faldas del nevado de Bomboya. Sin embargo, el drama no terminó ahí. La familia de Ciro puso en duda las declaraciones de Rosario, la expareja, y entabló una denuncia en su contra, al considerarla responsable de la muerte del universitario.

Hasta ese entonces, Rosario Ponce era la única protagonista de esta trágica historia. Hoy, dos años y algo más después, son 3 las mujeres que han influido como nadie en el desenlace del escabroso caso. Las tres se llaman Rosario.

La madre

La primera mujer es sin duda alguna su madre, Rosario García Caballero, quien a lo largo de este proceso no ha descansado y se ha mantenido firme en el intento por saber qué sucedió con su hijo, el primogénito.

“Éramos muy unidos”, musitó tras el teléfono, la doliente progenitora, quien además nos dijo que era ella a quien siempre llamaba Ciro para cualquier asunto que lo afectara.

De él recibía los más lindos piropos; le encantaba siempre congraciarse con ella. Su ausencia caló hondo en su corazón de madre, pues “no existe día en el que no piense en él.

En la última comunicación que sostuvo con su hijo, este le hizo una promesa que no fue cumplida. Le dijo que volvería.

Un sinfín de razones pasan por su mente en busca de la respuesta a la muerte de su vástago. Su primer pensamiento siempre involucra a la expareja de su hijo, Rosario Ponce, de quien solo quiere la verdad.

La pareja

Rosario Ponce, la exenamorada con la que Ciro emprendió el trágico e interminable viaje sin retorno, fue objeto de una serie de investigaciones y cuestionamientos.

Tras su rescate, la opinión pública la convirtió en un personaje negativo al considerarla responsable de la muerte del estudiante, posición que se vio alimentada por la actitud aparentemente despreocupada de la muchacha ante el hecho.

“Rosario era una persona movida, que tenía varios enamorados y no le importaba su menor hijo”, tales declaraciones fueron consignadas en el expediente fiscal, a propósito del testimonio de uno de los amigos cercanos a la pareja.

Sin embargo, ella dejó atrás lo vivido y optó por seguir adelante. Antes se había visto obligada a dejar sus estudios ante el asedio de la prensa, pero hace poco más de un mes se graduó como ingeniera forestal en la Universidad La Molina.

Cumplirá 27 años este 6 de octubre y está resuelta a salir adelante pese a los obstáculos.

La Fiscal

María del Rosario Lozada Sotomayor, abogada y fiscal arequipeña egresada de las aulas de la Universidad Católica de Santa María, tomó el caso el año pasado, cuando le fue transferido de otra fiscalía.

La designación partió del propio fiscal de la Nación, José Peláez Bardales, quien consideró que, por tratarse de un caso sonado, se requería de amplio conocimiento y experiencia en la labor de investigación.

Previamente a ella, dos fiscales estuvieron al frente. El primero fue el fiscal de Chivay, Zacarías Macedo Rodríguez, pero lamentablemente dejó de existir al poco tiempo.

El caso fue trasladado al despacho del fiscal Jan Frank Zegarra Rocha, quien inició las indagaciones, pero tuvo que dar un paso al costado una vez conocida la decisión de Peláez Bardales.

La fiscal Lozada, al ser consultada, reconoció -de manera escueta- que el proceso fue muy mediático, pero que pese a ello llevó las investigaciones con serenidad y siempre en búsqueda de la verdad. Su decisión de archivar el proceso, según lo manifestó en juicio ante el magistrado Giancarlo Torreblanca, obedeció a la falta de pruebas suficientes que corroboren la hipótesis inicial y que consideraba a Rosario Natalie Ponce López como la persona que empujó a Ciro Castillo-Rojo García-Caballero hacia el vacío donde halló la muerte.

Juicio

El caso fue investigado durante dos años y medio aproximadamente. Finalmente, hoy habrá un desenlace cuando, a las 8:30 horas, en la Segunda Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, los magistrados Fernán Fernández, Héctor Huanca y Sandra Lazo evaluarán la solicitud presentada por la defensa de Ciro Castillo para que el proceso no sea archivado y se mantenga la investigación vigente “hasta sancionar a los culpables”, como sostiene la familia.