Eva, Rosario y la prensa

Por Liuba Kogan, Jefa del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad del Pacífico

Publicado en El Comercio el 4 de Octubre de 2013

Los sonados casos de acusación de homicidio de Eva Bracamonte y Rosario Ponce se negociaron en espacios policiales, judiciales y mediáticos de un modo dramático. Resulta conmovedor el papel que jugó gran parte de la prensa escrita, radial y televisiva en estos procesos, pues tomó partido de un modo poco profesional, parcializándose, pero sobre todo dando cabida a múltiples voces que lanzaban hipótesis descabelladas, acusaciones sin sustento y narrativas de toda calaña que competirán con cualquier texto de ficción de serie policial televisiva.

Por ejemplo, refiriéndose a Rosario Ponce, un diario local plantea, citando una fuente sin identificar, que “una especialista en el tema emocional había notado que cuando hablaba de Ciro, parpadeaba mucho, como si tuviera un tic, o quizás por nerviosismo; pero además agacha la cabeza, no habla con convicción, lo que podría ser por temor, por vergüenza o porque oculta algo”. El diario en mención desata interpretaciones sobre los hechos misteriosos que ocurrieron en el Colca como si se tratara de una telenovela de corte tradicional en el más crudo formato de los llamados crímenes pasionales.

Pero no solo eso, se construye un personaje y se lo denigra como parte de una narrativa que algunos periódicos desarrollan en cada entrega. Cuando Rosario participa en un desfile de modas con fines benéficos, una exreina de belleza señala: “Para mí esa señorita es fea”. En otro diario se dice: “La pobre parecía un tamal envuelto con las lonjas desparramadas y de remate caminando como paisana”.

En el proceso seguido a Eva Bracamonte, por otro lado, se destraba un nudo temático ligado a la homosexualidad como causal de pasiones y culpabilidades. Un conocido conductor radial promueve debates con el público oyente planteando que “la familia de Eva es lo más disfuncional posible: hija lesbiana, hijo homosexual, y todos llevando sus amantes a casa”. Cabe mencionar que la orientación no heterosexual no implica disfuncionalidad sino diversidad; sin embargo, las afirmaciones homofóbicas del conductor desatan comentarios de igual tono.

Si bien la opinión de los oyentes radiales importa, la pregunta que debemos hacernos es acerca de la responsabilidad de los periodistas y de la pertinencia de un formato de conversión donde todas las opiniones -las informadas y las desinformadas- importan por igual, incluyendo las de los mismos conductores.

No me atrevo a plantear que las conversaciones desinformadas y parcializadas de algunos programas radiales y los comentarios parcializados y ajenos a fuentes sustentadoras de algunos diarios representen el epítome de la democracia, bajo el argumento de que la democracia implica decir lo que nos da la gana. Tampoco creo en las mordazas o controles sobre contenidos mediáticos.

El quid del asunto es trabajar por una prensa profesional y responsable, y por una ciudadanía que lo exija. Por lo pronto, el lugar para decir lo que nos da la gana son las redes sociales. La prensa radial, escrita y televisiva, debe ser harina de otro costal si no quiere perder su lugar en el entorno mediático.

Luces, cámara, acción: Eva libre, Grace vive

Por Aldo Cisneros – Publicado en Diario Altavoz el 3 de Octubre del 2013

Me fascina esta era. Me fascina y me deja pasmado por momentos. Hoy en día todo es susceptible a ser transformado en un espectáculo, sólo hace falta que el gran público se sienta entretenido, tenga una historia inconclusa que seguir, personajes con trasfondos atípicos, cierto morbo que los seduzca y una prensa dispuesta a explotar el material. Es así, que sin percatarnos, hasta un caso penal se puede transformar en un reality involuntario, en decenas de portadas cada día, en cada quiosco, centenas de notas de prensa y varios minutos de transmisión televisiva, la preocupación fingida de los conductores y las preguntas idiotas de algunos reporteros.

Con las líneas anteriores aludo al caso Fefer, en el cual, los hermanos Ariel y Eva Bracamonte pasaron de ser perseguida y perseguidor a estrellas mediáticas del “Caso Fefer” la tragicomedia nacional televisada de horario estelar y con mayor audiencia de los últimos años. Serie eclipsada solamente en algunos momentos por una producción de corte similar ambientada en el Colca y donde los protagonistas no eran hermanos, sino pareja: “La triste y trágica historia del cándido Ciro y su novia desalmada”.

Ahora bien, los elementos del caso Fefer hacían sencilla la tarea de hacerlo viral: una próspera empresaria asesinada vilmente por un sicario colombiano, dos hijos homosexuales donde el hermano responsabiliza a la hermana y a su pareja de obrar como autoras intelectuales del homicidio, supuestamente motivadas por una cuantiosa herencia.

Ahora lo importante no es la búsqueda real por un responsable, ni mucho menos los elementos forenses. No, aquí lo importante es más básico, más instintivo ¡Una familia acomodada con no uno, sino dos hijos homosexuales!, ¡Una es una asesina!, ¡Ariel ahora baila en el programa de Gisela¡, ¡Eva tiene una mirada sombría, de seguro fue ella¡ Es decir, la reacción inmediata, y la búsqueda de la audiencia por seguir experimentando esta clase de shocks que los saque de su aburrimiento cotidiano.

La razón es sencilla, es un escenario insólito, por tanto, es interesante. Añadámosle los elementos más morbosos que informativos, más lágrimas y menos contenido, una mayor dosis de tragedia matricida y una disminución de los datos jurídicos. Está listo, el reality con más dosis de realismo jamás concebido aunque no por ello menos cretino. El escape aparente a la rutina que acaba siendo la nueva rutina, el consumo de basura televisiva. Ahora Eva Bracamonte ha sido liberada hasta enfrentar un nuevo juicio y con ello el linchamiento mediático que sufría se ha detenido, pero las rotativas y las cámaras hambrientas por el caso Fefer están lejos de detenerse.

Cómo será de frívola e idiota esta era de la información (de la información, no del conocimiento) que hoy en día todo es un vano entretenimiento, un show taquillero con cuotas de drama, un thriller policial de nunca acabar, un espectáculo mientras sirva y ya. No importa si el protagonista es la hija lesbiana y matricida o si es el joven infortunado que fue arrojado al fondo de un cañón por su novia desequilibrada. Ah no, nadie era quien parecía ser y las historias no eran como nos las contaron y ¿quiénes las contaron mal? Todos. ¿Y quiénes las siguen contando? Todos y ¿quién mató al comendador? “fuente ovejuna señor”.

Al final todos formamos parte de esta cháchara superficial. De este juego de espejos y espejismos. Esta columna misma está supeditada a ese medio circundante. Son las palabras del malestar respecto a este fenómeno contemporáneo. Al momento de acabar con esta columna, todos en las redes sociales, comentaban, cuestionaban o lamentaban la supuesta muerte de “Grace”, personaje de “Al Fondo Hay Sitio”. Todo bien con ello, al menos hay cosas que sí han sido diseñadas para ser una mera diversión.

Eva y Rosario

Por Rosa María Palacios – Publicado en La República el 29 de septiembre de 2013

Por esos extraños juegos del destino, este viernes dos casos policiales tuvieron un desenlace simultáneo. Aunque no se parecen, ni en los hechos ni procesalmente, ambas historias han capturado al público durante años y son parte, hoy, de toda conversación banal. Todo peruano tiene su teoría de “lo que realmente pasó” y está dispuesto hasta al insulto para defenderla.

¿Qué une a Eva y Rosario? ¿Ser mujeres jóvenes, bellas e independientes? ¿El misterio? ¿El conflicto familiar? ¿El drama de la muerte? ¿Pertenecer a un nivel socioeconómico al que se aspira? ¿La fascinación por el morbo y el fisgoneo en la vida ajena? ¿El sexo en su detalle más íntimo? Probablemente un poco de todo esto, que revela mucho más de los prejuicios, estereotipos y vilezas de la sociedad peruana que sobre ellas. Pero, tal vez, es una sola cosa la que las une sobre todas las demás. Venden. Y  venden mucho más si no se las trata con respeto.

El fenómeno mediático, en cualquier plataforma, que generan ambas no tiene precedentes. No recuerdo caso similar de espectáculo tan repugnante por la utilización salvaje de la vida privada para hacer negocio.  Rosario Ponce llegó a la humillación de tener que ver hasta su pericia psicológica, protegida por el secreto profesional, proyectada en la televisión ante millones de televidentes que seguro se relamían de gusto. Eva Bracamonte tuvo que ver ventilada su vida sexual como si de eso dependiera su sanidad mental o mereciera una condena de cárcel por no estar enamorada de un hombre. Rosario ha tenido que ver, con espanto, cómo una turba le tiraba piedras o, entre risas, se vendía su muñeco para ser quemado en Año Nuevo. Eva ha tenido que sufrir una profunda depresión en la cárcel. Y podría seguir.

Sin embargo, lo que el Estado Peruano le ha hecho a estas dos mujeres, a través del sistema de justicia, no es menos indignante.  La Fiscalía de Arequipa ha mantenido el caso de Rosario vivo durante más de dos años. ¿Con qué propósito que no fuera dilatar para mantenerla acosada en un limbo jurídico? Ni una prueba, nada que no sea  “su cara no me gusta”. Salvo que cuenten como prueba los ataques de la familia del enamorado, muerto por un accidente,  que se dedicó a obtener atención para su proyecto político y que requiere tener vivo el caso para ese fin.

El caso de Eva Bracamonte es judicialmente peor. Cuatro años presa sin nada concluyente. Cuatro años. ¿Quién se los devuelve? Y ahora, sale libre pero a enfrentar un nuevo proceso que, si se siguiera la línea argumental de la Corte Suprema, tendría que archivarse de plano por carecer de toda probanza posible.  Nadie en la Corte Suprema la ha condenado. Tres vocales la absolvieron y cuatro pidieron la nulidad del proceso. ¿Cuánto más tendrá que pagar por la incompetencia de un sistema defectuoso?

Ambas han sido víctimas de la corrupción policial que vende pruebas y pedazos de expedientes a una prensa que quiere más sangre. Esa misma Policía que hizo pasar a Liliana Castro por un examen médico legista donde la gracia era desnudarla. Y ninguna se ha fugado ni ha pedido nada que no sea que se respeten sus derechos pisoteados.

Pero, a pesar del horror vivido, ambas tendrán que cargar con el estigma que produce la ignorancia sobre lo que es la inocencia. Un bárbaro llama a Rosario “culpable no probada”.

¿A esos niveles de incivilidad hemos descendido? Todos somos inocentes mientras no se pruebe lo contrario. Esa es la civilización del Estado de Derecho.

Todo lo que ha pasado con Eva y Rosario nos ha mostrado la peor cara del periodismo, del Estado y de la sociedad peruana. A ellas, todo el Perú les debe más que una disculpa.

¿El vicio señalando al crimen?

Si somos consecuentes al periodismo se le aplica entonces el mismo aforismo de Lord Acton: A más poder, más corrupción. ¡Y vaya que la prensa y el periodismo lo tienen!

Por Ricardo Vásquez Kunze – Publicado en Peru21 el 29 de Septiembre del 2013

Se realizó en Lima la IV Conferencia Anticorrupción Internacional, que fue inaugurada con bombos y platillos el último jueves. Esto ha dado pie para que vuelva a correr mucha tinta sobre el tema de los gobiernos corruptos y el papel de la prensa, el periodismo y la opinión pública como frenos a esta forma de crimen. La corrupción tiene, sin embargo, otro ángulo que pocos tocan: el de la prensa, el periodismo y la opinión pública hoy, y no en los tiempos de Montesinos.

El periodismo es el instrumento por excelencia de la libertad de expresión y, por tanto, de otra aún más sofisticada: la libertad de opinión. Es en ese contexto que el periodismo informa sobre temas y personajes de relevancia pública. Es mediante esta información que el periodismo crea y forma opinión pública, la orienta y la influencia impactando en un gobierno y, por tanto, en la gobernabilidad de un Estado.

Así, se supone que influir sobre la gobernabilidad de un régimen democrático es contribuir a que éste funcione lo mejor posible. Como, siguiendo el aforismo de lord Acton, “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, el periodismo tiene su amarga fórmula para que los gobiernos democráticos cumplan sus fines: poner el dedo en la llaga para que brote pus.

De ahí se sigue que el negocio del periodismo sea buscar carroña en el sentido de extirparla para la sanación de la cosa pública. Así, el periodismo no construye poder, lo destruye. Esa es su idea de la gobernabilidad en la medida de que entiende que la corrupción es el principal elemento de distorsión del correcto funcionamiento de un gobierno democrático, porque todo poder lleva el germen de la corrupción consigo. De ahí que, a menos poder menos corrupción; luego: mejor funcionamiento de la democracia.

El problema con este cuento es que el periodismo en tanto actividad de la prensa es también y sobre todo Poder. Y si somos consecuentes se le aplica entonces el mismo aforismo de lord Acton: A más poder, más corrupción. ¡Y vaya que la prensa y el periodismo lo tienen!

Así, mientras más poderosa la prensa y el periodismo ya no en una sociedad democrática, sino en la sociedad del espectáculo donde todo lo que importa es divertirse, mayor posibilidad de corrupción allí. Es decir, corrupción entendida como la deformación de su objeto y negocio: informar y formar opinión pública. Se perfila entonces una “gran noticia”: aquella del “vicio denunciando al crimen”; de un lado el Cuarto Poder y, del otro, los tres poderes del Estado.

Cuando Alfred Harmsworth democratizó el periodismo a fines del XIX para ponerlo al servicio del “hombre que tiene prisa”, “dándole al público lo que desea” creó la “opinión pública”. Y la “opinión pública” cimentó el poder de la prensa sobre los gobiernos democráticos para hacerlos menos corruptos, contribuyendo a que funcionen lo mejor posible. Tal fue entonces el sentido de construir gobernabilidad.

Lo que nunca se imaginó Harmsworth fue que “el hombre que tiene prisa” tuviera tanta, en realidad, por abandonar los tediosos caminos de la verdad para pasar a los ligeros senderos de la diversión. El hecho es que la misma filosofía popular que abrió al gran público las puertas de la verdad para con su peso combatir la corrupción de los gobiernos, abrió también las puertas a la corrupción de la opinión pública donde lo último que importa hoy es la verdad.

Caso Ciro y el periodismo irresponsable

Publicado en Blog de Julio Víctor Estremadoyro Alegre el 28 de Septiembre del 2013

Después de dos años y  medio de la desaparición del universitario Ciro Castillo Rojo,  la Segunda Sala de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Arequipa archivó de manera definitiva la denuncia por homicidio presentada por la familia del estudiante en contra de Rosario Ponce López, por la muerte del joven en el Valle del Colca.

Con ello se puso fin a un caso que durante meses desató las peores muestras de un periodismo irresponsable que denunciamos en este blog en más de una oportunidad.

Artículos e informes televisivos prácticamente condenaron a Rosario Ponce, pareja del accidentado Ciro, como su homicida o, por lo menos, cómplice de su desaparición y muerte.

El periodismo practicado por un amplio sector de los medios olvidó uno de los postulados fundamentales de la profesión: nadie es culpable de nada hasta que la justicia lo sentencie.

Esos medios, manipulados fundamentalmente por las  temerarias afirmaciones del doctor Ciro Castillo Rojo Salas, padre del infortunado joven, desplegaron  una intensa campaña para que Rosario López fuera acusada.

La difamación tuvo efectos en amplios sectores de la opinión pública, que llegaron incluso a reverenciar el ataúd con los restos del estudiante, en demostraciones populares realmente impresionantes e increíbles.

Ahora esos medios y esos periodistas tendrán que pagar las consecuencias: desprestigio absoluto y las acciones civiles y penales que entablen los abogados de Rosario como castigo justo a tanta irresponsabilidad.

Como era de esperar, el doctor Castillo Rojo Salas criticó la decisión final de la justicia.  Será, sin duda, uno de los demandados y su ambiciosa pretensión a ser candidato a la Presidencia del país desbaratada. 

Justicia con cara de mujer

Uno siente que ayer el Poder Judicial en algo se ha reivindicado.

Por Fritz Du Bois – Publicado en Peru21 el 28 de Septiembre del 2013

Las decisiones que adoptaron las salas con respecto a Eva Bracamonte y a Rosario Ponce han compensado, al menos en parte, a dos personas que han sido víctimas de maltratos innecesarios.

En ambos casos la posición de policías, fiscales y magistrados pareció influenciada por algunos sectores de la opinión pública que, con cierto prejuicio, apuntaron el dedo desde un inicio a las jóvenes mujeres involucradas. La primera por tener una pareja homosexual en quien ella se respaldaba y a quien encargó la empresa de su madre al poco tiempo de que esta fuera asesinada. Mientras que la segunda era una madre soltera sin muchas ataduras y cuya evidente confusión luego de haber estado varios días extraviada fue intencionalmente mal interpretada. El hecho es que una ha pasado 47 meses de encierro, mientras que la otra ha sufrido un verdadero infierno durante los últimos 2 años.

Ahora tenemos que de los siete jueces que estudiaron el expediente Bracamonte en la Suprema ninguno ha planteado que el fallo de primera instancia sea confirmado. En lo que respecta a la muerte de Ciro Castillo, que mantenía a Rosario Ponce como sospechosa, luego de múltiples idas y venidas en la actualidad, existe unanimidad de que hace muchos meses que el caso debió haber sido archivado.

Por otro lado, una lección que no debemos dejar pasar de episodios como estos es la dificultad de investigarlos y de administrar justicia de un modo adecuado. Se podría usar esta experiencia para tratar de diseñar procedimientos judiciales que permitan blindar algunos casos mediáticos. En realidad, es poco probable que se pueda actuar con la necesaria objetividad cuando los encargados del proceso son el centro de atención de los medios durante bastante tiempo, lo cual sumado a la presión de los prejuicios que aún arrastramos, sin duda, terminan influenciándolos.

Las tres Rosarios y Ciro Castillo Rojo

Un caso convertido en novela y que hoy puede llegar a su fin. La madre, la novia y la fiscal comparten un mismo nombre

Por Ibón Machaca – Publicado en Correo el 27 de Setiembre del 2013

A dos años de la extraña muerte del joven Ciro Castillo-Rojo García-Caballero, el interés de la opinión pública no decae, y tampoco el de los medios de comunicación.

El joven estudiante de Ingeniería Forestal se había perdido junto a su enamorada, Rosario Ponce, en el Valle del Colca. Era abril del 2011.

El 13 de ese mismo mes, a los nueve días de reportado el extravío de la pareja, la policía halló solo a la enamorada. En los siguientes seis meses, el padre del muchacho, Ciro Castillo Rojo, protagonizó una tenaz búsqueda que concluyó el 20 de octubre, con el hallazgo del cuerpo de su hijo en las faldas del nevado de Bomboya. Sin embargo, el drama no terminó ahí. La familia de Ciro puso en duda las declaraciones de Rosario, la expareja, y entabló una denuncia en su contra, al considerarla responsable de la muerte del universitario.

Hasta ese entonces, Rosario Ponce era la única protagonista de esta trágica historia. Hoy, dos años y algo más después, son 3 las mujeres que han influido como nadie en el desenlace del escabroso caso. Las tres se llaman Rosario.

La madre

La primera mujer es sin duda alguna su madre, Rosario García Caballero, quien a lo largo de este proceso no ha descansado y se ha mantenido firme en el intento por saber qué sucedió con su hijo, el primogénito.

“Éramos muy unidos”, musitó tras el teléfono, la doliente progenitora, quien además nos dijo que era ella a quien siempre llamaba Ciro para cualquier asunto que lo afectara.

De él recibía los más lindos piropos; le encantaba siempre congraciarse con ella. Su ausencia caló hondo en su corazón de madre, pues “no existe día en el que no piense en él.

En la última comunicación que sostuvo con su hijo, este le hizo una promesa que no fue cumplida. Le dijo que volvería.

Un sinfín de razones pasan por su mente en busca de la respuesta a la muerte de su vástago. Su primer pensamiento siempre involucra a la expareja de su hijo, Rosario Ponce, de quien solo quiere la verdad.

La pareja

Rosario Ponce, la exenamorada con la que Ciro emprendió el trágico e interminable viaje sin retorno, fue objeto de una serie de investigaciones y cuestionamientos.

Tras su rescate, la opinión pública la convirtió en un personaje negativo al considerarla responsable de la muerte del estudiante, posición que se vio alimentada por la actitud aparentemente despreocupada de la muchacha ante el hecho.

“Rosario era una persona movida, que tenía varios enamorados y no le importaba su menor hijo”, tales declaraciones fueron consignadas en el expediente fiscal, a propósito del testimonio de uno de los amigos cercanos a la pareja.

Sin embargo, ella dejó atrás lo vivido y optó por seguir adelante. Antes se había visto obligada a dejar sus estudios ante el asedio de la prensa, pero hace poco más de un mes se graduó como ingeniera forestal en la Universidad La Molina.

Cumplirá 27 años este 6 de octubre y está resuelta a salir adelante pese a los obstáculos.

La Fiscal

María del Rosario Lozada Sotomayor, abogada y fiscal arequipeña egresada de las aulas de la Universidad Católica de Santa María, tomó el caso el año pasado, cuando le fue transferido de otra fiscalía.

La designación partió del propio fiscal de la Nación, José Peláez Bardales, quien consideró que, por tratarse de un caso sonado, se requería de amplio conocimiento y experiencia en la labor de investigación.

Previamente a ella, dos fiscales estuvieron al frente. El primero fue el fiscal de Chivay, Zacarías Macedo Rodríguez, pero lamentablemente dejó de existir al poco tiempo.

El caso fue trasladado al despacho del fiscal Jan Frank Zegarra Rocha, quien inició las indagaciones, pero tuvo que dar un paso al costado una vez conocida la decisión de Peláez Bardales.

La fiscal Lozada, al ser consultada, reconoció -de manera escueta- que el proceso fue muy mediático, pero que pese a ello llevó las investigaciones con serenidad y siempre en búsqueda de la verdad. Su decisión de archivar el proceso, según lo manifestó en juicio ante el magistrado Giancarlo Torreblanca, obedeció a la falta de pruebas suficientes que corroboren la hipótesis inicial y que consideraba a Rosario Natalie Ponce López como la persona que empujó a Ciro Castillo-Rojo García-Caballero hacia el vacío donde halló la muerte.

Juicio

El caso fue investigado durante dos años y medio aproximadamente. Finalmente, hoy habrá un desenlace cuando, a las 8:30 horas, en la Segunda Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, los magistrados Fernán Fernández, Héctor Huanca y Sandra Lazo evaluarán la solicitud presentada por la defensa de Ciro Castillo para que el proceso no sea archivado y se mantenga la investigación vigente “hasta sancionar a los culpables”, como sostiene la familia.

Caso Ciro: La construcción mediática de víctimas y victimarios

Discursos e imágenes en torno al caso de Rosario Ponce y la desaparición de Ciro Castillo

Trabajo final del curso “Crimen y Sociedad” – Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica del Perú

Raúl Álvarez

Aurora Escudero

Julián Mezarina

Silvana Prado

Lea aquí el documento PDF

Cuando la justicia no es justicia

Casos Eva Bracamonte y Liliana Castro, e incluso los de Roberto Martínez y Rosario Ponce, muestran debilidad de nuestro sistema judicial.

Existe fuerte tendencia para disponer prisión y después investigar.

Publicado en La Primera el 11 de Agosto del 2013

La justicia no siempre se imparte de manera equitativa. Hay casos en el que los magistrados se contradicen en sus fallos y en medio de ellos hay personas que sufren prisión. Mientras se debaten cuestiones jurídicas muchos son privados de su libertad sin mayores evidencias. Un caso flagrante es el que sucedió con Eva Bracamonte y Liliana Castro, en el primero de los casos sigue en prisión, pese a que en instancias superiores se ha determinado que no hay pruebas para acusarla, y en el caso de Liliana, fue puesta en libertad por el mismo motivo.

Para efectos de la prisión preventiva, ni el tipo de delito ni la detención en flagrancia incrementan o disminuyen el peligro procesal que representa el imputado. Sí afectan directamente el grado de presión que pueda sentir el juez a partir de una opinión pública que ya ve al acusado como culpable y espera que se imponga justicia con mano dura.

Ambas sufrieron prisión por más de tres años por interpretaciones de los magistrados que se inclinaron por disponer su encarcelamiento sin pruebas contundentes. El congresista de Solidaridad Nacional, Heriberto Benítez, dijo que hay muchos administradores de justicia que con sus fallos han cometido ilícitos, por lo que también deben ser alcanzados por la muerte civil y la imprescriptibilidad al que se refirió el presidente Ollanta Humala durante su discurso del 28 de julio último.

“En sus sentencias muchas veces van contra el espíritu de la Ley, sin embargo no solo se salvan de la cárcel, sino que poco tiempo después se reincorporan a la carrera magisterial. El día que se envíe a la cárcel a los jueces por dictar resoluciones contrarias a la Ley, se habrá avanzado en la lucha contra la corrupción. En las cárceles no hay ningún juez”, señaló.

Otro caso sonado y reciente en el que un fallo judicial fue puesto en entredicho fue el que pretendía llevar a prisión a Roberto Martínez. Se dictó una orden de captura en su contra y el exfutbolista tuvo que pasar a la clandestinidad ante lo que consideraba una medida injusta. Poco tiempo después, la misma justicia le daría la razón al declarar que no procedía su detención.

Si es que Martínez no hubiera pasado a la clandestinidad, seguro habría sido capturado en medio de un gran operativo policial y trasladado enmarrocado al penal Sarita Colonia del Callao, en medio de cámaras y flashes de los reporteros gráficos. ¿Quién le devolvía luego el honor ante esa humillación pública?

DEFENSORÍA

Recientemente se hizo la primera encuesta a representantes de la Defensoría del Pueblo de Lima sobre el accionar de distintos operadores durante la etapa previa al juicio y las detenciones bajo el nuevo Código Procesal Penal. Solo un 28% de defensores públicos encuestados señaló estar presente cuando el imputado presta sus primeras declaraciones a la Policía, y —peor aún— solo un 18% anotó estar presente a la hora de las primeras declaraciones ante el fiscal.Los defensores explicaron que les avisan tarde y cuando llegan ya tomaron las declaraciones. El 35% de defensores considera que cuando el fiscal argumenta que el imputado fue capturado en flagrancia, en realidad eso no es así.

El 62% y 67% de los defensores encuestados opinó que los jueces otorgan al menos un peso importante a la flagrancia y al tipo de delito en cuestión, respectivamente, a la hora de decidir sobre la libertad o prisión de un procesado. Para el 72% de defensores, la gravedad de la pena es el elemento central durante las audiencias de prisión preventiva.

El peligro de fuga —medido por el grado de arraigo que tiene el imputado con su comunidad— obtuvo mucha menor consideración. Solo 39% de los defensores públicos opinaron que los jueces le dan al menos un peso importante a la falta de empleo del imputado; mientras que la falta de domicilio fue considerada como un elemento de peso por los jueces únicamente por el 56% de encuestados.

Cuando se preguntó a los defensores su opinión sobre la influencia de factores ajenos a los requisitos establecidos en el Código Procesal Penal, se encontró que un 64% de encuestados otorgó a la prensa un peso importante o más en las decisiones judiciales, mientras que un 58% se lo dio a la opinión pública.

ROSARIO PONCE

Un caso en el que se vio una fuerte presión de la prensa y la opinión pública por acusar a una persona sin evidencias reales, fue el que vivió Rosario Ponce en la desaparición y muerte de Ciro Castillo.

La fuerza de la opinión pública hizo que la investigación fiscal se prolongue más de lo debido y las portadas de algunos medios acusando a Rosario Ponce hicieron que un sector de la sociedad la apunte como si fuera responsable de la muerte del joven estudiante y excursionista.

Tras agotar las investigaciones y realizar los peritajes correspondientes, la fiscal María del Rosario Lozada finalmente emitió su informe, señalando que no se puede probar que la joven haya empujado a su exenamorado y demostrar así su responsabilidad por el delito de homicidio simple.

En su informe de 57 páginas, Lozada concluyó que no había elementos suficientes para acusar a Ponce y se basó en el análisis del físico Alcides López Milla, quien señaló que —de acuerdo con el estudio a las prendas de Castillo Rojo— este cayó con la cabeza hacia arriba y por ello es poco probable que lo hayan empujado.

Ante ello, el juez de investigación preparatoria de Chivay, Giancarlo Torreblanca, acogió el pedido de archivamiento de la investigación a Rosario Ponce López por la muerte de Ciro Castillo Rojo, ocurrida en el valle del Colca hace tres años y dispuso que se archive el caso.

PRISIÓN ES CONDENA

Uno de los principales peligros de abusar de la prisión preventiva, inevitablemente es el efecto negativo que tiene sobre el defendido llevar un proceso penal en prisión, así como en el devenir final del juicio. Estudios al respecto han demostrado que no solo el acceso y capacidad de defensa se ven seriamente limitados, sino que también se incrementa la percepción de culpabilidad que recae sobre el imputado y que influye negativamente en jueces y jurados. Al respecto, el 53% de defensores públicos opinó que quien llega a juicio en prisión preventiva, tiene más probabilidades de ser condenado que un imputado de similares características en libertad.

Acabó la novela

Por Omar Zevallos – Publicado en El Búho el 16 de Julio del 2013

Finalmente y como quien no quiere la cosa, la fiscal María del Rosario Lozada formalizó ante el despacho del juez de Investigación Preparatoria de Chivay, Giancarlo Torreblanca, su requerimiento de sobreseimiento (archivo) de la denuncia contra Rosario Ponce López. Sin mucho aspaviento y con poco interés por la prensa carroñera, esa misma que se cebó con el caso despedazándolo hasta dejar de interesarse por completo; pues ya no es “noticia” que archiven el caso, total, ya vendieron suficientes periódicos e hicieron altos puntos de rating que se tradujeron en dinero para dichas empresas periodísticas.

Ni el tercer guante, ni el empujón, ni un tercer hombre que tomó las fotos, nada de nada; simplemente, todo cayó como un frágil castillo de naipes que no tenía ni la más mínima base medianamente sólida como para sostener ese tinglado de especulaciones sin pruebas.

Dos años de titulares, de insultos, de acusaciones contra Rosario Ponce, estirando la novela hasta agotar las palabras y destruyendo una vida, tan solo por haber cometido el error de aventurarse por un camino extraño, sin tener la preparación y el equipo necesario. Dos jóvenes llevados por el ímpetu y las ganas de aventurarse, decidieron cruzar el nevado Bomboya y se perdieron. Uno de ellos, perdió la vida, lamentablemente, al desbarrancarse en uno de los escarpados precipicios de la zona. Ella decidió regresar y consiguió sobrevivir. Esa historia sola, es una exquisita crónica de sobrevivencia; pero no fue así, más pudo el morbo y el deseo de encontrar un indicio que apunte al asesinato, que encontrar las verdaderas pruebas de esa especulación.

Y un personaje clave, el padre del malogrado joven, el Dr. Ciro Castillo que inicialmente se mostró como el “padre coraje” que no desmayaba en su deseo de encontrar a su hijo y que fue reivindicado y elevado a las alturas por la prensa y la televisión, hasta que empezó a caminar por un sendero retorcido que lo llevó al paroxismo y al deseo irreprimible de encontrar un culpable, o una culpable, en este caso, convirtiéndose en fiscal, juez y verdugo de la ex enamorada de su hijo; sin pruebas serias, tan solo por su afán desmedido de aparecer en la prensa.

Ese deseo que finalmente quizá tenía escondido un origen, planificar su futuro político, analizar las propuestas de algunos particos políticos y pensar en lanzar su candidatura a algún cargo público que le siga dando notoriedad; hasta se habló de la posibilidad de candidatear al sillón municipal de Arequipa. Una novela de terror que cierra su último capítulo y que debiera servir de lección para una sociedad que se deja influir por quienes sólo buscan saciar sus intereses.

Caso cerrado herida abierta

Caso emblemático de mal periodismo: Ciro Castillo.

Por Augusto Álvarez Rodrich – Publicado en La República el 14 de julio de 2013

Cuando la fiscal María del Rosario Lozada le ha pedido al juez que archive la investigación por la muerte de Ciro Castillo Rojo, dos años después de la tragedia, es oportuno que los medios hagan una autocrítica por la cobertura de este caso, especialmente por el daño ocasionado a Rosario Ponce, a la familia del muchacho fallecido y al propio oficio.

Quizá se pudo llegar antes a la misma conclusión de no ser por las versiones disparatadas que algunos medios lanzaron con irresponsabilidad, buscando circulaciones y ratings antes que acercarse a la verdad.

No está en duda la legitimidad de la atención de los medios por esta noticia, pues la prensa responde a la necesidad de información de la gente. A los periodistas no nos gusta aceptar que el periodismo es un negocio a la caza de altas circulaciones y ratings, lo cual no tiene nada de malo si esto se hace con ética.

El periodista tiene muchos compromisos –con el medio en que trabaja, la gobernabilidad o sus lectores o audiencia– pero, antes que todo, está el compromiso con la verdad, lo cual debe ser innegociable.

Ahí radica el problema en la cobertura de este caso. Cuando el periodista cree que la verdad no puede interferir con un ‘buen’ titular o reportaje –evaluados solo por su impacto en el rating–, se tritura el compromiso prioritario con la verdad.

Rosario Ponce podrá tener, como toda persona, actitudes peculiares pero nunca hubo pruebas de que sea una asesina. Sin embargo, un sector de la prensa –empujado por la lectoría y el rating– no tuvo el menor reparo en acusarla, condenarla y hostigarla para construir un reality show irresponsable.

Se llegó al extremo, incluso, de divulgar material estrictamente privado como el de sus declaraciones en la cámara Gesell, lo cual es una grave violación de la intimidad y de la privacidad. Esa no fue una decisión periodística sino comercial, guiada por el dinero y no por la búsqueda de la verdad, que es lo que un periodista responsable debe hacer.

La prensa le hizo un gran daño a Rosario Ponce –y a su familia– al acusarla con argumentos deleznables. Ella seguramente podrá recuperarse y salir adelante, pero el daño a la familia de Ciro Castillo es peor.

Además del hecho de que la muerte de un hijo constituye una pérdida irreparable, algunos medios se dedicaron, en busca de impacto noticioso, a inventar hipótesis disparatadas que eran hechas suyas, en medio de su dolor y angustia, por el propio Ciro Castillo padre, alimentando, sin fundamento, la posibilidad de que Ciro hijo estuviera vivo y, luego, cuando encontraron su cadáver, de que haya sido asesinado.

Y, en el camino, el daño mayor fue para el periodismo, el cual sufrió un severo desprestigio.

Ciro sobreseído

Por Fernando Vivas – Publicado en su columna Mucho Ojo de El Comercio el 6 de Julio del 2013

Por fin, se cerró un caso prolongado como culebrón por la terquedad de un padre que hasta hoy se niega a aceptar la altísima probabilidad de que su hijo haya muerto accidentalmente. Creo que Ciro Castillo Rojo padre, como jefe de familia autoritario que ha demostrado ser, no puede soportar la idea de que su primogénito haya sido ayudado a sobrevivir por una chica más fuerte que él. Y es esa telenovela de orgullo patriarcal contrariado la que periódicos y programas amarillos han contado, sin rigor, como si fuera la crónica objetiva de los hechos.

Es cierto que Ciro papá cita evidentes contradicciones de Rosario Ponce, pero ninguna es prueba de delito, ninguna delata un móvil de asesinato. Pueden deberse a la mala memoria de un suceso traumático o a mentiras que ocultaban detalles de sus peleas y su separación de Ciro en plena emergencia. Nada de ello configura siquiera negligencia culposa.

También es cierto que la supervivencia de Rosario roza lo increíble, pero no la hemos dejado contar su historia a plenitud. La interrumpimos para sintonizar la telenovela patriarcal que se volvía cada vez más truculenta cuando se forzaban subplots con exnovios de Rosario, policías en la familia y hasta el par de topos mexicanos que parecían quiromantes de “Psíquicos” antes que socorristas. Por cada Ciro padre, hay muchísimos otros que entierran a sus hijos con serenidad, y su dolor conmueve igual.

Por supuesto, acompañamos a Ciro papá en su duelo, pero no en su terquedad. Discrepo de quienes lo han tomado como ejemplo de lo que un padre de familia debe hacer ante una tragedia similar. Ante las cámaras, impuso su discurso a su esposa e hijos. Oírlo disertar sobre su futuro político con la esposa llorosa detrás no me parece edificante, ¿qué quieren que les diga? Solo su tesón, eso sí, permitió el hallazgo del cadáver, que, por cierto, fue lo que acabó exculpando a Rosario.

Mientras los Castillo Rojo se prodigaban a los medios, Rosario se ganaba su antipatía con respuestas a media caña y luego, mal aconsejada, cediendo la invitación de Ciro Taype para subir a la pasarela. Frivolizó su causa. Sin embargo, esa anécdota ya pasó y, ahora, rehabilitada por el sobreseimiento del caso, merece que se la deje contar su hazaña.

Y, para la próxima, no caigamos por favor en presumir que los padres tienen que mover cielo y tierra para buscar culpables de la muerte de sus hijos. Por cada Ciro Castillo Rojo papá hay muchísimos otros que entierran a sus hijos con discreción y su dolor es igual de conmovedor, aunque las cámaras no los sigan.

La pesadilla Ciro Castillo

Por Jair Emeterio – Publicado en Aeronoticias el 2 de Julio del 2013

Con cincuenta y ocho folios, la fiscal María del Rosario Lozada Sotomayor mató la telenovela que hizo ganar miles de soles, si no millones, a los medios de comunicación por una praxis tan cuestionable, que haría justa cualquier denuncia por linchamiento mediático, como (tristemente) ya sucede en Ecuador.

Una telenovela con sazón a supervivencia, mala suerte y harta baba sensacionalista.

La principal sospechosa de la muerte de Ciro Castillo Rojo, el joven estudiante que cayó en el valle del Colca (Arequipa), está desapareciendo como sospechosa puesto que no se ha logrado acreditar participación directa tras la partida del estudiante. Pero con sus portadas y su actitud de amplificador de quejas -que tendría sentido si es que se suman pruebas a tanto llanto-, el “periodismo peruano” ha quedado embarrado por su propia actitud. Un mea culpa ayudaría a sacar tanta hediondez.

¿Alguna disculpa por el caso Ciro hasta ahora?

doctor_ciro3El padre no ayuda mucho. Más allá de las pretensiones políticas que tenga, es cuestionable que Ciro Castillo Rojo padre maquine hacer un filme -o una serie-. Exista o no exista un desembolse como derecho por recrear la historia, lo crítico del caso será el rodaje de un evento que alimentará críticas: el final de Castillo hijo. Para el padre, Rosario Ponce  empujó al muchacho. Para los Ponce, lo que diga la investigación sucedió. Y en la filmación ¿Qué y cómo se grabará?

Es evidente que Ciro Castillo padre rechace el archivamiento de la investigación. Pero que dentro de su lógica Rosario sea culpable no significa que ella lo sea, sobre todo si los peritos señalan del desbarrancamiento del joven tras estar sentado, y desmintiendo algún trazo de pelea. Pero los medios han jugado a la ambigüedad -como el juicio no ha dictaminado culpabilidad, digo que fulano es culpable hasta que se demuestre lo contrario-, y desde allí miserablemente se abrigarán.

Los juicios mediáticos: ¿y la presunción de inocencia?

Por María del Pilar Tello – Publicado en Generacción.com el 28 de Junio del 2013

El Congreso ecuatoriano controlado por Rafael Correa aprobó la Ley de Comunicación que tenía cuatro años de incubación. Las críticas a dicha norma han venido de la oposición pero también de organismos internacionales, hasta el punto de ser calificada como ley mordaza.

Entre los artículos más controvertidos están los referidos al delito de “linchamiento mediático”, definido como la “difusión de información que, de manera directa o a través de terceros, sea producida de forma concertada y publicada reiterativamente a través de uno o más medios de comunicación con el propósito de desprestigiar a una persona natural o jurídica o reducir su credibilidad pública”. La pena por este delito es pedir disculpas “en el medio o medios de comunicación, en días distintos, en el mismo espacio, programas, secciones, tantas veces como fue publicada la información lesiva al prestigio o la credibilidad de las personas afectadas”. No parece tan grave.

Pero no solo hay inquietud por la ley ecuatoriana. En España han considerado preocupante que la resolución adoptada por un juez o un jurado popular pueda verse condicionada por el prejuicio formado por los medios, en la opinión pública, durante la instrucción sumarial o la celebración del juicio. Por ello han previsto dar al juez la facultad de requerir a un medio de comunicación el cese de la publicación de informaciones que comprometen gravemente el derecho a un proceso justo o a los derechos fundamentales de los afectados.

Este condicionamiento, que para muchos afecta la libertad de expresión, está haciendo un camino en el sentido común al punto que en el foro El papel de los medios durante los procesos penales, organizado por la Asociación de la Prensa de Madrid, se señaló que el periodista es un historiador de la realidad diaria cuya primera preocupación es la verdad, y que el ejercicio del periodismo suscita en numerosas ocasiones un conflicto entre derechos fundamentales. Se refieren los hispanos a los llamados “juicios paralelos” o “juicios mediáticos” figuras de hecho emparentadas con el famoso “linchamiento mediático” de la ley ecuatoriana. En España han encontrado una solución legislativa al conflicto posible entre el derecho a la información y el derecho a la tutela judicial efectiva.

Como bien dice el ex presidente Carlos Mesa Gisbert, político y reconocido periodista boliviano, los hombres y mujeres de la información nos hemos convertido en jueces sumariales, rol alejado de la justicia, que debemos evitar en tanto implica una violación a la presunción de inocencia, garantía obtenida en siglos de lucha.

Para el ministro español Gallardón “los medios de comunicación y el sistema judicial se superponen, se influyen y chocan cuando comprometen el derecho a la presunción de inocencia, que es una condición para que haya un juicio justo, o el derecho a la información, que es un derecho medular en una sociedad avanzada como la española”.

Y por casa, ¿cómo andamos? No queremos leyes reguladoras sobre juicios o linchamientos mediáticos pero aceptamos complacientemente que algunos medios ataquen o liquiden personajes sin presunción de inocencia alguna. Sin ir más lejos ahí está el caso de Rosario Ponce, sentenciada a priori por los medios, por la muerte de Ciro Castillo. Le dedicaron un tratamiento duro y destructivo, con múltiples primeras planas, que de seguro le ocasionaron un daño imposible de reparar. Pero el Ministerio Público acaba de archivarlo. ¿Quién le devuelve el tiempo y el dolor por un tratamiento injusto de los medios en el tribunal de la opinión pública?.

Comencemos, entonces, por priorizar la autorregulación e instalar instituciones que la perfeccionen, protectoras de derechos como el Defensor del Lector o de la Audiencia. Nos evitaremos problemas.

El beneficio de ser padre de Ciro Castillo

Por Sarko Medina Hinojosa – Publicado en Los Andes el 1ero. de Mayo del 2013

Cuando escuché por primera vez de Ciro Castillo Rojo Salas, me sorprendió su valor para lograr con diversas armas mediáticas y legales, conseguir no dejar en el olvido la desaparición de su hijo. Me pareció un tipo sincero, sanguíneo, de palabras intensas, que llevaron a la profundización de un tema actual: el actuar en las investigaciones en desapariciones y el actuar de los medios de comunicación.

Se quiera o no, por algún lado el caso de “Ciro” nos motivó la conversación, de tal manera que la demanda de información sobre el tema se hizo un espacio en la agenda permanente de los medios. Un poder mediático tan fuerte, siempre nos hizo cuestionar todo al respecto. Pero, ahora, con el anuncio de su lanzamiento como posible candidato presidencial, no podemos dejar de lamentar el mal uso de una palestra tan importante que tiene ahora el padre del fallecido muchacho en el Valle del Colca.

Si criticamos tanto al alcalde de Caylloma, Elmer Cáceres Llica, por usar esta situación para levantar el turismo en su zona, tendríamos que preguntar desde cuando viene acariciando, el padre del desaparecido, la idea de lanzarse a la piscina política, cuanto le sirve seguir manteniendo la duda sobre la responsabilidad de Rosario Ponce, porqué alarga tanto un juicio que podría terminar con el panorama de la caída circunstancial. Sinceramente, ya desde el momento que pone una candidatura en agenda, los medios deberán cuidar sus declaraciones, porque están frente a una persona que persigue un fin político.

Es una pena grande, lo digo porque esperábamos que “Don Ciro”, como le conocen los colegas que siguen el tema, tenía el perfil necesario para convertir el tema de las desapariciones en una corriente que se viera concretada en la formación de una ONG que propulsara la búsqueda de desaparecidos. El caballero tiene varias virtudes, no lo negamos, pero ¿Es suficiente esa experiencia ganada por la desaparición de su hijo, para tener claro lo que es dirigir el rumbo de un país, de una comunidad?.

En Argentina existe Buscapersona, una asociación que es un ejemplo en el tema de conseguir encontrar a desaparecidos, identificar caso de trata de blancas entre otras. Cada persona es libre de decidir qué camino seguir, pero, de verdad, con el poder mediático y la capacidad de juntar capital, se perdió la oportunidad de impulsar una asociación de este tipo, tan necesaria.

No conocemos realmente el interés de este paso candidatil. Puede ser que tenga buenas intenciones. Puede ser que realmente quiera hacer algo por el bienestar social. Pero, zapatero a tu zapato, todos somos personas que podemos participar de política porque en sí no es negativa, sino que el mal uso de sus herramientas democráticas hace que se pervierta. En este caso, aún con el mérito que se merece, no podemos dejar de percibir un tufillo oportunista, tanto de él, como de los que lo convocan a participar en una contienda electoral.