Más de cien turistas ya no vendrán a valle del Colca

Mala información. Cancelaron visita debido a vía malograda en distrito de Maca que ya se restableció.

Por María Chauca – Publicado en La República el 7 de marzo de 2013

Cuatro paquetes turísticos de ciudadanos alemanes que tenían por destino el Valle del Colca fueron cancelados ayer por la mañana. Según Freddy Jiménez Barrios, gerente de la Autoridad Autónoma del Colca (Autocolca), la marcha atrás se debió a la falta de información que tenían las agencias de turismo en cuanto al paso de la carretera hacia el pueblo de Maca.

La vía que había sido obstruida la semana pasada por un huaico, fue habilitada la noche del martes. No obstante, Eddy Carpio Cuadros, presidente de la Asociación de Agencias de Viajes y Turismo (Avit), indicó que Autocolca recién dio a conocer la reapertura del tránsito por la carretera ayer al mediodía.

PÉRDIDA TURÍSTICA

Jiménez Barrios, preocupado, acotó que son más de 120 turistas (un promedio de 30 por paquete) los que no llegarán al Colca. Por ende la pérdida económica será significativa, ya que el boletaje de la estancia de los viajes cancelados podría durar hasta 10 días.

Por su lado, Carpio Cuadros explicó que en Arequipa, un turista extranjero gasta un promedio de 180 dólares diarios. Por eso -dijo- las más perjudicadas con las cancelaciones son las agencias de viaje.

Sobre el proyecto de atraer turismo en la cercanía del volcán Sabancaya (en proceso eruptivo), Jiménez indicó que Autocolca emitió un comunicado a través de su página web para que sea retransmitido a nivel internacional. “El Valle del Colca no presenta ningún peligro para el turista”, precisó.

La próxima semana se instalarán telescopios en el mirador Patapampa para los visitantes que deseen ver las fumarolas.

Trabajadores del Poder Judicial programan huelga de 24 horas

Los trabajadores del PJ nuevamente protestarán.

Publicado en Correo el 12 de Marzo del 2013

Los más de 500 trabajadores del Poder Judicial se vienen constituyendo en los exteriores de su local institucional, con la finalidad de protagonizar un plantón a las 13 horas de hoy; previo al anuncio del paro de 24 horas que han programado para el próximo 25 de abril.

Según los dirigentes de los trabajadores, la huelga se realizará en reclamo a la Ley General del Servicio Civil.

Negra noche

Ya lo saben. El ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, no tiene norte. Ni sur. Ni oeste. Tampoco este. Es así. Por donde se le mire, es un desbrujulado de tomo y lomo, o sea. O un desnortado, que también.

Por Pedro Salinas – Publicado en Hildebrandt en sus trece el 8 de Marzo del 2013

Va al Congreso y proclama con tan poca vergüenza lo bien que está haciéndolo, confundiendo realidad con sofismas. Hace un recuento de “acciones”, “logros”, “adquisiciones”, que salen de su boca como quien recita un poema. Pero claro. El caso es que no se trata de poesía, sino de demagogia. Porque en el Perú, qué quieren que les diga, en el Perú hasta George Bush calificaría de estadista. No sé si me explico. O si me dejo entender.

Lo que pasa es que aquí, y a ver si están de acuerdo conmigo, la fantochada y la chulería cada vez ganan más espacio. Y se nota más. Basta escuchar a los representantes del gobierno en los temas de seguridad ciudadana. O a sus escuderos en el Parlamento, defendiendo a sus compinches en el poder. Incapaces del menor sentido autocrítico, chillan que hay en marcha un “complot político contra la democracia”. Por dios.

Y como ahora está de moda esa cosa de las percepciones, pues a mí me ha quedado la sensación -después de escucharlo a Pedraza, y después de oír parlotear a los congresistas del nacionalismo-, que, la seguridad ciudadana está en manos de nadie. Y si me apuran, hasta diría que fuera de control.

Hablan de leyes, y las leyes no se aplican. O no solucionan nada. Hablan de patrulleros inteligentes, y lo paradójico es que, más que patrulleros, lo que nos falta son gobernantes juiciosos, intuitivos y despabilados. Hablan de políticas preventivas, pero en ningún caso explican cómo van a enfrentar el fondo del asunto, que es la corrupción en la policía, el poder judicial y los establecimientos penitenciarios. Hablan de gente capacitada y técnica que está asesorando al gobierno, y la verdad, al único que vemos empernado a su silla es al incombustible general Raúl Salazar, cuyo nombre suele vincularse a escándalos o a fracasos inocultables. Brujas de Cachiche. Kepashiato. La Parada. Notaría Paíno. Y así.

“A mí no me parece tan malo como lo pintan”, le dijo Pedraza a Mariella Balbi en El Comercio. Y eso lo pintó de cuerpo entero al propio ministro, pues era como decir que lo de Charles Manson en realidad fue un asunto de mala prensa. O algo parecido. Qué cosas.

Pero así estamos. Jodidos, para variar. Eso sí, pletóricos de artificios y la puntita nada más. Y como siempre: sin rumbo y camino hacia ninguna parte. Yo mismo, sin ir más lejos, luego de esta mala racha de pésimos gobiernos o gestiones mediocres que padecemos lustro tras lustro en el Perú, me ha dado últimamente por preguntarme si de verdad somos así de suicidas y tarambanas, que nos da por elegir cualquier cosa, ebrios de irresponsabilidad, o acaso hemos sido maldecidos por alguna infame divinidad que nos odia con odio jarocho. Y no encuentro la respuesta todavía, les confieso.

Si solo fuera lo de Raúl Salazar, todavía. Pero no. Lo de Salazar es solamente un síntoma. Y claro, si me preguntan, lo de Pedraza es apenas un mal chiste. En realidad el problema tiene nombre, y no solo eso: tiene nombre y apellido. Se llama Ollanta Humala. Y Humala, ya adivinarán. Anda por ahí, con su demagogia rústica y cuatroporcuatro. Pues ya está más que claro a estas alturas que, el mandatario no tiene ni puñetera idea sobre qué hacer para darle tranquilidad a las calles. Y es que ahí está el punto, digo. En que al presidente Humala no le avergüenza la incompetencia manifiesta y exasperante que le caracteriza. Por el contrario. Convive armónicamente con ella. Sin paltas. Como si fuese algo connatural y qué sé yo.

Bueno. Ya lo había dicho Virgilio, y en latín, pensando obviamente en el Perú (y en Humala, no faltaba más): Nox atra cava circumvolat umbra. La noche negra nos rodea con su envolvente sombra, es decir. Pues así nos va. Estamos siendo gobernados por un perdedor de éxito, cuya biografía, cuando sea volcada en Wikipedia, podría escribirse con quitamanchas.

El Precio de hacer Justicia – V

Leer aquí la parte IV.

Mercedes Alaya sabe también cómo puede resentirse un cuerpo sometido a presión. Su neuralgia del trigémino está relacionada con la tensión. La llamada “enfermedad del suicidio” implica indescriptibles dolores en los ojos, la mandíbula, y hasta el pelo, desencadenados por el mero roce del aire. Hace cinco meses que, cada vez que la juez de los ERE toca un papel, empieza a padecer.

A Alaya se la espera en Sevilla como una aparición mariana. “Los médicos han dado con la tecla de su enfermedad”, aseguran en los juzgados, pero el estado de salud preciso de la mujer que ha revolucionado Andalucía con una investigación que persigue la corrupción en cinco consejerías del Gobierno autonómico durante la última década es tan enigmático como ella.

La enfermedad de Alaya, como su personalidad arrolladora, brillante y ensimismada, plantea el debate de la unipersonalidad de las instrucciones. Sin su ambición y paciencia, el caso nunca habría visto la luz; ahora que la investigación parece tan pegada a ella como su propia piel, parece inimaginable que salga adelante sin ella. Dos habitaciones repletas de cajas de documentos marcados con post it escritos a mano la esperan: un laberinto para cualquier sustituto.

Los fiscales desesperan por el parón y porque la forma personalista en la que la juez ha dirigido una investigación descomunal y milimétrica dificulta la transición. Alaya, probablemente porque lleva dos años luchando contra la Junta, aseguradoras y bufetes muy preparados, no es precisamente cooperativa. Se guarda en el cajón piezas que dosifica según le parece oportuno. Los fiscales temen que esta política derive en delaciones que tumben parte de la acusación, algo similar a lo que ocurre en Galicia con la juez De Lara, a la que su exhaustividad la lleva a abrir causas sin detenerse a cerrar ninguna.

El caso de esta sevillana es distinto al de la mayoría de colegas retratados en este reportaje. A pesar de que no le falten los enemigos, no es una juez mártir. Tiene el respaldo de la Audiencia provincial, una página de fans en Facebook, y la prensa la lleva en palmas en una comunidad en la que muchos ciudadanos y poderes fácticos están quemados con las maneras del PSOE tras 30 años de hegemonía. Alaya ejerce una innegable fascinación sobre las cámaras. Coqueta, los días en los que sabe que será foco de las miradas elige sus mejores modelos. Pero no hay nadie más lejos de ser una mujer objeto. Ser madre del primero de sus cuatro hijos con apenas 20 años, y compatibilizarlo con las oposiciones y una exigente carrera, cinceló su fuerte carácter.

Alaya siempre se ha movido entre la timidez y el pundonor. Se ha debatido sobre si su imagen delicada la ha obligado a escenificar una dureza extrema para hacerse respetar. La recusación de la Fiscalía en 2010 —rechazada por la Audiencia provincial— en la que se ponía en duda su capacidad para juzgar el caso Mercasevilla por su matrimonio con un importante consultor que había auditado la empresa, la convirtió en un animal herido. “Me genera pudor hablar de mi vida privada, situación en la que creo que pocos jueces se han visto”, expuso en un escrito. Que se cuestionara su validez profesional le produjo una indeleble humillación.

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MERCEDES ALAYA, CASO DE LOS ERE
Sevilla, 1964.
Casada y con cuatro hijos.
Llegó en 1998 al Juzgado de Instrucción 6 de Sevilla tras pasar por Fuengirola (Málaga), Carmona (Sevilla) y un juzgado de primera instancia de la capital andaluza.
Detectó que un supuesto empleado de la empresa pública Mercasevilla había sido prejubilado sin haber trabajado jamás allí. Descubrió así una red de fraudes por la que ha imputado a 60 personas. Investiga el papel de la Junta de Andalucía, entre otros actores.

Alaya se sabe escrutada. Es discreta y no se deja ver por Sevilla. Pero en su juzgado no admite otra ley que la suya. Sus enfrentamientos a gritos con las partes han sido siempre sonados; por eso causó tanto estupor como admiración la estrategia que desarrolló en el interrogatorio del ex director general de Trabajo Javier Guerrero. Aquel día la conversación se desarrolló entre sonrisas y mohines a Guerrero, un personaje al que le encanta encantar. La juez dejó al interrogado sentirse a gusto y, entre chistes y requiebros, le hizo desembuchar toda la información que le implicaba en la trama fraudulenta. Cuando Alaya le entregó la imputación, las sonrisas se helaron.

La sevillana es un buen ejemplo del resbaladizo terreno que pisan los jueces que tienen en sus manos la moral de una ciudad. En determinadas situaciones parece fácil llegar a sentir que, si no es uno mismo, nadie será capaz de limpiar un horizonte emponzoñado. Una actitud que puede interpretarse como mesiánica, pero sustentada por una verdad. ¿Quién más estará dispuesto a recibir llamadas de personas importantes sugiriendo que es momento de frenarse? ¿Quién aceptará abrir el periódico para encontrar comentarios sobre su menú de batalla? Probablemente solo alguien que entienda que el premio merece la pena: pararse ante el silencio de un imputado, mirarle a los ojos y entender que hay que seguir adelante. Porque detrás hay una mentira.

El Precio de hacer Justicia – IV

Leer aquí la parte III

Son pequeños triunfos que los magistrados graban como muescas en la culata de sus pistolas. El juez José Castro se ha anotado ya unas cuantas. El instructor del caso Palma Arena ha adelgazado en los últimos tiempos, pero no por las mismas razones que Iñaki Urdangarin, su imputado más famoso.

Por prescripción médica, Castro, de 67 años, ha cambiado las motos de gran cilindrada por la bicicleta. Viéndole pedalear los cinco kilómetros desde el juzgado a su adosado en la playa, a este cordobés podría adivinársele una tranquila vida de jubilado. Pero que nadie se llame a engaño: le siguen gustando las emociones.

Abuelo separado y con novia, tiene un hijo abogado y otro procurador, muy aficionados al deporte, como él. Dueño de un perrito Yorkshire, por ello Castro no deja de ser un lobo solitario que rehúye los actos en grupo. No se deja ver mucho por los bares y restaurantes de Palma, aunque le gusta tomar un café con todas las partes para limar asperezas tras sus interminables interrogatorios. El cordobés es un personaje cercano que se hace llamar Pepe y no deja que le traten de usted. Guarda una buena relación con funcionarios y policías, quienes aprecian que no se pierda un registro, sea en casa del expresidente de Baleares, Jaume Matas, o en las chabolas de Son Banya. No está adscrito a ninguna asociación de jueces, pero no le hace falta: Castro es una de esas raras figuras de consenso que de vez en cuando surgen en una profesión rica en puñaladas. Incluso los que no le aprecian por su vivo temperamento o su carácter inquisitivo le respetan en función de una solvencia y obsesión por la verdad que le ha ocasionado más de un disgusto. El más reseñable quizá se lo dio su amigo el inspector José Gómez Navarro Pepote, condenado a nueve años de prisión por extorsionar a la jefa de un clan de la droga. Cuando el caso llegó a su juzgado, Castro se inhibió para juzgar, pero testificó sin sentimentalismos. El proceso le dejó profundamente herido, y no solo porque se sintiera traicionado: la visión de cómo la corrupción era capaz de empapar cualquier corazón le asqueó.

Todo un veterano en el último tramo de su carrera, Castro ahora solo atiende el caso Urdangarin y cubre guardias. Conoce la Justicia desde su base porque antes de acceder a la judicatura fue funcionario de prisiones. Cumpliendo el patrón, cuando en 1990 se instaló en el juzgado de instrucción 3 de Baleares, las islas eran un destino tranquilo. Hasta que comenzó a emerger la corrupción, con Jaume Matas como protagonista indiscutible. Los poderes políticos pronto intentaron hacerle ver al juez quién mandaba. Pero él no se dio por enterado. La lucha en torno al cacique de las islas fue encarnizada, con la Fiscalía General del Estado volcada para evitar una imputación que se acabó convirtiendo en ineludible.

De sus últimas pesquisas sobre una de las fuentes de enriquecimiento ilegal de Matas, la construcción del velódromo Palma Arena, salió en una fina labor de cruce de datos fiscales y cuentas la pieza separada que lanzó el proceso de Urdangarin. Antes de imputar al duque, cuentan sus próximos que se lo pensó mucho. Temía una tormenta ingobernable, pero algo entre el sentido del deber y el gusanillo del reto le pudo. Sus detractores dicen que ese gusanillo es toda una serpiente: el ego de un hombre al que le gusta disparar al sol.

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JOSÉ CASTRO, CASO NÓOS
Córdoba, 1945
Separado y con dos hijos.
Desde 1976 ha pasado por juzgados de Dos Hermanas (Sevilla), Arrecife (Lanzarote) y Sadabell (Barcelona). En 1985 llegó al de lo Social 2 de Palma y en 1990 pasó al de Instruccion 3.
Reclamó la investigación de los fiscales, la Guardia Civil y Hacienda sobre el patrimonio de Jaume Matas y la unió a la que instruía sobre las irregularidades en el velódromo Palma Arena. De esa semilla nace el caso Nóos, por el que imputa a Iñaki Urdangarin.

El respeto que Castro concita en propios y extraños le ha aislado de presiones, aunque los medios de comunicación más conservadores se hayan lanzado a investigar la compra de su casa sin demasiados resultados. A pesar de su afabilidad, no concede entrevistas y no habla nunca de los casos en que trabaja. Prefiere charlar de las alineaciones del Real Madrid. Su medio de comunicación oficial son sus autos y sentencias, auténticos eventos en las islas. En un tono llano pero cargado de ironía, el magistrado se esfuerza porque el texto le resulte accesible al ciudadano. Matas aún está digiriendo algunas de las estocadas que le dejó en su auto de imputación: “Es claro que Matas ha venido a burlarse de los simples mortales”.

Sus interrogatorios también son célebres. El juez se muestra respetuoso, pero no admite componendas. Insiste hasta conseguir la respuesta más precisa posible con un lenguaje directo. No tiembla ante lances que otros considerarían temerarios. “Vamos a ver, señora”, se plantó ante las evasivas de Ana María Tejeiro, mujer del socio de Urdangarin, “lo digo para deshacer, porque dice usted: ‘no, hombre, porque como [la infanta Cristina] era quien es’, pues da la impresión de que doña Cristina no está imputada porque es quien es, y yo le digo que me ayuden a imputarla, si es que se tiene que imputar ¿eh?, si es que se tiene que imputar, para que no parezca que no lo está por ser quien es ¿entiende?”.

Pero la temeridad no suele salir gratis. Lo sabe Baltasar Garzón, juez que reunía todos los requisitos de la inexpugnabilidad: un puesto en la Audiencia Nacional, proyección pública, prestigio internacional… Nada de eso le evitó ser expulsado de la carrera judicial mientras luchaba para desenmarañar la tupida trama Gürtel, un dolor de muelas para el partido en el Gobierno. Su sucesor en el caso, Antonio Pedreira, demostró que la salud entra igualmente en la apuesta por la justicia. El juez sufre ahora en una cama, minado por la enfermedad.

Leer aquí la parte V.