El cepo de Hildebrandt

Por Victorio Neves de Baers – 20 de Setiembre del 2013

César Hildebrandt, considerado aún el periodista de mayor credibilidad (no el más influyente), reconoce lo difícil que está siendo hacer periodismo de una manera diferente. Escribió lo siguiente hace algunos días:

“Han pasado tantos números de este semanario que ya ni me acuerdo de las cuitas de los primeros tiempos, del suspenso que nos rodeaba y de las expectativas que abrigábamos. Hemos descubierto que los lectores –esa especie que algunos pesimistas consideraban extinguida- existían en el Perú y solicitaban nuestras páginas también desde el exterior. Ellos han hecho que esto dure y tenga futuro. Ellos han hecho posible que esta frágil aventura se convierta en una travesía segura en busca de la elusiva verdad. A ellos –a ustedes- nuestro agradecimiento. Gracias a su lectoría podemos subsistir a pesar del boicot publicitario. Nuestros lectores, en suma, son nuestros socios tácitos y nuestra razón para seguir luchando.”

Sin embargo, no todos sus lectores del exterior están contentos, porque una de las condiciones de suscripción (http://www.hildebrandtensustrece.com) parece haber sido escrita por uno de nuestros legisladores, que él tan ácidamente critica, leamos:

Condiciones de Suscripción

1. Está prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta publicación.

2. Por medidas de seguridad la edición on-line está restringida al extranjero. La suscripción desde el Perú será cancelada por los técnicos del semanario.

En el Perú la versión es impresa y puede adquirirla en cualquier quiosco a nivel nacional.

3. La empresa que tramita los cobros de las suscripciones es estadounidense y en cumplimiento de la ley de EE.UU ofrece a los suscriptores la posibilidad de renovación automática previa consulta. Asegúrese que toma la opción que más le interesa.

4. Por medidas de seguridad el equipo técnico suspenderá provisionalmente el acceso al semanario si una clave es utilizada desde diferentes computadoras (dirección ip).

La condición número 4 es inapropiada, obsoleta desde que los lectores empezaron usar portátiles, teléfonos inteligentes y tabletas, es decir hace bastantes años. ¿Cómo sufrirán los peruanos en el extranjero acostumbrados a desayunar en McDonald’s, almorzar en la oficina, sorber un café en Starbucks, cenar en Nordsee; y los viajeros que aterrizan en un aeropuerto, trasnochan en un hotel, y luego se informan en un centro de convenciones o en un banco?, en cada uno de estos lugares el servicio de internet les proporciona un ip diferente, ¿tendrán que apoquinar 18 euros cada vez que quieren leer su semanario?

Hace 11 meses escribí al semanario indicándoles que estábamos en un mundo ubicuo y que su restricción era molesta, recibí respuesta de Rebeca Diez informando que en una semana veríamos el cambio; seguimos esperando.

Don César, Ud. es agudo y puede crecer más.

Nada ha cambiado en la mediocre TV peruana

Análisis de la TV peruana hace 5 años, pareciera que nada ha cambiado.

“… crea una suerte de extorsión permanente en la parrilla de las televisiones …”

“… la televisión también tiene que dar una manita en la cultura, en la educación, en elevar a la gente, no podemos seguir empobreciendo a la gente diciéndole que el menú es la violación, el estupro, el crimen, el hombre que mató a su nieta…”

“… la agenda periodística ha llegado al extremo de suprimir el mundo, … somos la aldea global más insular, ensimismada y autista que he visto en toda mi vida …”

Medios impresos y Lectores al desnudo

Ipsos Perú publica su estudio “Hábitos, usos y actitudes hacia la prensa escrita 2013”, trabajo realizado sobre la población de Lima Metropolitana.

Algunos resultados:

César Hildebrandt es el periodista de mayor credibilidad (quien dijo que la Fiscal Lozada debería ir a la cárcel).

El Comercio es considerado el mejor diario, es el más leído en línea, y de lejos sus revistas gratuitas son las más recordadas.

Caretas es considerada la mejor revista pagada.

El 64% de los lectores cree que la publicidad afecta su decisión de compra.

El 32% de los lectores no ha leído o no recuerda haber leído (nunca) algún artículo o columna de algún periodista.

Leer aquí el resumen del estudio en formato PDF.

La muerte de Rosario Ponce

Por César Hildebrandt
Publicado en el Semanario “Hildebrandt en sus trece” el 31 de Octubre del 2011

Buscando en Google, Rebeca Diaz, encontró algo sorprendente: si en la barra se escribe la frase “Rosario Ponce asesina”, aparecen 838.000 entradas; si se acude a la frase “Rosario Ponce culpable”, aparecen 428.000 posibilidades. Y para el código “Rosario Ponce ninfómana”, los posibles ingresos llegan a 4.930. Nada desdeñable. Se trata de toda una obra maestra del chisme porno, el asesinato simbólico, la cobardía del cargamontón.

Me quito el sombrero. En este país donde los juicios pueden durar años, el linchamiento de la chusma es de vértigo. Una por otra. Todo en este asunto fue novelescamente repulsivo. Una reportera de la tele, por ejemplo, “descubrió” que Rosario Ponce estuvo en un cuarto con televisión en la clínica privada donde debió internarse tras el regreso del Colca. “Aparentemente tranquila y con unos kilos demás, apareció Rosario Ponce en la gobernación de La Molina”, dijo la periodista de ATV al presentar un informe cargado de tarada malicia. Y luego la misma damisela le pregunta a los padres de la chica: “¿Tres meses se va de viaje su hija y deja al pequeño sólo con ustedes?” La insinuación es clara: mala madre, mala hija, mala amante: asesina en potencia. Es como hacer una sinfonía con una corchea. Es como hacer una mirada valiéndose de una legaña.

Aquel informe tenía música a todo volumen y terminaba con esta frase: “¿Qué otros enigmas y misterios existen?” La verdad es que el único enigma era saber si la presentadora tenía 75 y 79 de coeficiente intelectual.

Y el noticiero de ATV no fue el único. Un día, “Buenos días Perú” (que bien podría llamarse “ Buenas tardes Suiza”) puso el siguiente anzuelo pantalludo: “¿Mataron a Ciro?” El “informe” no tenía nada: ni pistas, ni revelaciones, ni entrevistas. Era un monumento virtual a la nada, a la huelga general del pensar. Una paisana del Colca solía decir: “Vinieron unos gringos y me pidieron un pico y una lampa” ¡Ajá! Un pico y una lampa es, en el dialecto de los reporteros con habilidades diferentes, un ideograma que se traduce como tumba. Y tumba era, en este caso, entierro por lo bajo. O sea: Te jodiste Rosario, nos vemos en la cana.

En “Enemigos públicos” salió un supuesto experto en expresión corporal al decir esta frase criminalmente textual: “No la estoy culpando, no la estoy defendiendo, pero que algo oculta, algo oculta”. Este experto había hecho de cuerpo ante las cámaras y parecía feliz. Todo vale con tal de salir en TV. La TV confirma la existencia, enriquece la hoja de vida, redime a los anónimos, apellida a la vida.

Fue Beto Ortiz el Truman Capote oral de las tinieblas. Fue él quien “consagró” la “teoría” de que se había hallado el DNI de Ciro en el poblado de Madrigal , bajo las cumbres del Colca. “Se tendría la certeza — dijo en resumen este héroe de la noche — que Ciro y Rosario volvieron al poblado de Madrigal y que de allí Ciro habría desaparecido”. La novela negra escrita en una noche por alguien que ha frecuentado la sordidez pero que no tiene derecho a producirla como espectáculo, sobre todo cuando la reputación de terceras personas está en juego.

Canal 2 no podía quedarse en el colchón y compitió enérgicamente. Uno de los rescatistas dijo en su pantalla: “Podría estar preocupada, por lo menos mostrar un poquito de dolor, angustia, molestia…”. Claro, la indiferente era Rosario. Canal 4 puso lo suyo. “Nadie puede decir cuánto calla Rosario Ponce”, dijo “Cuarto Poder” desde la investidura de su rating. Y ya no hablemos de la prensa chicha, ese puré de chamanismo informativo, supuración sintáctica y pequeñez de todos los propósitos. En el lado de la prensa de más de 50 céntimos, Perú 21 fue rotundo, como casi siempre: “¡Mentirosa!” Y ya está: veredicto que no se apela.

Y luego vino don Ricardo Uceda, el comandante en jefe de la investigación en el Perú. Él fue el autor de un varonil ensayo de la vida sexual extraviada y superlativa de Rosario Ponce. Uceda habló con amigos y enemigos de la universidad donde ella había estudiado para obtener una especie de retrato genital de la señorita en cuestión. La conclusión era que ella candidateaba a ninfómana, era una necesitada crónica y podía romper las camas donde podía yacer de puro gusto. Un Uceda disfrazado de William Masters hizo lo que pocas veces se había visto en la llamada prensa seria. Y así por el estilo.

El vampirismo de la prensa peruana encontró una de las yugulares más sabrosas. La vena canalla de la tele se ensaño como nunca.

El problema de Rosario Ponce, es que no lloraba, no estallaba en gritos, no cumplía las normas de la angustia. Hasta que este semanario incurrió en un exceso de sospechas al respecto.

Y también estuvo el asunto del padre de Ciro. Aquejado de un dolor tenaz, el doctor Castillo fingió haber sido un padre ejemplar y un marido impecable al que la fatalidad, disfrazada de precoz mujer fatal, había visitado. No era así: ahora se sabe que la desdicha de su hijo no interrumpió ninguna gran felicidad y que el hogar del doctor Castillo era tan disfuncional como el de la mayoría de la gente roída por el tiempo. Su matrimonio exhausto salió a la luz. Y ahora, convertido en líder del partido del sufrimiento, el doctor Castillo insiste en sus insinuaciones retorcidas.

He escuchado el linchamiento radial de Rosario Ponce, y he visto a la gente de Arequipa convertir el ataúd de Ciro en urna de votación, la muerte en programa de gobierno y la ignorancia en ejecutoria de un corte suprema de los milagros. Y me ha dado pena que el Perú siga siendo, en muchos aspectos, país de plebes fulminantes.

Ciro Castillo murió en una aventura montañera. Lo mató el azar, la arbitrariedad, el no-Dios de las alturas. Pero quien ha querido matar a Rosario Ponce, que cometió el pecado de no morirse al alimón, ha sido esta prensa nuestra que luego reclama por sus estatutos de privilegio. Al cuerno con ella.