Cacya irá tras de Néstor

Padres piden apoyo de la PNP

Por Jorge Nuñez – Publicado en Correo el 20 de Agosto del 2013

El conocido rescatista, Eloy Cacya, buscará al desaparecido estudiante del instituto de Artes Carlos Baca flor, Néstor Ccañihua Parí (18), extraviado hace mas de 2 meses. El especialista accedió al pedido de la familia, cuyos miembros buscaron al desaparecido, en Yarabamba, el domingo último.

Según el padre del joven desaparecido, Víctor Ccañihua, gracias al registro de llamadas del celular del acusado, el taxista Efrain Pampa, se supo que el detenido, mandó un mensaje sospechoso el día 14 de junio a las 22 h. dirigido a su enamorada Ana Chahuaya, cuando este estaba ubicado en el distrito de Yarabamba. Como se sabe solo se tiene los mensajes del día 23 y 25 de junio, los demás fueron borrados.

La familia Ccañihua Parí, frente al mensaje sospechoso del detenido, fueron a buscar a Néstor, divididos en dos grupos recorriendo la zona desde las 9 h. hasta las 16 h., recorriendo sin éxito, hasta la torre 19 cerca al cementerio de Yarabamba.

La sufrida madre Ageda Parí, pidió a la policía especializada en rescate ayudar en la búsqueda. Agregó que el guía de montaña Eloy Cacya, comenzará la búsqueda, el próximo lunes.

Exámenes psicológicos.

De los exámenes que se realizan al taxista Efraín Pampa, que permanecerá detenido 7 meses en prisión preventiva, el único que ya se conoce es el psicológico, que precisa que Pampa es inseguro, dependiente, sumiso complaciente, falso de alegría.

Asimismo evidencia sentimientos de insatisfacción personal, con baja autoestima, emocionalmente inmaduro, reprime su ansiedad y hostilidad hacia otras personas, sus sentimientos revelan una acumulación de suspicacias, temores y rencores, que se exteriorizan a una agitada descarga catártica, en conclusión se deduce que sus relatos son probablemente no creíbles.

El acusado también se le realizara dos exámenes psiquiátricos que determinaran si sufre de algún trastorno mental.

El primer examen se realizó el último viernes 17 de agosto y solo faltaría y el segundo que se realizará el próximo viernes en medicina legal.

Como se sabe el guía Eloy Cacya quien halló los cuerpos perdidos de Ciro Castillo y Olivier Toledo, escribirá otra nueva historia si es que encuentra al joven estudiante desaparecido Néstor Ccañihua Parí (18).

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Familia: “A Olivier lo rescatamos nosotros”

Señalan que joven no se perdió porque conocía bien el camino. Piden que los amigos sean investigados para aclarar hechos.

Publicado en Correo el 27 de Mayo del 2013

La familia de Olivier Toledo Carlos, el joven universitario que falleció perdido camino al Santuario de Chapi, se presentó en conferencia de prensa para aclarar que se pudo encontrar el cuerpo sin vida del joven gracias al esfuerzo de los parientes del universitario y de Eloy Cacya, más no de la PNP porque no tenía equipos de búsqueda.

“Si mis 12 familiares no hubieran salido a recorrer varios puntos en el camino hacia el Santuario deChapi, nunca habríamos encontrado a Olivier; la policía ayudó, pero no trabajó al 100%, no tenían cómo movilizarse, no poseían GPS ni un sistema de comunicación, solo algunos efectivos tenían estos equipos, pero porque ellos mismos se los compraron; de ser por la policía, nunca hubiéramos hallado a mi hijo”, narró César Toledo, padre de Olivier.

Asimismo, doña Isabel Carlos, madre del universitario, entre lágrimas dijo enfurecida: “Yo culpo al presidente Ollanta Humala porque no ayudó en la búsqueda de mi hijo, la policía tampoco tenía camionetas para viajar. Pedimos que investiguen el caso, mi hijo no debió morir así”.

“No pudo perderse, algo raro pasó, no culpamos a sus amigos, pero deben investigarlos. Alguien está involucrado en la muerte de Olivier“, afirmó Soledad Toledo. Los familiares del universitario contaron que en 4 oportunidades Olivier peregrinó hacia Chapi y conocía el camino.

Por ello, dieron plazo hasta la primera quincena de junio para la entrega de resultados de la investigación; de cerrarse el caso, la familia y su abogado investigarán hasta hallar al responsable de la muerte del universitario.

Eloy Cacya, el guía que encontró a Ciro y Olivier busca su sendero

Desde de la montaña. Es uno de los personajes más queridos en Arequipa. Haber localizado los cuerpos de Ciro Castillo Rojo y del peregrino de Chapi, Olivier Toledo, le granjearon una inesperada fama. Eloy vive en Pinchollo, quiso ser oficial de la FAP y no pudo, se fue a la Argentina, pero regresó. Sin quererlo se convirtió en guía de montaña y rescatista. No es todo lo que quiere. Tiene muchos sueños.

Por Elizabeth Huanca Urrutia – Publicado en La República el 25 de Mayo del 2013

Una mañana, mientras pastaba sus vacas en el monte, tres avionetas pasaron sobre su cabeza. Quedó maravillado. Entonces supo que quería ser piloto de la Policía Nacional. Eloy Cecilio Cacya Cárdenas tenía solo seis años y era el único de los ocho hermanos que deseaba dejar su vida de campo. Quería ser un hombre de ciudad.

“Cuando sea grande voy a manejar una de esas naves”, decía mirándose al espejo. Su sueño no se cumplió. Su destino era guiar por el buen sendero a los aventureros y encontrar gente perdida, aunque los encuentre muertos.

“Las cosas siempre pasan por algo”, me dice mientras caminamos rumbo a su casa en Pinchollo, un centro poblado de Cabanaconde (Caylloma), ubicado a 140 kilómetros de la  ciudad de Arequipa y a 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar.

Son casi las nueve de la noche y una densa neblina cubre el cielo pinchollano rodeado de casas de barro y techos de paja y calamina. La poca gente que queda en las calles lo saluda en cada esquina. En su pueblo siempre ha sido conocido. Fue dos veces presidente de la comunidad campesina, juez de paz y teniente gobernador. En Arequipa y en casi todo el Perú, por estos días su nombre se repite en los medios de comunicación.

En octubre de 2012 halló el cuerpo sin vida de Ciro Castillo Rojo, el estudiante limeño que se perdió en las profundidades del Colca junto a su enamorada Rosario Ponce. El 17 de mayo de este año, también halló a Olivier Toledo, un joven que desapareció mientras peregrinaba al Santuario de Chapi.

“¿Es usted un hombre con suerte?”, le digo. “No lo sé. Bueno, no lo creo”, responde con la sonrisa entrecortada. Recuerda que su gran problema cuando intentó ser policía a los 18 años, fue el dinero. Hoy a sus 45 años, convertido en guía de Alta Montaña y rescatista, sigue siéndolo.

Vida en la ciudad

Cacya no ha tenido una vida fácil. A los 13 años dejó Pinchollo para estudiar en el colegio Honorio Delgado de Arequipa. Solo llegó a tercero de secundaria, la escasa economía de la familia, con ocho hermanos que alimentar, no le permitió continuar. Tuvo que trabajar.

Eran tiempos en que el servicio militar era obligatorio en el país. Cacya decidió servir en la Fuerza Aérea del Perú (FAP). Era la mejor manera de acortar camino para convertirse en suboficial. Estuvo internado en la base de La Joya, en pleno desierto de Arequipa, hasta los 20 años, donde terminó la secundaria. Se graduó de Sargento Primero. El contacto con sus padres y su tierra era casi nulo. No quería volver.

Luego, en busca de sus sueños de infancia, Cacya se fue a Lima y trabajó en la FAP como auxiliar en mesa de partes. Su objetivo era codearse con los altos mandos para que lo ayuden a ingresar a la Escuela de Suboficiales.

Postuló dos veces. Aprobó el examen académico en el segundo intento, en 1999, pero por falta de “vara” no ingresó, cuenta. “Esos malditos. Eres chato me dijeron, y fue la excusa para no aceptarme. A los 20 años me quedé en nada y tuve que empezar de cero”, dice renegando y con la frustración a flor de piel.

“Le pedí a un general que era mi amigo que me ayudara, él me dijo que esperara un año porque tenía hartos ahijados recomendados. Como era joven me decepcioné y me fui. Hubiera esperado”, reflexiona. Ahora sabe que la clave para lograr muchos objetivos en la vida es la paciencia. “Las cosas llegan por sí solas, pero hay que saber esperar”, confirma.

Cuando llegamos a su casa, se arma una fiesta familiar. Reyna, su segunda hija, lo abraza con efusividad. Atrás los pequeños Eloy y Leandra pugnan por alcanzar los brazos del padre, que una semana atrás partió para buscar a un hijo que no era suyo y que lo encontró muerto en el desierto arequipeño. “Me llamo Eloy Ismael Cacya Oxa”, dice marcialmente el único hijo varón de don Eloy. El pequeño tiene solo tres años. Como su padre, es amable, pero a diferencia de él es extrovertido y coqueto.

Eloy Cacya padre es un hombre de pocas palabras. Su profesión le ha enseñado que actuar es más efectivo que hablar. Prefiere el perfil bajo, por eso ser la portada de diarios locales en estos días lo ruboriza. Cuando era niño cantaba rancheras en el colegio, todos lo aplaudían, era hincha de Pedro Fernández, pero un día le salió un gallo horroroso y se prometió a sí mismo no exponerse más en público.

Su hogar es uno de esos pocos espacios donde se siente libre de burlas y prejuicios. “Mi familia es sagrada”, remarca. El pequeño Eloy, a nuestro costado, canta “tírate un paso” (de los Wachiturros), desatando las carcajadas del progenitor. Tal vez, él si pueda ser cantante.

Después de su fallida experiencia en Lima, Cacya partió a Argentina durante dos años. En junio de 1990 se fue a trabajar a la ciudad de Córdoba como albañil, animado por un  tío. “Era feliz y pensé en quedarme a vivir allí, incluso tramité mi residencia, solo me faltaba recoger el documento”, cuenta.

En Córdoba, la segunda ciudad más poblada de Argentina, Cacya empezó a extrañar sus raíces. Entonces, aprovechando sus vacaciones, decidió volver a Pinchollo. Solo por una semana. Pero al ver a sus padres viejos y sus chacras abandonadas, amplió su visita. Se quedó para siempre. “No volví ni por el vuelto a Argentina”, dice. El hijo que quería vivir en la urbe volvió al campo. Hoy es el único de sus hermanos que trabaja la tierra y cría vacas y toros.

Guía de Montaña

Tenía 27 años cuando encontró por casualidad su verdadera vocación. “Empecé tarde”, dice. En 2002, mientras trabajaba de guardaparques en el Cañón del Colca, encontró a Carlos Zárate, el conocido andinista arequipeño. Él le presentó a su hijo, Miguel, el descubridor de la momia Juanita, que lo invitó a un curso para guías de montaña.

“Pensé que era solo un curso. Pedí permiso en el trabajo, vine a Arequipa y me dí con la sorpresa que era una profesión. Estaba empezando a hacer una carrera sin saberlo”, reconoce. Convertirse en guía le tomó varios años, porque no tenía dinero. Aun así, se fue a Huaraz. Postuló e ingresó al centro de Altos Estudios de Alta Montaña, donde se graduó en 2006.

A los 27 años también conoció a Reynalda Oxa, la única mujer que ha amado en su vida. Es sábado y Eloy nos invita a visitar sus chacras. Su hijo acompaña la caminata. El sendero hacia el lugar está inundado de hierbas frescas. El olor a muña (planta típica del lugar) es inconfundible.

Al frente de su predio se ve el cerro Fortaleza, donde Rosario Ponce (investigada por la muerte de Ciro Castillo) fue hallada con vida en abril de 2011. El guía recuerda esa travesía que lo sacó del anonimato.

Está seguro que a Ciro lo mataron. No cree que haya sido Rosario. (Mutante 4).  Él tiene dos hipótesis, pero me las dice ‘off the record’, porque las piensa contar en un libro que está por terminar. Allí contará su verdad. Si todo sale bien, presentará el texto en la Feria Internacional del Libro (FIL) en setiembre próximo. Confiesa que el doctor Ciro nunca le pagó la recompensa que prometió. “Yo no quiero dinero, solo gratitud, ojalá algún día venga a mi casa y comamos algo en familia”, señala.

Cuando se perdió Olivier en Chapi, lo contactó el periodista Gessler Ojeda. Eloy no tenía ni para los pasajes, pero partió a Chapi. Encontró el cuerpo de Olivier Toledo después de un día de búsqueda. Lo localizó en la quebrada de Sechuna. Eran las cuatro de la tarde. Pensó que estaba vivo, quiso reanimarlo pero Toledo había fallecido hace cinco días.

Las chacras, el ganado y su trabajo de guía en estos meses no lo ayudan a mantener su familia. Cacya ha decidido vivir en Arequipa para darles mejores estudios a sus hijos. Por estos días busca un terreno y empleo seguro en la Ciudad Blanca. Tendrá su propio éxodo. Con toda su familia.  El guía que halló a Ciro y Olivier no conoce todavía el sendero a la ciudad. El jueves en la mañana, una radioemisora de Arequipa recibe una llamada. Es una madre que perdió a su hijo en Cotahuasi hace un año. Le invoca a Eloy que la ayude a encontrarlo. Así esté muerto, quiere enterrarlo como Dios manda.

Eloy está en casa, contando historias

Por J. Segura- Publicado en El Búho el 20 de Mayo del 2013

eloy_el_buhoEloy está en casa, prefirió el lado derecho del sillón de mimbre para sentarse y el izquierdo para dejar su mochila, en la que, pareciera, carga un cohete. Vino por otro asunto, la verdad impostergable, -Eloy no es de hablar mucho pero cuando está apurado basta una mueca para darse cuenta que lleva prisa-, sin embargo, no puedo evitar preguntarle por su último hallazgo, al que todos se refieren como una especie de consagración, deslucida por la muerte.

Raquel le ofrece un mate (filtrante); Eloy dice que escoger en una casa que no es suya es una falta de respeto. Sus padres le enseñaron a admitir el criterio ajeno en cuestiones de convite. Entonces Raquel insiste en que el invitado debe elegir. Es su criterio. –Tengo anís, manzanilla y té-, -té está bien, señorita- dice Eloy, sin darse cuenta que lleva un mechón parado sobre la frente. No le digo nada porque el detalle lo hace ver gracioso.

Se le nota cansado. Podría decir que su ropa todavía conserva el polvo de la búsqueda, ese polvo es una evidencia de tamaña importancia, aunque en un contexto doméstico parece un elemento enrarecido. Como lo fue la música que acompañaba a O.T.C. camino al cementerio: “Los enanitos verdes”

Yo te vi en un tren…

quise ayudarte y ya no estabas más….

Rock argentino, quizá lo que escuchaba O.T.C. cuando se perdió en el desierto. Por cierto aquella tarde mientras cargaban el cajón, alguien dijo: -como ese entierro sólo el de Chacalón-

Más allá un hombre me preguntó si la persona a la que agradecían tanto los familiares era Eloy Cacya, le dije que sí, el mismo; le pregunto ¿por qué?, me responde que hace un año su hijo se perdió en la ciudad y que fue a ese cementerio sólo para pedir a Eloy el favor de “encontrarlo”

La mesa es chica por eso cada quien tiene un pan con queso en una mano y en la otra sostiene el platillo con la taza. Eloy ha venido a otros asuntos pero no puedo evitar preguntarle detalles de la búsqueda y hallazgo de O.T.C. Es un simple par de preguntas que me inquietan, como en qué momento se da cuenta que está rastreando la muerte y no una persona extraviada, y si su eficiencia es parte de un entrenamiento especial; algo que le preguntaría cualquier común mortal.

Entonces pienso que saldrá con el consabido hermetismo de un agente de la Divincri, pero no. Eloy termina de engullir el bollo remojado en té y comienza a narrar su propia versión de cómo habría sido aquella sofocante, extenuante pero sobre todo colosal peregrinación sin norte de O.T.C. coronada por la muerte.

Cuando uno camina por kilómetros, se reserva el exasperante ejercicio de hablar. El guía profesionalizado en Huaráz, hijo ilustre de Pinchollo, tiene una sabiduría resultante de horas de caminata en nevados, montañas, estepa y valle. Sin embargo es un excelente contador de historias y oportuno anecdotista.

Con lo que Eloy nos cuenta, el acto de comer un rico bollo con queso, se convierte, indefectiblemente, en una maniobra mecánica sin importancia ni fin supremo. Eloy bate la mano en la que carga el pan, lentamente, como dirigiendo una orquesta de paquidermos, como si hablara a dos niños sobre ballenas varadas en la puerta de la casa. Una insólita historia de supervivencia.

No tengo más que un pedazo de pan a medio comer en una mano y un mate de manzanilla equilibrando en la otra y tengo que escribir una crónica sobre técnicas de supervivencia, el caso O.T.C. o sus últimos minutos (Revista El Búho, por supuesto, más periodismo!). Entonces pienso que la historia de Eloy podría servirme mucho, podría ser el núcleo de mi nota, pero no apunto nada… quizá apuntar se convierta en otra maniobra mecánica sin importancia ni fin supremo.

Eloy continúa narrando: entonces vi moscas, luego gallinazos, él rodó, su fuerza no se agotó fácilmente, bajó sentado un cerro empinado, lleno de piedras, luego subió a otro cerro porque oyó el helicóptero. Llegué hasta el lugar, ahí lo vi… Con un pedazo de pan colgando en la comisura de la boca, pregunto a Eloy si podemos encontrarnos al día siguiente para que vuelva a contarme su increíble narración, su respuesta es “Claro, cómo no”…

El socorrista que rescató los cuerpos de Ciro Castillo y Olivier Toledo

El guía de alta montaña Eloy Cacya Cárdenas, contó que cuando tuvo 16 años también se perdió en la ruta al santuario Chapi

Por Jorge Malpartida Tabuchi – Publicado en El Comercio el 18 de Mayo del 2013

Eloy Cacya se hizo conocido en el 2011 cuando encontró el cuerpo del joven Ciro Castillo Rojo en las profundidades del Cañón del Colca. Hace unos días ubicó el cadáver del universitario Olivier Toledo en las pampas de La Joya.

En medio de las áridas pampas que conducen al santuario de la Virgen de Chapi, Cacya se siente en su hábitat natural. Camina tranquilo y disfruta del paisaje, pero siempre alerta y concentrado en lo que puede haber unos pasos más allá. “Nunca hay que confiarse. Me gusta buscar detalles en la naturaleza, por ejemplo, huellas de animales y plantas que puedan tener poderes curativos”, nos dice este experimentado guía de alta montaña mientras transita cerca de la ruta en donde Olivier Toledo se extravió el pasado 1 de mayo y, por desgracia, encontró la muerte.

¿Cuál fue el primer sentimiento que lo embargó luego de ubicar el cuerpo de Olivier Toledo?

El de haber cumplido con la tarea que me encomendó la familia de Olivier. Ellos depositaron su confianza en mí, y aunque no terminó como uno hubiera querido, queda el hecho de haber cumplido con el trabajo. De mi padre me viene esto de que cuando alguien me confía una tarea siento un gran peso en la conciencia hasta que no la culmine.

¿Creía usted que era posible encontrar a Olivier con vida?

Nuestro peor enemigo era el tiempo. Tenía un 60% de seguridad de ubicarlo, no necesariamente vivo, aunque la esperanza nunca se pierde. Vivo o muerto, pero había que ir en la búsqueda porque la familia puso sus esperanzas en mí, y ese para mí es el reto más grande que uno puede tener.

¿Conocía la ruta al santuario de la Virgen de Chapi?

A los 16 años fui a peregrinar al santuario para expiar mis culpas y me perdí. Salí de noche solo y caminaba siguiendo las antorchas de la gente. Por querer acortar camino, antes de llegar al sector de Siete Toldos, crucé entre los cerros y quedé atrapado entre quebradas y rutas sin salida. Arrepentido por mi decisión, empecé a escuchar las voces de los peregrinos en medio de las tinieblas y con eso pude guiarme. Tardé cerca de tres horas para regresar al camino. Ahí aprendí que uno jamás debe confiarse en las expediciones o caminatas por las montañas.

¿Cómo se inició en este oficio?

Soy de Pinchollo, un centro poblado ubicado a 3.600 metros, en el corazón del valle del Colca, así que he crecido en medio del campo, trepando cerros y correteando a los cóndores. A esa zona veía llegar a muchos turistas al lado de guías que no eran del Colca y que no daban informaciones exactas. Entonces, me pregunté por qué no podía ser guía si me gustaba trepar los nevados y ya conocía muchos de los caminos.

¿Qué fue lo más difícil durante sus primeros años como guía?

Este oficio es complicado porque los equipos son muy costosos y la capacitación solo se realiza en Huaraz. Pero lo que más me costó, sin duda, fue alejarme de mis hijos. Tenía 28 años cuando decidí ir a la escuela de guías de alta montaña. Mi primer examen fue tres días después de que naciera Flor, mi hija mayor. Aprobé, pero a la semana siguiente ya debía irme a Huaraz para tentar una vacante en los cursos básicos de instrucción.

¿Qué otras dificultades encontró en ese comienzo?

Cuando llegué a Huaraz, los otros postulantes tenían los equipos necesarios para las pruebas de escalada de montaña y para enfrentar los caminos empinados. Yo no tenía nada, solo una bolsa con mi ropa. Los instructores se sorprendieron porque había llegado hasta ahí, a pesar de que me faltaban cosas básicas como una carpa o una bolsa de dormir. “Has tenido cojones, te prestaremos los equipos pero en el campo todo dependerá de ti”, me dijo un instructor. Así comencé las pruebas, con ese peso en la conciencia por no decepcionarlos. Al final, quedé entre los seleccionados y realicé el curso.

¿Qué dice su familia de este trabajo de alto riesgo?

Aunque estoy siempre trabajando en pendientes y en zonas peligrosas, ellos saben que me gusta la adrenalina y que si no hiciera esto me aburriría mucho. Mis hijos, aunque todavía son pequeños, son guerreros y no tienen miedo. Tienen mucha confianza en mí y solo me piden que me cuide. A veces estoy varios meses lejos de ellos, por lo cual conecto rápidamente con las historias de las familias que han perdido a sus hijos. Cuando uno está lejos de sus seres queridos se da cuenta de lo importante que son y los empieza a valorar más.

¿Por qué ubicó usted a estas personas que nadie podía encontrar?

Esto no viene simplemente de un golpe de suerte, viene de una formación previa. Tiene que ver con esa vocación de servicio que también me inculcó mi padre. Pero a la vez este es un trabajo profesional que se hace con información, conocimiento del terreno y del clima al que te estás enfrentando. Muchos suelen confiar en sus capacidades, pero hay que respetar a la naturaleza. La naturaleza ama al hombre y te va a dar su ayuda si la respetas.

El Escuadrón de Rescate de la Policía tiene la tarea más fea de las tragedias

ESFUERZO.

Están preparados física y mentalmente para asistir a otras unidades de la Policía en casos difíciles, como rescatar cuerpos en zonas agrestes o buscar desaparecidos durante semanas. No siempre se llevan los créditos, como en los casos de Ciro y Olivier.

Por Arlen Palomino – Publicado en La República el 19 de Mayo del 2013

Cuando un miembro del Escuadrón de Rescate de la Policía sale en una misión, no sabe cuándo regresará. Puede volver el mismo día o varias semanas después. Los veinticuatro efectivos que conforman este pelotón tienen que estar preparados para todo, aunque todo signifique a veces rescatar los cuerpos destrozados de las víctimas de un accidente, como el despiste del ómnibus de la empresa Andares, en marzo pasado. Esa vez murieron 27 pasajeros.

Sacar los cuerpos mutilados de los asientos de este vehículo que cayó a un barranco en la carretera Arequipa-Puno, dejó una cicatriz en el alma de Lucio Mendoza, efectivo policial a cargo del Escuadrón de Rescate. Lucio es el miembro más experimentado; con 45 años, su estado físico aún sorprende a sus compañeros más jóvenes.

Los hombres del Escuadrón de Rescate tienen la tarea más fea y difícil de las tragedias: descender quebradas para rescatar muertos, caminar días enteros para buscar desaparecidos (como el caso de Ciro Castillo Rojo y Olivier Toledo), entrar en las gélidas aguas de ríos para rescatar cuerpos, etc. La mayoría de casos demanda esfuerzos físicos y resistencia.

Pero aunque en el desfile por Fiestas Patrias tienen una presentación pomposa, amarrados con sogas y arneses, trabajan con muchas carencias de equipos y logística.

Un helicóptero, carros modernos que permitan el ingreso a cualquier terreno y el cambio adecuado de implementos como sogas y kits de primeros auxilios, son primordiales. El director de operaciones de los Bomberos Unidos Sin Fronteras, Alonso Málaga, detalló que en el país esta situación ha mejorado en los últimos años, pero aún no superamos a países como Brasil y Colombia. Los brasileños, por ejemplo, cuentan con policías bomberos, capacitados para todo tipo de emergencias.

De los cinco patrulleros destinados a este escuadrón, uno tiene 12 años de antigüedad. Todos son 4×2 y no pueden acceder a terrenos accidentados. El grupo forma parte de la Unidad de Emergencia de la Policía, a cargo del comandante PNP Raúl Acosta Vera.

Contra el tiempo

Su última misión los llevó por cinco días a caminar en el desierto de Polobaya en busca de Olivier Toledo, quien se perdió caminando a Chapi. Pasaron hambre, sed y la desesperación de ver correr el tiempo con temperaturas extremas.

La misma experiencia por la que pasó el muchacho perdido. Al final, el crédito del rescate se lo llevó el guía de montaña Eloy Cacya. Lo mismo sucedió con el caso de Ciro Castillo Rojo en el Bomboya. Por esta razón, la opinión pública cuestiona sus capacidades y condiciones.

Desafío de rescatista

Integrar el Escuadrón de Rescate no es para cualquiera. De 60 estudiantes en promedio se gradúan solo unos 25 policías. Los requisitos básicos son: tener buen físico y estar preparado psicológicamente. Cuando Lucio Mendoza realizó su curso de capacitación corría el 2005. Fue la primera promoción en el sur del país y hasta la fecha solo se programaron cuatro cursos.

Los efectivos se preparan por un periodo de tres meses. Cada prueba es eliminatoria; es decir, si no pueden escalar, utilizar las cuerdas o concluir una larga caminata, no podrán graduarse: serán separados inmediatamente. El último desafío es caminar cerca de 180 kilómetros en tres días, desde la playa de Mollendo hasta la base en Mariano Melgar. Lucio recuerda su experiencia y reconoce que la pampa de San José es lo más duro.

“Nosotros hallamos el camino por donde Cacya encontró a Olivier”, dice como consuelo uno de los efectivos. Su trabajo muchas veces no es comprendido.

Salvavidas de vocación en cada caminata cargan cerca de 10 kilos

Lucio Mendoza Mendoza lleva la vocación de salvar vidas en el alma. En verano se traslada a las playas para custodiar a los veraneantes desde su puesto como salvavidas y el resto del año lidera el Escuadrón de Rescate. En los años que lleva vistiendo el uniforme policial, recuerda que un día arrancó de las manos de la muerte a 18 personas en las playas de Ilo.

Con su experiencia sabe que un rescatista carga en su mochila un promedio de 8 a 10 kilos. Aunque existen reentrenamientos periódicos, cada efectivo es responsable de mantener su excelente estado físico.

En el sur solo existe un Escuadrón de Rescate, en Arequipa. En Cusco se formó un grupo hace poco, pero el resto de ciudades no cuenta con este personal especializado.

Eloy Cacya y “Los exterminadores”

Artículos publicados en Correo el 19 de Mayo del 2013

Rescate con poco equipo

Aquel viernes 10 de mayo, cuando Eloy Cacya viajó a Chapi para rescatar al joven Olivier Toledo Carlos, partió a las 4 de la madrugada solo con ropa liviana, algunas cuerdas, una bolsa de dormir, comida para dos días, su GPS y binoculares. Pero, al llegar a la zona del rescate del cuerpo, no necesitó nada, solo su habilidad para bajar las quebradas.

“Me hubiera gustado llegar antes y encontrarlo vivo, pero estuve en un curso de actualización de guía de montañas y vine apenas culminé mis clases, tal vez ahora otro sería el destino del muchacho, solo faltó un poco más de organización de la policía para hallar el cuerpo”, manifestó Cacya.

Eloy Cacya nunca la tuvo fácil, pero logró cumplir sus metas

Vida llena de obstáculos

Lamenta no haber podido ascender en la FAP por problemas burocráticos

Por Libertad Merma

Eloy Cacya, reconocido por encontrar los cuerpos de los jóvenes Ciro Castillo Rojo y Olivier Toledo Carlos, cuenta que ha logrado adquirir un conocimiento profesional en el rescate de víctimas y no solo como guía de montaña, gracias a sus estudios en el Ala Aérea N°3 desde los 18 años.

“El secreto para lograr los rescates es haber recibido capacitación en esta institución”, manifestó Cacya.

Obstáculos

Eloy narra que, al ingresar a la FAP, sus primeros sueños se hicieron realidad; cada curso fue desarrollado con gusto. Se preparó cuatro años en la institución desde 1986, alcanzando el grado de sargento primero; quiso ascender más, pero sus ganas de “seguir creciendo en la institución fueron truncadas por la burocracia y algunos problemas de entonces”, lamentó.

En el Ala Aérea N°3 aprendió diferentes especialidades: paracaidismo, supervivencia en la selva, en el mar, lectura de cartas, entre otras.

Al salir de la FAP, tuvo que trabajar en el extranjero en diferentes oficios.

Recién a los 27 años comenzó su carrera de guía de montaña, pero de manera empírica. En ese entonces era guardián en la Cruz del Cóndor, en el Colca, y ante la demanda de turistas, comenzó a guiarlos.

Después se profesionalizó, primero en un curso como acompañante local, luego viajó a Huaraz para formarse en el Centro de Estudios de Alta Montaña.

Sueño

Natural de Pinchollo (Caylloma), espera que lo apoyen para instruir a nuevos guías de montaña.

Pedido

Agregó que como guías de montaña necesitan un seguro médico, ante los riesgos que corren y los esfuerzos que realizan. Quiere que las promesas se conviertan en realidad.

Dato

Este 2 de junio, la promoción del Ala Aérea N°3, que integró Eloy Cacya, cumple Bodas de Plata. La ceremonia se realizará en Vitor. El guía de montaña cuenta que su grupo se denominó “Los exterminadores”.