La novela de Eva

Un trágico caso policial terminó (una vez más) acaparando la atención de más de 30 millones de peruanos. En esta nota, tres especialistas buscan explicar por qué los crímenes como el de Myriam Fefer (nos) despiertan tanto morbo.

Por Juana Avellaneda – Publicado en Somos el 20 de Octubre del 2012 

Si Truman Capote estuviera vivo, sería el primer interesado en convertir el macabro asesinato de la empresaria judía Myriam Fefer en material para su próximo best-seller. Y es que esta historia policiaca, tan misteriosa como dramática, prácticamente ha transformado a los integrantes de una adinerada familia en personajes sacados de la ficción. Basta revisar la lista. Por un lado tenemos a Eva Bracamonte, una guapa muchacha sentenciada a 30 años de cárcel por haber, supuestamente, contratado a un sicario colombiano para asesinar a su madre y así quedarse con una millonaria herencia. Pero según la ‘trama’, Eva no habría actuado sola. La policía inicialmente determinó que Eva recibió la ayuda de su entonces enamorada, Liliana Castro Manarelli, quien finalmente termina siendo absuelta. Del otro lado está Ariel, hermano menor de la acusada, quien lucha por lograr que los responsables cumplan su condena tras las rejas. Para algunos, no es más que un hijo ejemplar que lucha por la memoria de su mamá; para otros, su frío comportamiento lo vuelve sospechoso.

Lo único cierto es que tanto Eva como Ariel Bracamonte y Liliana Castro Manarelli no son personajes creados por la imaginación de algún guionista. Ellos existen y se han convertido en los favoritos de muchos desde el 15 de agosto del 2006, fecha en que se cometió el homicidio y que hasta hoy tiene presencia en los medios.

Espectáculo de la miseria

José Pablo Baraybar, director del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), nos abre la puerta de su casa para explicarnos por qué rayos casos como este despiertan tanto la atención de la gente. “La respuesta es muy simple. Existe una fascinación tremenda por la tragedia ajena. Puede sonar bastante perverso, voyeurista y cruel a la vez, pero es así. El prójimo se puede estar reventando de alguna manera en tu cara y tú estás lo suficientemente cerca para mirar el espectáculo, pero lo suficientemente lejos para que no te toque”, dice. Opina lo mismo Eduardo Adrianzén, guionista y director de teatro y TV, quien asegura que este tipo de crímenes terminan acentuando las pulsiones que tenemos todos para sentirnos mejores que el otro. “Ver la tragedia ajena te ayuda a reforzar el autoestima. Es el otro el loco, el malo, el enfermo, no tú. Porque tú eres pobre pero honrado y jamás contratarías a un sicario para matar a tu mamá”, indica.

Pero otro ingrediente, sin duda, termina de alimentar el morbo colectivo: los prejuicios. “La lectura de la gente en esta historia es ‘el dinero no lo compra todo’. Hay un rollo de clase, de raza, de no querer aceptar que sí somos un país dividido, racista y homofóbico. Tus odios y simpatías empiezan también a aparecer”, agrega Baraybar. Y es que si este asesinato se ha convertido en algo tan mediático, es porque se trata de una familia adinerada donde sus principales protagonistas son homosexuales. “Definitivamente, que un hijo sea gay y la otra lesbiana alimenta el circo. Hay una cosa medio novelesca de por medio. Es como LOS RICOS TAMBIÉN LLORAN. Pero el asunto puntual es que hay una joven que ha sido sentenciada por algo que no tiene pies ni cabeza. Entonces ¿la sentencia se ha dictado como una especie de justicia popular?”, se pregunta el antropólogo, quien hasta se ha interesado por revisar la evidencia científica del caso.

Marketing de la noticia

Pocos se acuerdan de Gerson Falla, quien murió producto de una golpiza por parte de tres policías en una comisaría. De José Canta Chiroque, quien falleció de tuberculosis terminal en el penal de Lurigancho el mismo día que lo indultaron. Pero sí todos hablan de Ciro Castillo, el padre coraje que durante meses buscó a su hijo perdido en el Colca. ¿Por qué algunos hechos sí llaman la atención y otros no? “Es interesante porque las personas involucradas rara vez se detienen a pensar en qué arquetipos manejan y por qué. Rosario Ponce, por ejemplo, es la villana porque tiene sexo con varios hombres, es madre soltera y se ríe en vez de llorar. Todo se ha telenovelizado”, señala Adrianzén.

¿Y cómo se puede explicar que Ariel Bracamonte, quien sufrió la pérdida repentina de su madre, termine bailando en EL GRAN SHOW, o que Ciro Castillo, luego de hallar a su hijo, ahora diga que está pensando en postular a la política? Muy simple. “Es lo mejor que pueden hacer”, señala Baraybar, debido a nuestra cultura del aprovechamiento, del ‘ahora es cuando’. “No es solo por una cuestión de fama, es tratar de reemplazar eso personal que te ha ocurrido, en este caso la muerte de un ser querido, en algo más grande, fuera de proporciones. Es un tema de narcisismo súper-fuerte”, señala.

Ariel Bracamonte declaró a los medios que decidió bailar en la TV para desligarse del crimen por el que todos lo conocen. “Yo he estudiado Periodismo y estar ligado a la noticia de la muerte de mi mamá no me ayudaba mucho. Quiero buscar una imagen distinta de lo que soy, es decir, un chico de 22 años que estudia, que sonríe y que la quiere pasar bien”, dijo. La psicoanalista Matilde Caplansky indica que este comportamiento cuestionado por muchos, se debe a su personalidad histriónica. “Él se siente gratificado al exhibirse. Lo que prima es ‘que se ocupen de mí, aunque sea de mala manera, y que no me olviden”, señala. La tribuna se la dan los medios, que los invitan a ‘decir su verdad’, que al final, según los especialistas consultados, es lo que menos le importa a la gente.

“Se demostró con pericias que Rosario Ponce no había empujado a Ciro Castillo y que este se resbaló. Sin embargo, la sociedad sigue pensando que ella lo mató”, agrega Caplansky. “La gente se niega a aceptar la realidad. Hace muchos años, cuando el empresario Luis Banchero Rossi apareció muerto, todos se negaban a creer que había sido asesinado por el hijo de su jardinero. Hasta se dijo que habían sido los rusos y que los culpables eran de una mafia siciliana”, precisa.

Eva Bracamonte ha pedido la nulidad del fallo que la condena. No sabemos cuál será el veredicto final. Pero muchos de los que han seguido el caso por los medios y lo han convertido en su comidilla diaria ya han dictado ‘sentencia’ y se aprestan a olvidarla. Como si hubiera acabado una novela.