Negra noche

Ya lo saben. El ministro del Interior, Wilfredo Pedraza, no tiene norte. Ni sur. Ni oeste. Tampoco este. Es así. Por donde se le mire, es un desbrujulado de tomo y lomo, o sea. O un desnortado, que también.

Por Pedro Salinas – Publicado en Hildebrandt en sus trece el 8 de Marzo del 2013

Va al Congreso y proclama con tan poca vergüenza lo bien que está haciéndolo, confundiendo realidad con sofismas. Hace un recuento de “acciones”, “logros”, “adquisiciones”, que salen de su boca como quien recita un poema. Pero claro. El caso es que no se trata de poesía, sino de demagogia. Porque en el Perú, qué quieren que les diga, en el Perú hasta George Bush calificaría de estadista. No sé si me explico. O si me dejo entender.

Lo que pasa es que aquí, y a ver si están de acuerdo conmigo, la fantochada y la chulería cada vez ganan más espacio. Y se nota más. Basta escuchar a los representantes del gobierno en los temas de seguridad ciudadana. O a sus escuderos en el Parlamento, defendiendo a sus compinches en el poder. Incapaces del menor sentido autocrítico, chillan que hay en marcha un “complot político contra la democracia”. Por dios.

Y como ahora está de moda esa cosa de las percepciones, pues a mí me ha quedado la sensación -después de escucharlo a Pedraza, y después de oír parlotear a los congresistas del nacionalismo-, que, la seguridad ciudadana está en manos de nadie. Y si me apuran, hasta diría que fuera de control.

Hablan de leyes, y las leyes no se aplican. O no solucionan nada. Hablan de patrulleros inteligentes, y lo paradójico es que, más que patrulleros, lo que nos falta son gobernantes juiciosos, intuitivos y despabilados. Hablan de políticas preventivas, pero en ningún caso explican cómo van a enfrentar el fondo del asunto, que es la corrupción en la policía, el poder judicial y los establecimientos penitenciarios. Hablan de gente capacitada y técnica que está asesorando al gobierno, y la verdad, al único que vemos empernado a su silla es al incombustible general Raúl Salazar, cuyo nombre suele vincularse a escándalos o a fracasos inocultables. Brujas de Cachiche. Kepashiato. La Parada. Notaría Paíno. Y así.

“A mí no me parece tan malo como lo pintan”, le dijo Pedraza a Mariella Balbi en El Comercio. Y eso lo pintó de cuerpo entero al propio ministro, pues era como decir que lo de Charles Manson en realidad fue un asunto de mala prensa. O algo parecido. Qué cosas.

Pero así estamos. Jodidos, para variar. Eso sí, pletóricos de artificios y la puntita nada más. Y como siempre: sin rumbo y camino hacia ninguna parte. Yo mismo, sin ir más lejos, luego de esta mala racha de pésimos gobiernos o gestiones mediocres que padecemos lustro tras lustro en el Perú, me ha dado últimamente por preguntarme si de verdad somos así de suicidas y tarambanas, que nos da por elegir cualquier cosa, ebrios de irresponsabilidad, o acaso hemos sido maldecidos por alguna infame divinidad que nos odia con odio jarocho. Y no encuentro la respuesta todavía, les confieso.

Si solo fuera lo de Raúl Salazar, todavía. Pero no. Lo de Salazar es solamente un síntoma. Y claro, si me preguntan, lo de Pedraza es apenas un mal chiste. En realidad el problema tiene nombre, y no solo eso: tiene nombre y apellido. Se llama Ollanta Humala. Y Humala, ya adivinarán. Anda por ahí, con su demagogia rústica y cuatroporcuatro. Pues ya está más que claro a estas alturas que, el mandatario no tiene ni puñetera idea sobre qué hacer para darle tranquilidad a las calles. Y es que ahí está el punto, digo. En que al presidente Humala no le avergüenza la incompetencia manifiesta y exasperante que le caracteriza. Por el contrario. Convive armónicamente con ella. Sin paltas. Como si fuese algo connatural y qué sé yo.

Bueno. Ya lo había dicho Virgilio, y en latín, pensando obviamente en el Perú (y en Humala, no faltaba más): Nox atra cava circumvolat umbra. La noche negra nos rodea con su envolvente sombra, es decir. Pues así nos va. Estamos siendo gobernados por un perdedor de éxito, cuya biografía, cuando sea volcada en Wikipedia, podría escribirse con quitamanchas.

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Delirios – Castillo de naipes

Comentario de Victorio Neves de Baers – Luego de 6 meses de sólo haber publicado la cabecera, publico la nota entera.

Es hora de que el padre de Ciro deje de echar sospechas paranoicas con ventilador.

Doctor Ciro Castillo Rojo Salas (62). Vuelve a las andadas derramando insinuaciones difamatorias y construyendo telarañas conspirativas hasta ahora sin ningún sustento.

Delirando, fabricando conspiraciones cada vez menos creíbles, alentado por la prensa chicha, el padre del infortunado estudiante Ciro Castillo Rojo sigue empeñado en escribir una novela plagada de agravios para quienes no se suman a sus teorías incriminatorias. Es hora de que alguien le diga ¡basta!.

La prensa chicha y la que, siéndolo, se pone el disfraz de “seria” lo utiliza y lo alienta. ¿Hasta cuándo?.

Por María del Carmen Yrigoyen- Publicado en “Hildebrandt en sus trece” el 24 de Agosto del 2012

Han pasado diez meses desde que encontraran el cadáver del estudiante Ciro Castillo Rojo García en el Colca. Hasta el momento la Segunda Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Arequipa, que investiga el caso, no ha encontrado ninguna prueba de un presunto homicidio. El informe forense final, emitido en marzo de este año, indicaba que el muchacho había sufrido un accidente.

La ausencia de lesiones en otras regiones del cuerpo, como tórax y piernas, descartan la hipótesis de precipitación o caída libre. Por lo tanto asume protagonismo un fenómeno de derrapamiento (desbarrancamiento) abrupto alrededor de solo cuatro metros de altura”, decía el informe.

figuraPero el papá de Ciro, el doctor Ciro Castillo Rojo Salas (62), no puede aceptarlo, menos aun permitir que se archive el caso. Tiene que haber un crimen, un asesino y un plan conspirador para encubrirlo. Y, para encontrarlo, no escatima en acusar a cuantas personas participaron en la búsqueda y rescate del cadáver de su hijo. Por ejemplo, el coronel en retiro PNP Luis Gárate Otero (63), fundador de la Unidad de Policía de Alta Montaña. De él dice que pertenece a una red de inteligencia convocada para encubrir a Rosario Ponce, su sospechosa favorita, porque anteriormente estuvo involucrado en el caso de una presunta desaparición forzosa -por el cual fue declarado inocente-. “Todas la teorías criminales tienen que barajarse. Yo no creo en las casualidades. Yo creo en las causalidades”, dice el doctorcito que ya parece arrancado de un cómic bizarro.

“El coronel Gárate, que funda la Unidad de Salvamento de Alta Montaña, rescata a Rosario, sabe que Ciro probablemente esté agónico y se regresa. Eran dos personas, ¿o es que el señor Gárate ya sabía que Ciro estaba muerto? ¿Porqué no lo sigue buscando?”, se pregunta cargado de falsos enigmas. ¿Y qué quería que hiciera con Rosario? ¿Que la dejara donde la encontró para empezar una búsqueda que tardaría, al final, meses en resultados?

El coronel Gárate Otero, no puede creerlo. Se retiró de la Policía en el 2008. El año pasado lo llamaron para que dé una opinión sobre la estrategia de búsqueda. “Recibí una llamada del general PNP Darío Hurtado para que lo acompañe y diera mi opinión. Yo, viejito, jubilado, fuera de operatividad, me fui feliz. No soy un improvisado. He participado en varios rescates, a veces de personas vivas, a veces de cadáveres. Por eso me llamaron”, dice. Enciende su computadora y muestra todas las fotos que tiene de cuando fundó las unidades de Salvamento de Alta Montaña en Huaraz, Arequipa y Cusco, y de algunos cursos que siguió siendo oficial. Gárate pertenecía a la especialidad de Policía de Turismo. “Yo no fui con mi mochila para escalar. Fui a asesorar. He ido sin pago, comprometido con la institución. Pero yo no tenía ninguna obligación, no soy funcionario público. Me pareció suficiente lo que hice”, agrega.

Para Ciro Castillo Rojo Salas, sin embargo, no lo fue. “¿Yo veo una persona que se está muriendo y no la rescato? Él es el fundador de la Unidad de Salvamento. ¿Su opinión estratégica acaso no era buscar a Ciro? Estábamos en un desconcierto total, yendo de arriba a abajo”, continúa. ¿Y cómo podría saber Gárate, que fue de buena fe, que “Ciro agonizaba”? El doctor Castillo cree que el dolor le da patente de corso para enlodar a quien quiera.

Según el coronel, al llegar a la zona vio que todos estaban bien organizados. “Lo único fue que vi a tres policías que no habían ido con los lentes adecuados y que, por el reflejo del sol, tenían quemaduras en el rostro y en los ojos. Le dije al general que habría que dejarlos descansar, oxigenarse, y traer a la Unidad de Alta Montaña del Cusco. ¿Por qué nadie habla de esos policías que pusieron un empeño más allá del cumplimiento normal del deber?”, añade. Para el señor Castillo Rojo, sin embargo, policías y representantes del Ministerio Público han sido incompetentes y por eso, hasta ahora, no se termina la investigación.

Mucha gente se unió a la búsqueda de Ciro. Además de las unidades de Alta Montaña, llegaron miembros de Bomberos Unidos Sin Frontera, guías y rescatistas locales, cincuenta soldados del Ejército, catorce sinchis de Mazamari y los famosos topos de México, que vinieron al Perú en junio. Aun así el cadáver de Ciro no se encontró hasta octubre. Según Ciro Castillo Rojo, la información fue muy manoseada para favorecer a la exenamorada de su hijo, Rosario Ponce. Ella, en cambio, en entrevista con este semanario, en la edición 80, contó que eran los rescatistas contratados por el señor Castillo quienes movían la evidencia. “Los propios rescatistas han dejado constancia de que entregaban todo lo que encontraban al doctor Ciro a cambio de dinero”, dijo.

El coronel Gárate tiene cuatro hijos. El menor tiene 9 años. “Yo me siento incómodo cuando voy a las actividades de su colegio”, dice. Algunos padres de familia le comentan que lo han visto, al pasar por algún quiosco, en la portada de algún diario chicha en el que lo sindican como sospechoso o recuerdan que le siguieron un juicio por desapariciones forzadas, del cual salió libre de polvo y paja. “Yo no participé en las labores de búsqueda. Me quedé en Madrigal. Ahí conocí al señor Ciro, me presenté y conversamos. Conocí también a la familia de Rosario. Dio la casualidad de que ese día encontraron a la bendita chica. Todos estaban felices y pensamos que en unas horas más aparecería su pareja”, dice bastante fastidiado. Al día siguiente Gárate se regresó a Lima en un Antonov. En ese avión venían también el general Darío Hurtado, de la Región Arequipa, Rosario Ponce, en una camilla, y algunos periodistas.

“Un día, leyendo el periódico, me enteré de que había sido citado por la fiscalía como testigo. Cuando fui me pidieron muestras de cabello para hacer unas pruebas. ¡Había pasado a ser sospechoso!”, dice indignado.

Ciro Castillo acepta que no tiene pruebas directas contra Rosario Ponce ni contra ninguno de los policías. Pero insiste en que hay que ver “todo en su conjunto”. “no es nada raro que, cuando rescatan a Rosario, ella pregunte quién ganó las elecciones. No sé qué hubiera pasado si ganaba el contrincante de Ollanta”, dice derrapando abiertamente. Son altos funcionarios los que, asegura, están metidos en esta “conspiración” en contra de su hijo a quien no hubiéramos conocido si no fuera por este lamentable suceso.

“Yo sé que puedo tener una opinión sesgada, ¿pero el periodismo y toda la gente que me apoya? Todas esas cosas que parecen una urdimbre medio fantasiosa no son cosas inventadas, se han ido descubriendo por los periodistas”, dice. ¿Se entusiasma fabricando conspiraciones? ¿No puede admitir que el destino asume a veces el modesto aspecto de un tropezón, una caída y una muerte casual?

Don Ciro piensa que “los periódicos” se han solidarizado con él y han hecho suyo su dolor. Lo cierto es que algunos diarios, más bien, han visto en esta historia a la gallinita de los huevos de oro. “Ojo” es uno de los que sigue vendiendo portadas con esta tragedia y “Trome” rellena sus páginas interiores. Este mes, por ejemplo, “Ojo” ha lanzado al señor Castillo para las elecciones del 2016. Su nota se basa en las vivas de algunos arequipeños entusiastas que ven en el padre del fallecido estudiante un posible presidente o congresista. El cadáver de un hijo y la obstinada leyenda en torno a su muerte bien pueden ser la catapulta a una de las desmedradas curules del Congreso.

Ninguna prueba que indique que su hijo sufrió un accidente será aceptada por el señor Castillo. Aun cuando el mismo socorrista Eloy Cacya Cárdenas, que divisó el cuerpo del estudiante, contara que el terreno de la zona era peligroso hasta para los más entrenados. “Las rocas se deslizaban y había la posibilidad de que se rompan las cuerdas”, dijo Cacya esa vez. Aunque el informe forense haya explicado cada una de las lesiones producto del resbalo. “No pueden apoyarse en lo que dice un biólogo forense. ¡No! Se debe tener una visión de conjunto”, vuelve a decir el terco padre.

“Como opciones también está que se lo pudieron haber llevado los extraterrestres. Pero no podemos caer astronautaen ese facilismo de decir que se resbaló y punto. Bueno, pudo haber sido hasta un accidente. Pero, ¿por qué no lo dicen?”, dice con cierto tono acre. Se refiere a Rosario. Quiere que ella “confiese” que vio cuando su enamorado caía y que prefirió guardar silencio. No acepta la posibilidad de que ellos realmente se hayan separado en algún momento y que fuera entonces cuando su hijo sufriera el accidente.

Este semanario entrevistó al señor Castillo Rojo antes de que hallaran el cuerpo de su hijo. En esa oportunidad él dijo: “Ciro es lo que yo hubiera querido ser en la vida y en él veía reflejado mi anhelo. Imagínese como me siento ahora que me han quitado lo que quería ser”. Es un giro trágico, perverso del azar. El señor Castillo no solo ha perdido un hijo. Ha perdido la oportunidad de ser mejor a través del hijo que una tarde y un desfiladero vertical le arrebataron. Pero es hora de que asuma ese duelo con un poco de cordura.

Hildebrandt: el abogado de Rosario debería ir preso al igual que la fiscal Lozada

Intelectual peruano también arremetió contra el padre de Ciro Castillo Rojo.

Publicado en Generaccion.com el 2 de Noviembre del 2012

El conocido periodista peruano, César Hildebrandt, se solidarizó con Rosario Ponce, expareja sentimental del desaparecido Ciro Castillo Rojo, tras conocer el próximo proceso penal que sostendrá por el mediático caso, recordándole a la fiscal Maria del Pilar Lozada que es un delito colocar a alguien tras las rejas sin pruebas.

“Acusar a una persona sin prueba alguna es un delito. La fiscal debería terminar en la cárcel y junto a ella el abogado de Rosario, quien en una conversación grabada afirma que no le cree a su defendida”, remarcó el exconductor del programa “En la boca del lobo”.

Asimismo, Hildebrandt Pérez-Treviño también tuvo palabras ácidas contra el padre de Ciro Castillo, dejando entrever que las expresiones de este obedecen a intereses políticos.

“El asesinato de un hijo es una buena hoja de vida para un loco con aires de grandeza”, indicó en la columna que escribe para el semanario “Hildebrandt en sus trece”.

Cuando la mala prensa se junta con un irresponsable

El insufrible padre del infortunado Ciro

Publicado en el blog “Tío Juan” “Historias de periodistas y de periódicos” el 26 de Agosto del 2012

Por Juan Gargurevich

Amigos: ¿ustedes no suscribirían este párrafo?:

“Delirando, fabricando conspiraciones, cada vez menos creíbles, alentado por la prensa chicha, el padre del infortunado estudiante Ciro Castillo Rojo sigue empeñado en escribir una novela plagada de agravios para quienes no se suman a sus teorías incriminatorias. Es hora de que alguien le diga algo”.

El texto es de la talentosa periodista María del Carmen Yrigoyen y pertenece al reportaje “Castillo de naipes” que publicó en la última edición del semanario “Hildebrandt en sus Trece”.

Y tanta razón tiene la colega que hoy mismo el diario “Ojo” proclama a todo lo ancho de su primera página la última (o penúltima) grosería del doctor Castillo: “Lo mataron y ocultaron”, insistiendo en su delirante teoría del asesinato de su hijo.

Aquí no se han respetado honras, informes, pericias, nada. Lo único que podría calmar el ansia mediática del doctor Castillo es que los jueces envíen a la cárcel a la igualmente infortunada Rosario Ponce que, por supuesto, ya tiene la vida deshecha.

Los diarios “Trome” (sostén del grupo “El Comercio”) y “Ojo” (del grupo “Correo”) son desde hace casi un año los especialistas en recoger las versiones del padre y lanzarlas con pasmosa irresponsabilidad, como por ejemplo “Ella sabe dónde está el cadáver”, “Asesina”, “Lo mataron en Madrigal” y un largo etcétera que no debe repetirse por mínima vergüenza ajena.

Podrían alegar los colegas de esos diarios que se han limitado a trasladar al público lo que afirma el médico. Pero una razón así convalidaría entonces la irresponsabilidad periodística. Repitan a terroristas, asesinos, total… los periodistas somos meros mensajeros.Esta posición es inaceptable. El periodismo debe ponderar la calidad de la afirmación y decir si la información es relevante, creíble, válida, útil y sobre todo si no mancha honras ajenas.

Antes de que hallaran el cuerpo de su hijo Ciro, el doctor Castillo hizo un mejor hallazgo: los medios, la TV, la prensa chicha, todos dispuestos a recoger lo que dijera, todo lo que sea útil para alimentar ese periodismo que ha convertido el drama en un show lamentable.

¿Qué sigue? La madre está enferma y, claro, por culpa de quienes mataron a Ciro, etc. Pobre doctor Castillo. Hasta que no haga su duelo personal, como bien dice Yrigoyen, su hijo no descansará en paz.

Semanario “Hildebrandt en sus trece” opina duramente contra el Dr. Ciro

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Castillo de naipes

“Es hora de que el padre de Ciro deje de echar sospechas paranoicas con ventilador.

Doctor Ciro Castillo Rojo Salas (62). Vuelve a las andadas derramando insinuaciones difamatorias y construyendo telarañas conspirativas hasta ahora sin ningún sustento.

Delirando, fabricando conspiraciones cada vez menos creíbles, alentado por la prensa chicha, el padre del infortunado estudiante Ciro Castillo Rojo sigue empeñado en escribir una novela plagada de agravios para quienes no se suman a sus teorías incriminatorias. Es hora de que alguien le diga ¡basta!”

Leer aquí el artículo completo.

 

La muerte de Rosario Ponce

Por César Hildebrandt
Publicado en el Semanario “Hildebrandt en sus trece” el 31 de Octubre del 2011

Buscando en Google, Rebeca Diaz, encontró algo sorprendente: si en la barra se escribe la frase “Rosario Ponce asesina”, aparecen 838.000 entradas; si se acude a la frase “Rosario Ponce culpable”, aparecen 428.000 posibilidades. Y para el código “Rosario Ponce ninfómana”, los posibles ingresos llegan a 4.930. Nada desdeñable. Se trata de toda una obra maestra del chisme porno, el asesinato simbólico, la cobardía del cargamontón.

Me quito el sombrero. En este país donde los juicios pueden durar años, el linchamiento de la chusma es de vértigo. Una por otra. Todo en este asunto fue novelescamente repulsivo. Una reportera de la tele, por ejemplo, “descubrió” que Rosario Ponce estuvo en un cuarto con televisión en la clínica privada donde debió internarse tras el regreso del Colca. “Aparentemente tranquila y con unos kilos demás, apareció Rosario Ponce en la gobernación de La Molina”, dijo la periodista de ATV al presentar un informe cargado de tarada malicia. Y luego la misma damisela le pregunta a los padres de la chica: “¿Tres meses se va de viaje su hija y deja al pequeño sólo con ustedes?” La insinuación es clara: mala madre, mala hija, mala amante: asesina en potencia. Es como hacer una sinfonía con una corchea. Es como hacer una mirada valiéndose de una legaña.

Aquel informe tenía música a todo volumen y terminaba con esta frase: “¿Qué otros enigmas y misterios existen?” La verdad es que el único enigma era saber si la presentadora tenía 75 y 79 de coeficiente intelectual.

Y el noticiero de ATV no fue el único. Un día, “Buenos días Perú” (que bien podría llamarse “ Buenas tardes Suiza”) puso el siguiente anzuelo pantalludo: “¿Mataron a Ciro?” El “informe” no tenía nada: ni pistas, ni revelaciones, ni entrevistas. Era un monumento virtual a la nada, a la huelga general del pensar. Una paisana del Colca solía decir: “Vinieron unos gringos y me pidieron un pico y una lampa” ¡Ajá! Un pico y una lampa es, en el dialecto de los reporteros con habilidades diferentes, un ideograma que se traduce como tumba. Y tumba era, en este caso, entierro por lo bajo. O sea: Te jodiste Rosario, nos vemos en la cana.

En “Enemigos públicos” salió un supuesto experto en expresión corporal al decir esta frase criminalmente textual: “No la estoy culpando, no la estoy defendiendo, pero que algo oculta, algo oculta”. Este experto había hecho de cuerpo ante las cámaras y parecía feliz. Todo vale con tal de salir en TV. La TV confirma la existencia, enriquece la hoja de vida, redime a los anónimos, apellida a la vida.

Fue Beto Ortiz el Truman Capote oral de las tinieblas. Fue él quien “consagró” la “teoría” de que se había hallado el DNI de Ciro en el poblado de Madrigal , bajo las cumbres del Colca. “Se tendría la certeza — dijo en resumen este héroe de la noche — que Ciro y Rosario volvieron al poblado de Madrigal y que de allí Ciro habría desaparecido”. La novela negra escrita en una noche por alguien que ha frecuentado la sordidez pero que no tiene derecho a producirla como espectáculo, sobre todo cuando la reputación de terceras personas está en juego.

Canal 2 no podía quedarse en el colchón y compitió enérgicamente. Uno de los rescatistas dijo en su pantalla: “Podría estar preocupada, por lo menos mostrar un poquito de dolor, angustia, molestia…”. Claro, la indiferente era Rosario. Canal 4 puso lo suyo. “Nadie puede decir cuánto calla Rosario Ponce”, dijo “Cuarto Poder” desde la investidura de su rating. Y ya no hablemos de la prensa chicha, ese puré de chamanismo informativo, supuración sintáctica y pequeñez de todos los propósitos. En el lado de la prensa de más de 50 céntimos, Perú 21 fue rotundo, como casi siempre: “¡Mentirosa!” Y ya está: veredicto que no se apela.

Y luego vino don Ricardo Uceda, el comandante en jefe de la investigación en el Perú. Él fue el autor de un varonil ensayo de la vida sexual extraviada y superlativa de Rosario Ponce. Uceda habló con amigos y enemigos de la universidad donde ella había estudiado para obtener una especie de retrato genital de la señorita en cuestión. La conclusión era que ella candidateaba a ninfómana, era una necesitada crónica y podía romper las camas donde podía yacer de puro gusto. Un Uceda disfrazado de William Masters hizo lo que pocas veces se había visto en la llamada prensa seria. Y así por el estilo.

El vampirismo de la prensa peruana encontró una de las yugulares más sabrosas. La vena canalla de la tele se ensaño como nunca.

El problema de Rosario Ponce, es que no lloraba, no estallaba en gritos, no cumplía las normas de la angustia. Hasta que este semanario incurrió en un exceso de sospechas al respecto.

Y también estuvo el asunto del padre de Ciro. Aquejado de un dolor tenaz, el doctor Castillo fingió haber sido un padre ejemplar y un marido impecable al que la fatalidad, disfrazada de precoz mujer fatal, había visitado. No era así: ahora se sabe que la desdicha de su hijo no interrumpió ninguna gran felicidad y que el hogar del doctor Castillo era tan disfuncional como el de la mayoría de la gente roída por el tiempo. Su matrimonio exhausto salió a la luz. Y ahora, convertido en líder del partido del sufrimiento, el doctor Castillo insiste en sus insinuaciones retorcidas.

He escuchado el linchamiento radial de Rosario Ponce, y he visto a la gente de Arequipa convertir el ataúd de Ciro en urna de votación, la muerte en programa de gobierno y la ignorancia en ejecutoria de un corte suprema de los milagros. Y me ha dado pena que el Perú siga siendo, en muchos aspectos, país de plebes fulminantes.

Ciro Castillo murió en una aventura montañera. Lo mató el azar, la arbitrariedad, el no-Dios de las alturas. Pero quien ha querido matar a Rosario Ponce, que cometió el pecado de no morirse al alimón, ha sido esta prensa nuestra que luego reclama por sus estatutos de privilegio. Al cuerno con ella.