Opinión de reporteros sobre la cobertura del caso Ciro

Recomendable a partir del minuto 13:50
 

Anuncios

María Mendoza y un recorrido por el periodismo peruano durante el siglo XX

LaPrensa.pe conversó con la periodista y autora de 100 años de periodismo en el Perú (Universidad de Lima, 2013), uno de los grandes éxitos editoriales de la reciente Feria Internacional del Libro.

Por José Miguel Silva – Publicado en La Prensa el  26 de agosto del 2013

Con casi dos décadas entregadas a la formación de periodistas en las aulas de la Universidad San Marcos y más recientemente en la Universidad de Lima, la periodista María Mendoza Michilot también se dio un tiempo para aportar con una publicación fundamental: 100 años de periodismo en el Perú (Universidad de Lima, 2013).

En dos tomos muy bien armados, Mendoza realiza una nutrida recolección de hechos, personajes y sobre todo de situaciones ocurridas dentro y fuera de las redacciones peruanas durante el siglo XX.

Como bien refiere la propia autora, su investigación puede ser leída no solo por periodistas, sino también por cualquier persona interesada en los sucesos que marcaron el devenir del periodismo, un apasionante oficio.

En los inicios del periodismo en el Perú ocurría algo que hoy no podría contemplarse como posibilidad: los medios tenían una función altruista, al servicio de los indígenas, de los más pobres…

Lo que ha hecho el periodismo es reflejar las realidades de sus contextos. En esos años, esos eran los temas no resueltos, eran temas de fondo. Sí creo que había una mayor preocupación, porque a través de la prensa se ventilaron esos asuntos porque no había otros canales de discusión. Ahora, si lo comparamos con la actualidad, evidentemente hay una suerte de despreocupación en algunos medios en discutir los grandes temas de fondo. Por eso las críticas de que divagamos entre lo espectacular y la espectacularización, pero los temas de fondo están ahí, existen y simplemente falta tocarlos.

Desde los inicios del periodismo, los medios de comunicación tomaron posición por algún candidato o por alguna opción política. ¿Por qué esto no pudo cambiar incluso a finales del siglo XX?

Al parecer, hay una suerte de cordón umbilical que une a la prensa con los políticos. Hay un autor que menciono en el libro que analiza la relación como “antagonistas complementarios”. Él dice que siempre la relación de la prensa con la política ha sido muy complementaria. Ambas partes se necesitan y, al mismo tiempo, miran hacia objetivos diferentes. Lo que yo he notado es que en la época que tú señalas el compromiso de los medios con la política era más abierto. El periódico no tenía ningún tapujo en decir que iba a apoyar a un candidato determinado. Era un compromiso evidente. Luego, a partir del 80 y del 90, los compromisos se camuflan, como que se ocultan y se convierten en tácitos.

A pesar de esto que usted dice, los periódicos cada vez se venden más y la gente los compra en el kiosco. ¿Por qué la gente no tiene una noción de objetividad y va y compra lo que le gusta?

La gente va y compra el periódico que cree que coincide con él. Las teorías de la comunicación nos han explicado eso, nos dicen que los medios de comunicación difícilmente cambian actitudes, lo que hacen es sobre todo confirmarlas y ratificarlas. Te encuentras con gente que lee un periódico que tú jamás leerías, pero esa persona se siente gratificada, probablemente porque ese diario le dice lo que quiere leer. Ahí vemos un usuario que no es pasivo, sino que sabe lo que le están dando.

Si bien su libro habla de la situación en Lima, ¿cómo era la prensa durante el siglo XX en provincias?

No estudié el fenómeno en provincias. Hay algunos recuadros (en mi libro) que registran algunas publicaciones representativas y emblemáticas de cada localidad. La impresión que tengo es que eran publicaciones muy localistas. Lo que tenemos ahora es un fenómeno diferente. Probablemente habría que ver los índices de lectoría de publicaciones de provincias y descubriríamos que hay varias que (siendo de la zona) son las más leídas. Por lo mismo que mencionamos hace un rato, la gente busca información que requiere y necesita.

También usted dedica varias páginas al diario La Prensa, un medio con una historia fascinante y que rompió esquemas. ¿Por qué desapareció?

Al parecer hubo varios factores, que fueron desde los más crematísticos (como el tema de la publicidad), hasta cuestiones que he recogido de otras fuentes, que van en torno a que La Prensa no se había preparado para la devolución. En tercer lugar, ya no estaba Pedro Beltrán. Cuando los periódicos fueron devueltos, sus dueños originales ya no estuvieron. No sé si eso fue elemento de peso, pero fue una pena. La Prensa tuvo una historia fascinante y es uno de los periódicos al cual le pasó de todo. Nació por la impronta de un grupo y en el camino, y eso lo digo en mi libro, fue el primer diario que tuvo que cambiar su línea editorial porque llegó otro dueño y así lo decidió.

Durante el gobierno de Leguía, La Prensa la pasó realmente mal…

La Prensa, que había sido oposición, se convirtió a la fuerza. Este periódico fue expropiado por Leguía y entonces le dijeron que ahora debía ser “leguiísta”. Más adelante, el diario supera esta etapa, regresa a sus propietarios e inicia un proceso diferente. Yo cito a Juan Gargurevich, quien hace un muy buen recuento de las etapas por las que pasó este periódico.

¿Qué le daba plus le daba a La Prensa que haya abogados en sus redacciones?

Al parecer esa es la impronta que le pone Beltrán. Dice Salazar Larraín en testimonio recogido que Beltrán pensaba que la gente que venía de derecho podía ser el recurso que necesitaba la información. ¿Por qué? Porque el abogado era el conocedor, el abogado era el que conocía una realidad y todas sus vertientes, no solamente del derecho. Pero esa idea de que en los periódicos hay muchos abogados es cierta. Los abogados han estado muy ligados históricamente al periodismo. Luego, Salazar Larraín dijo que cuando él entró las cosas cambiaron: ya no buscaban abogados, sino gente de letras. Hay un cambio en lo que había sido el capital humano de la prensa pero creo que el abogado era este personaje que tenía una perspectiva de las cosas macro. Ahora podríamos hablar de los sociólogos, antropólogos. Es un período en el que el periodismo no es el periodismo moderno. Los que hacían periodismo eran empíricos, no habían estudiado periodismo.

¿Hay algún momento en el que empieza este boom de las escuelas de periodismo?

La escuela más antigua es la Universidad San Marcos, pero eso no marca el desarrollo de la profesionalización del periodista. A partir de los 50, hay una mayor preocupación porque el periodista sea profesional, pero yo creo que van a pasar muchas décadas para que eso se cumpla. Estamos hablando de los años 60, 70, en donde hay una mayor preocupación por ello. Aunque yo creo que en la práctica, podíamos estar hablando de los 90 y en los centros laborales ya te están pidiendo ser graduado. Son pocos los periodistas que en la década del 80 salen de la escuela de la PUCP. Luego desaparece la escuela de la Católica de donde salieron muchos profesionales graduados. Lamentablemente desaparece esta escuela y luego vienen todas las universidades privadas.

¿Cuál cree que fue la época más negativa de la prensa en la historia del Perú?

Para mí, la más terrible fue la de Fujimori. En ese régimen se multiplicaron las cosas ocurridas durante el gobierno de Leguía. En el oncenio se expropió un periódico y al expropiarlo generó una corriente de temor para que nadie más alzara la voz. Es decir, promovió algo terrible: la autocensura. Leguía también generó una prensa palaciega, es decir “que se subió al carro”. Todo esto se multiplicó con Fujimori. Si bien los diarios no se expropiaron al comienzo, sí hubo un intento de expropiación en 1992, que felizmente fue parado por la protesta internacional. Años después hubo una “toma sin toma”, a través del dinero se compraron las líneas editoriales.

A través del dinero…

Así es. Y eso es peor. Hay un libro muy bueno de Pedro Planas que se llama La República autocrática y allí analiza el proceso de Leguía, pero todo lo que dice parece que estuviera describiendo a Fujimori. El símil que se hizo en los 90 fue ese. En retrospectiva, como dice Mirko Lauer, el fujimorato multiplicó lo de Leguía bajo otras herramientas como por ejemplo las nuevas tecnologías.

En una parte de su libro también se habla de lo ocurrido en Uchuraccay. Es triste y contradictorio quizás que en la propia prensa no haya una respuesta concreta y final de lo que ocurrió hace 30 años.

Encontré una decisión de la Comisión Internacional de Derechos Humanos en el sentido de atender los reclamos de las familias, porque son ellos quienes están mayormente inconformes con la versión brindada. A raíz de ese pedido de los familiares es que se pide cuentas al gobierno de García. Lo que él hizo fue reafirmar lo que en su momento se dijo (la versión oficial). Sin embargo, esto no ha cerrado el caso. La Comisión de la Verdad también se refiere a este caso y retoma muchas cosas que en el pasado no se creían. Creo que es un caso muy triste, podría decirse que sí es la tragedia más grande del periodismo en este siglo. Mira, en la década del 20 o 30, yo me quedé muy impresionada al ver que los periodistas no se defendían con la palabra, sino con revólveres. El tipo tenía un lapicero en un bolsillo y un arma en el otro. ¿Qué tipo de sociedad es esa? Ese es un punto de violencia muy dramático. Probablemente Uchuraccay pone otra vez en el tapete el tema de la violencia y el periodismo, en la que el periodista se convierte en víctima, por su tarea de informar.

Cuando uno se forma para periodista no lo hace con la idea de ser mártir…

Creo que esto ha sido una de las cosas más graves que han sucedido, que el periodista no sea un portador de noticias, sino “la noticia” en sí. Efectivamente, no nos formamos para ser mártires, por ende, en una sociedad que permite eso, algo no está marchando bien, o en el Estado, o en los factores sociales o quizás en la misma prensa.

Ya durante la época del terrorismo. ¿Cómo evitar que un medio no sea una espacio de propaganda de la violencia de Sendero y del MRTA?

La experiencia fue la que enseñó eso. El terrorismo fue un fenómeno que no logramos asimilarlo como tal. Apareció y en esta idea de que Lima es Lima y el resto del Perú no sé, como que todo lo que pasaba en provincias era extraño. Lo que hizo la prensa fue recurrir al expediente policial. Perros colgados en los postes, las caídas de torres de luz. No estuvimos preparados para recoger eso. Es cierto, estábamos ante un fenómeno nuevo, pero creo que no se supo atender a la urgencia que se presentaba. Recuerdo en el gobierno de Alan García una reunión en Palacio con los directores de los medios para hablar sobre esto. Me parece que fue Genaro Delgado Parker quien dijo “hemos decidido poner un hasta aquí”. Es decir, nos fuimos al otro extremo, el callar. Te cuento esto para decirte que hemos pasado de unas posiciones a otras sin evaluar mucho el “qué estamos contribuyendo”. Es reflexión no se dio.

¿Lo ocurrido con la prensa durante el gobierno de Velasco justifica la alerta constante que existe en defensa de la libertad de prensa?…

No es por Velasco mismo, sino por lo que significa la interrupción del Estado de derecho. Así como acá tuvimos a Velasco y luego a Morales Bermúdez, en esa época toda América Latina estaba envuelta en esos movimientos. Hoy el mundo ha cambiado, ya no se piensa en un golpe de Estado. La interrupción del Estado de derecho es una cosa impensada. Los militares tienen sus roles y la sociedad civil los suyos. Creo que el tema va más allá de Velasco y llega a una suerte de maduración de nuestras autoridades en torno a que nada justifica la interrupción del orden legal. Creo que el Perú ha madurado en este sentido. Un cúmulo de experiencias nos ha enseñado que la interrupción del Estado de derecho es nociva.

SOBRE EL LIBRO

¿Cuánto tiempo tomó y quiénes estuvieron detrás de esta publicación?

La investigación fue realizada durante varios años. Formó parte de un esfuerzo institucional de la Universidad de Lima liderado por Ricardo Bedoya. En realidad empezamos varios y la idea era esta, sacar la historia de los medios de comunicación. Del grupo, finalmente concluimos cuatro. Ricardo hizo la parte relacionada al cine. José Perla analizó la historia del derecho en la comunicación. Luego, Emilio Bustamante analizó la historia de la radio y bueno, yo fui la última en terminar la parte relacionada a los periódicos.

No es un libro dirigido únicamente a periodistas…

No, creo que no. La inclusión de contexto en algunos recuadros puede ser muy útil para analizar diferentes partes de nuestra historia en la vida nacional al amparo de la prensa. Como digo en la introducción, esta es la versión de una periodista. Yo no soy historiadora. Encontré en la revisión de los contextos una manera de explicar el quehacer de la prensa. Así como te he dicho que la prensa caminó muy de la mano con la política, también es imposible entender nuestro desarrollo sin los contextos. La prensa es a los contextos como los contextos son a la prensa. Es una relación indisoluble.

El servicio está por delante del negocio

María del Pilar Tello considera que si los medios de comunicación no quieren una regulación del Estado, deberían comenzar a autorregularse.

María del Pilar Tello tiene una mirada amplia sobre la realidad periodística. Sabe que los medios de comunicación se encuentran en una crisis económica que los debilita ante las presiones de los poderes económico y político; que falta una orientación sobre el manejo de la publicidad en la prensa por parte del Estado… Son muchas las preguntas que pueden hacérsele al respecto. He aquí algunas respuestas.

Por Marco Fernández – Publicado en La Primera el 11 de marzo del 2013

NI DIOSES NI DIABLOS NI FIERAS

Yehude Simon, congresista. “Es un libro no solo para políticos, periodistas o estudiantes de comunicación, sino especialmente para los lectores, el ciudadano común y corriente que tiene que defender sus derechos. Es un libro absolutamente crítico, que no perdona nada, pero que dice verdades, y nos está advirtiendo de que el periodismo tiene más poder que los políticos, por eso es que cuando mencionaba que no queremos a los diablos, tampoco queremos a los dioses y menos a las fieras”.

Alberto Adrianzén, parlamentario andino. “Se trata de un libro que dará mucho que hablar. Es un libro muy valiente, inteligente, polémico y bien escrito. Lo califico de mayor. Los medios no son una empresa cualquiera. No son una fábrica de zapatos o polos. Yo creo que los medios son actores políticos. La pregunta es ¿por qué los medios tienen más poder?

Francisco Miró Quesada Rada, director de El Comercio. “Si los medios tuvieran ese poder, Rockefeller hubiera sido presidente. La pregunta es cómo se ejerce el poder desde diversos lugares, desde el Estado, la sociedad y los medios. Ese es el tema central del libro”.

El servicio está por delante del negocio

Doctora en Ciencias Políticas por las universidades de San Marcos del Perú y Grenoble de Francia, ha sumado un libro a su biblioteca de autoría personal: “Dioses, diablos y fieras. Periodistas en el siglo XXI”, publicado por el Fondo Editorial del Congreso de la República. Anterior presidenta de Editora Perú, empresa que edita el diario El Peruano y gestiona la agencia de noticias Andina. Para ella, si los medios no quieren que el Estado los regule, deben empezar por una autorregulación; en la que una de las figuras claves para que ello se realice es la figura del defensor del lector.

-Cuando dice que actualmente hay libertad de expresión, ¿lo dice por este gobierno, por este año, por esta década?

-Lo digo por este gobierno y creo que en el anterior también la hubo, pero de todas maneras hay que relativizar, en el sentido de que esa libertad de expresión muchas veces está influenciada por fuerzas internas que no son aparentes, que no son visibles, y eso es una limitación que el usuario, el público, no puede percibir. Incluso se habla de la ‘esponsorización’ de los medios y es que cuando los medios están en crisis económica como están ahora, es posible que los publicistas que hacen una inversión fuerte en los medios, puedan influir en la línea editorial.

-¿Ha conocido algún caso en específico?

-Bueno, de interferencia lo hemos tenido en el Fujimorismo, que más que interferencia fue una compra de líneas editoriales evidente.

-Usted habla del defensor del lector.

-Del lector, en la prensa escrita, y de la audiencia, en radio y televisión.

-¿Por qué cree que es menos factible de ser comprada la línea editorial de la prensa escrita que la de la televisión?

-No, no creo que sea menos factible. Yo creo que cuando hay dinero y voluntad de tener un medio, las compras se hacen de la manera más fácil. Estamos en un mercado.

-Dice en su libro que hay más interés por la TV que por los medios impresos.

-Bueno, porque la televisión tiene mayor llegada. Pero a pesar de que existen medios más rápidos, su poder es fugaz. Yo creo que la prensa escrita tiene menos impacto, pero sí una mayor permanencia.

-Habla del caso del grupo Eco, de que tiene un buen Código de Ética, pero no es aplicable, porque no existe…

-No digo que no es aplicable. Digo que no hay quién vele por su aplicación. Pienso que todos los medios o grupos de medios deberían tener un código de ética. Pero cuando no tienen el mecanismo del defensor del lector o de la audiencia que lo haga valer, entonces queda en letra muerta.

-¿Usted cree que un defensor del lector hubiera podido, en la anterior campaña presidencial, hacer que el medio no se muestre tan pro Keiko Fujimori?

-Podría haber sido en la medida en que el defensor del lector es una bisagra entre el lector y el medio. No se debe al medio, se debe al lector. Si hubiera habido una presión suficiente con quejas o reclamos, tal vez no hubiera sido tan visible el apoyo de los grandes medios a una persona.

-Pero ni siquiera Mario Vargas Llosa pudo revertir eso.

-Bueno, él era un defensor de la democracia, no un defensor del lector. Porque el defensor del lector trabaja sobre la base de un código de ética y funciona para evitar que los reclamos de los lectores llegue a la vía judicial. El defensor lo que hace es procesar los reclamos al interior del medio. Por ejemplo, el diario El País tiene un excelente defensor del lector, que dura un tiempo, pero que se va turnando, y tiene una columna en la que informa a los lectores cómo se va evolucionando. Por ejemplo, el defensor del lector hizo una excelente columna cuando se produjo el error de El País sobre la foto presunta de Hugo Chávez. Él sacó un artículo que titulaba “Tremendo error”. En nuestro ambiente periodístico esto no existe.

-¿Existe en Latinoamérica?

-Existe en Bolivia, en México, en Colombia, pero en nuestro medio no se ha tomado con seriedad la autorregulación, porque el defensor del lector forma parte de la autorregulación.

-¿Quién le paga al defensor del lector?

-Le paga el medio, pero es independiente, es decir, no se debe al medio; no está obligado a obedecer consignas u orientaciones del medio. Es un funcionario notable de reconocimiento social que está obligado a procesar las quejas y su lealtad es más con los usuarios que con el medio.

-Cree que en un país que ha pasado por un proceso de corrupción tan grande, ¿eso es factible?

-Creo que todos los medios tienen problemas de autofinanciación y en la medida en que los tengan pueden tener problemas de independencia, no solamente respecto del gobierno de turno, sino también de los poderes económico y político. Es difícil. Pero para esto está la institucionalidad, para que obligue al medio a la autorregulación, porque si no quiere una regulación del Estado, se debe autorregular. Si hay tanto temor que el Estado pueda regular, mellando libertades, es el propio medio o grupo el que debe asumir esa necesidad de autorregularse, porque en el sistema neoliberal está claro, y bien lo dice Stiglitz, que las empresas deben tener una regulación, porque si no, caen en excesos. Las empresas mediáticas no dejan de ser empresas y tienen, además, el servicio a su cargo, que es el deber de informar. Entonces, con mayor razón, esta regulación debe venir, y si no del Estado, de las propias empresas.

-Usted dice que los medios estatales no debieran ser caja de resonancia del gobierno de turno. ¿Pudo cambiar usted eso en Editora Perú?, ¿lo intentó?

-Los medios de propiedad estatal deben convertirse en públicos, de manera que el gobierno comparta la gestión con los representantes de la sociedad a fin de que el interés general se vea reflejado en el medio. El modelo de medio público es la BBC de Londres o los de otros países europeos. En los cuatro años que estuve en Editora Perú, designada por el gobierno al igual que los directores, no recibimos ni orientaciones ni presiones. Aunque algunos aspectos se consultaban, la información en general era libre y sin sesgos. Las páginas de opinión de El Peruano publicaban artículos de todas las tendencias políticas como podría usted comprobarlo. Andina (agencia de noticias estatal y en internet) llegó a su mayor influencia como banco de información de segundo piso cuando en el 2006 la abrimos y la hicimos gratuita.

-¿Qué opina de que el Estado publique más en periódicos chicha que en periódicos serios?

-Yo creo que falta una orientación del uso de la prensa por el Estado. Incluso creo que sus propios medios debieran tener una orientación pública y no gobiernista.

-¿Puede mencionar usted a algunos dioses, diablos y fieras del periodismo peruano? ¿Usted en qué categoría se ubicaría?

– Buscar nombres de dioses, diablos o fieras es inútil, todos actuamos según el desafío que nos pongan por delante. El ser humano es todo eso y más. Como dice Manuel Castells, podemos ser ángeles o demonios de acuerdo a las circunstancias. Nuestras elecciones de conducta dependen de cada caso, aunque deberíamos asumir como norte el rescate de los valores y la ética para el periodismo poniendo por delante el servicio de información sobre el negocio de las empresas mediáticas.

-Una última pregunta. ¿Cuál es el personaje político más interesante que ha conocido?

-Mira, aquí se mezclan los afectos con la admiración. Para mí, un gran personaje político, que lamentablemente se fue a destiempo, fue Gustavo Mohme Llona, un hombre que utilizó la tribuna periodística para la lucha democrática y que tenía bien en claro los valores del periodismo.

El Tribunal de la Tele: Medios de Comunicación y Política Criminal

Por Oscar Sumar – Publicado en Gestión el 12 de Febrero del 2013

Tal como señala Sara Sun Beale, profesora de Duke University, en un estudio en el cual basaré este comentario (“The News Media’s Influence on Criminal Justice Policy: How Market-Driven News Promotes Punitiveness”), la prensa tiene una relación ambigua con el incremento de las penas. Por un lado, pueden fiscalizar casos de personas que han sido condenadas de manera injusta o pueden poner énfasis en la utilización de medios -como el polígrafo- para resolver más certeramente los casos. Por otro lado, sin embargo, la prensa puede influir en una percepción “sentimental” de los delitos, propiciando un incremento de las sanciones penales. La prensa puede hacer eso a través de tres mecanismos: (i) enmarcando las historias; (ii) infundiendo miedo; y (iii) remarcando estereotipos.

Así, Sun señala que “Los medios “enmarcan” historias cuando ellos “seleccionan algunos aspectos de la realidad percibida y los hacen más vistosos en el contexto comunicativo, de una manera que propone una definición dada del problema, interpretación causal, juicio moral, y recomendación de qué hacer al respecto”. Enmarcar es significativo porque activa algunas ideas, sentimientos y valores más que otros y, así, alienta ciertas líneas de pensamientos y lleva a la audiencia a arribar a ciertas conclusiones”. Los estudios académicos que correlacionan enmarcación con un incremento de las penas o probabilidades de ser sancionado se han enfocado en dos aspectos centrales: enmarcación anecdótica y el uso de guiones”.

quepaseLa “enmarcación anecdótica” significa hacer una noticia de un caso aislado (“x fue asaltado”), mientras que una noticia es “temática” o “no-anecdótica” cuando se refiere a un grupo de hechos o la causa de un fenómenos social (i.e. “Presidente Regional de La Libertad afirma que ola de violencia es una “exageración periodística””). Tal como señala Sun “La enmarcación anecdótica alienta a los televidentes a culpar de los problemas a los individuos señalados, mientras que la temática disuade la culpa entre una más amplia base social o política. En el contexto del crimen, la enmarcación anecdótica puede llevar a un incremento del apoyo a políticas punitivas, dado que los individuos que atribuyen el crimen a las características de los individuos se ha encontrado que apoyan más medidas punitivas que aquellos que atribuyen el problema a factores sociales”.

Mi amigo penalista Ricardo Elías ha destacado varios ejemplos de la reacción del Congreso ante noticias de casos que -aunque mostrados aisladamente- tuvieron un amplio impacto mediático. Así, tenemos el triste caso de Walter Oyarce. Refiere Elías que “Tres días después del deplorable asesinato del hincha aliancista Walter Oyarce en el Estadio Monumental, el Congresista Daniel Abugattas ha declarado que se presentará un proyecto de ley para sancionar con ocho años de cárcel la violencia en los espectáculos deportivos”. De similar manera, “El 4 de agosto de 2011, inescrupulosos asaltantes atentaron contra la familia del Congresista Renzo Reggiardo provocando que una de sus menores hijas quedara gravemente herida. Después de una ola de información periodística y de la indignación popular, el 9 de agosto el Congresista Amado Romero Rodríguez presentó el Proyecto de Ley No. 00015/2011 por el cual se pretende eliminar los beneficios penitenciarios para los delitos cometidos contra los menores de edad y el delito de robo agravado”. Elías nos da otros ejemplos en su interesante artículo. De manera general, menciona que “(…) en exactamente dos meses de labor parlamentaria, de los 228 proyectos de ley presentados, 40 inciden en materia penal”.

En relación a los “guiones”, estos son una secuencia coherente de hechos o datos esperados por el individuo. Estas secuencias nos ayudan a entender mejor la información. Piense en una telenovela. celular_ojoComienza con una muchacha abandonada a su suerte, luego encuentra un trabajo en la casa de su príncipe azul, quien la descubre…etc., etc. Hasta aquí, nada nuevo. Lo llamativo es que investigaciones han demostrado que las personas podemos “llenar” con nuestra imaginación los vacíos de un guión, cuando se nos presenta una nueva historia con un “hueco”. Esto sería inofensivo en el caso de una novela, pero qué pasa si la historia es un crimen real. Como reseña Sun, luego de ser sometidos a guiones, “(…) más del 60% de los sujetos que vieron un programa televisivo que no incluía un perpetrador del crimen, falsamente recordaron haber visto uno, y el 70% recordó que el perpetrador -no visto- era Afroamericano” (¡!).

En relación al segundo punto, los medios suelen destacar las noticias más sangrientas o escabrosas. Esto genera miedo en la audiencia, la cual estará -entonces- más propensa a aceptar soluciones más drásticas, habitualmente incrementando las sanciones. El eterno debate por la pena de muerte para las violaciones es un buen ejemplo. Pese a que las normas internaciones nos impiden adoptar esta medida, ha sido propuesta incontables veces en los últimos años. Esto también ayudaría a explicar por qué existen algunas penas que parecen desproporcionadas. Por ejemplo, en Perú, si un secuestrado es herido gravemente o muerto, el secuestrador recibe cadena perpetua (art. 152 CP); pero si alguien invade con una banda y armas de fuego una propiedad, solo recibe una pena de entre 2 a 6 años (art. 204 CP).

El tercer punto tiene que ver con la tipificación social o racial. El estudio de Sun reseña la discrepancia entre la cobertura mediática de los delitos cometidos por jóvenes y los delitos que realmente cometieron. Así, mientras solo el 9% de los delitos habían sido cometidos por jóvenes en EE.UU., el público aseguró -en una encuesta- que eran responsables del 43% (¿alguien dijo “Gringasho”?). Algo similar ocurre con relación a la raza, habiendo una desproporción entre el número de víctimas de raza negra, la cobertura mediática y la percepción pública. De igual manera, las minorías aparecen más frecuentemente -y desproporcionadamente- en los medios como sospechosas de crímenes.

¿Qué resultados arrojaría un análisis similar al de Sun acerca de la prensa peruana y su relación con la política criminal?